“exorcismo” que practicó futura Ministra de la Mujer es “tortura y violencia espiritual” – Al servicio de la verdad

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“exorcismo” que practicó futura Ministra de la Mujer es “tortura y violencia espiritual” – Al servicio de la verdad

La pastora evangélica Pamela Robles Gómez es hija de pastores pentecostales y además es psicóloga clínica. Frente al “exorcismo” que habría practicado a una joven, Judith Marín, la recién designada Ministra de la Mujer por Kast, la religiosa fue categórica: lo considera un acto de tortura y “violencia espiritual”

En una entrevista con el espacio de streaming “Turno”, fue consultada por el testimonio de una mujer evangélica que contó a Revista “Bravas” en 2021, en que narró detalles sobre un “exorcismo” que le habría realizado Marín junto a su esposo. Según el relato, padecía una enfermedad psiquiátrica, pero para Marín y su esposo se trataba de “demonios” que habría dejado entrar por su comportamiento sexual. La presionaron a confesar “pecados” como haber tenido relaciones antes del matrimonio y alguna vez haber sentido atracción por otra mujer. Luego, comenzaron a mecerle la cabeza y lanzar “gritos apabullantes” para sacar los “demonios”.

Al respecto, la pastora Pamela Robles fue categórica: “Desde las interpretaciones desde las que me ubico para leer la fe, catalogo esta acción como violencia espiritual, precisamente porque esta acción se engloba en lo que se considera Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género (ECOSIG), de una persona, también mal llamadas terapias de conversión”.

Detalló que, “cuando le hacen confesar sus pecados a la mujer, según su testimonio, precisamente uno de ellos es la fornicación, que es el acto sexual antes del matrimonio, pero también el deseo sexual por una mujer”.

Se refiere al concepto de “violencia espiritual” a “toda acción en la que, en nombre de Dios y usando el moralismo religioso, se ataca la dignidad de una persona o de grupos”, señaló.

Señaló que se trata de una práctica común. Comentó: “Soy psicóloga clínica, mis raíces son evangélicas y desde allí comencé en este trabajo precisamente por encontrarme con los testimonios y las experiencias de mujeres  y disidencias sexuales y de género que han vivido en sus comunidades de fe este tipo de prácticas. Es muy común hasta hoy. Prácticas que las consideramos tortura, que se disfrazan de retiros espirituales, encuentros, de liberaciones de demonios, tal como esto que sucedió con la futura Ministra y su esposo con una mujer”.

“Pero, sectores de la iglesia evangélica oponemos a esto y decimos de frente que esto es violencia, esto no debiera ocurrir”, enfatizó.

Con el telón de fondo de las imputaciones de “canutofobia” con las que se ha pretendido caracterizar los cuestionamientos a Marín, puntualizó: “Es un error hacer una generalización del mundo evangélico chileno, porque es muy heterogéneo. Nadie puede adjudicarse la representación del mundo evangélico, precisamente porque existen evangélicos que, por ejemplo, simpatizamos con las ideas de izquierda y mujeres evangélicas, como yo, que nos oponemos a la violencia contra las mujeres, como también existen evangélicos de derecha y ultraderecha, como Judith”.

“Cuando se lee un texto sagrado, se hace desde algún lugar, y las iglesias evangélicas lo han hecho desde distintos prismas. La mayoría de las iglesias hoy en nuestro país lo leen desde una visión más conservadora, que hace una lectura super literalista del texto bíblico. Es decir, lo leen y comprenden lo que ahí dice en forma textual, sin considerar el contexto en que fue escrito, la hermenéutica y otras herramientas teológicas que hoy usamos las iglesias más progresistas para leer y acercarnos al texto bíblico”. Añade: “El lugar desde donde lo hace Judith Marín, por ejemplo, es desde un lugar más conservador” o “ultraconservador”.

Un ejemplo es el pastor Javier Soto, que acostumbra a vociferar en el espacio público contra todo lo que sea progresista. “Utiliza el nombre de Dios y se considera un representante de la voz de Dios y se la apodera, en circunstancias de que hay muchas lecturas de los textos sagrados. Entonces, ¿quién podría apoderarse de la voz de Dios?”.

Señaló que la influencia de la derecha y la ultraderecha en las iglesias evangélicas es fruto de un proceso histórico que se remonta hasta la dictadura, cuando Pinochet estableció una alianza con estas instituciones eclesiales en procura de una legitimidad religiosa, cuando la Iglesia Católica se posiciona en la defensa de los derechos humanos. Más tarde, señala, la derecha liderada por Sebastián Piñera da continuidad a esa convergencia en el campo de la política, lo que es continuado por José Antonio Kast y Johannes Kaiser. Todo ello se reforzó, indicó, con la influencia de iglesias evangélicas de Estados Unidos que introducen en Chile “la cultura de la pureza sexual”.

La doctrina de la “pureza sexual” ingresó a Chile en los 80 y 90, con lo cual “se saca el foco de valores como la solidaridad, el bien común, la vida plena y en abundancia, el cuidado del prójimo, que eran los valores del Evangelio desde sus inicios. Se saca el foco desde allí y se traslada a los valores de la pureza sexual. Se promueven que la santidad de Dios se alcanza a través de la pureza sexual y que eso es lo primordial”.

Todo ello rompe con la tradición más progresista que hasta entonces habían mantenido las iglesias evangélicas, que eran espacios de hechura popular, sentenció.

Respecto de la eventual labor que Judith Marín desempeñará en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, señaló: “Evidentemente me preocupa lo que va a hacer en el Ministerio. No podría decir que irá en forma directa a derrocar leyes y avances, no puedo asegurarlo, pero sí ella es una mujer evangélica de ultraderecha, que ha propugnado las ideas de la agenda de la ultraderecha. Claro, es evangélica, pero quiero ubicarla desde su rol político. En este anclaje que hace de sus ideas políticas con la lectura que hace de los textos bíblicos obviamente va a encontrar validación desde los discursos religiosos”.

Enfatizó que Judith Marín “asume la cartera desde los valores que defiende, que son valores de derecha y ultraderecha”, que tienen relación con lo que en el mundo cristiano evangélico se ha estado promoviendo: “Es decir, la castidad sexual, la pureza sexual, el matrimonio heterosexual, la familia tradicional como el proyecto ideal de Dios. Esos son los valores que se sostienen como primordiales, a propósito de la entrada de la cultura de la pureza sexual”.

Sobre el divorcio que se ha producido entre la mayoría de las iglesias evangélicas con la izquierda, reflexionó que “la izquierda ha pecado, porque subestima al pueblo evangélico. Como mujer evangélica y de izquierda, he visto en mi recorrido que los espacios de izquierda nos subestiman, nos rechazan o nos discriminan”, porque “no han logrado visualizar lo importante que es acercarse a estos espacios y el poder que pueden ir tomando en el mundo político”.

Santiago, 24 de enero de 2026.

Crónica Digital.

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