{"id":12227,"date":"2026-03-26T20:55:17","date_gmt":"2026-03-26T20:55:17","guid":{"rendered":"https:\/\/noticieroaustral.com\/?p=12227"},"modified":"2026-03-26T20:55:17","modified_gmt":"2026-03-26T20:55:17","slug":"una-critica-materialista-al-analisis-geopolitico-y-sus-reflejos-locales-cronica-digital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticieroaustral.com\/?p=12227","title":{"rendered":"Una cr\u00edtica materialista al an\u00e1lisis geopol\u00edtico y sus reflejos locales \u2013 Cr\u00f3nica Digital"},"content":{"rendered":"


\n<\/p>\n

\n
\"\"
El hecho de que la agresi\u00f3n se haya ordenado minutos antes de que se reuniera en Florida, en una recepci\u00f3n al presidente de China, Xi Jinping, demuestra el car\u00e1cter de la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos y de Trump. Mientras \u00e9ste alzaba su copa para brindar por su hu\u00e9sped oriental, ca\u00edan los misiles sobre un pa\u00eds soberano del Medio Oriente.<\/figcaption><\/figure>\n

Por Jos\u00e9 Campusano Alarc\u00f3n<\/p>\n

En di\u00e1logo con Daniel Jadue (Observatorio de la Crisis, 22 de enero 2026),
Guillermo Pickering (El Mostrador, 20 mar. 2026) y el debate en curso<\/p>\n

1. Tres voces, un debate inconcluso<\/b><\/p>\n

El debate abierto por Daniel Jadue el 22 de enero de 2026, sobre el derecho internacional y la l\u00f3gica imperial, plante\u00f3 una pregunta que sigue sin respuesta plena: \u00bfdesde d\u00f3nde se critica el orden global capitalista y qu\u00e9 tipo de cr\u00edtica es estrat\u00e9gicamente \u00fatil?<\/p>\n

Este debate no enfrenta simplemente posiciones divergentes, sino niveles distintos de an\u00e1lisis de una misma realidad. La cr\u00edtica jur\u00eddica del orden internacional, la advertencia hist\u00f3ricocivilizacional sobre los l\u00edmites del poder y el an\u00e1lisis de las condiciones materiales de reproducci\u00f3n del sistema no son perspectivas excluyentes, sino dimensiones que operan simult\u00e1neamente. La cuesti\u00f3n decisiva no es elegir entre ellas, sino comprender c\u00f3mo se articulan, qu\u00e9 explica cada una y qu\u00e9 queda fuera cuando se las absolutiza.<\/p>\n

La distinci\u00f3n entre una cr\u00edtica que opera en el plano de la geopol\u00edtica y una que desciende al territorio de las relaciones de clase no es un tecnicismo te\u00f3rico; define cu\u00e1les son los sujetos del cambio, cu\u00e1les son las alianzas posibles y cu\u00e1les los errores a evitar.<\/p>\n

El art\u00edculo de Guillermo Pickering en El Mostrador<\/i> del 20 de marzo de 2026 extiende ese debate hacia un \u00e1ngulo distinto y valioso: el de la memoria hist\u00f3rica como advertencia estrat\u00e9gica. Pickering \u2014abogado, pol\u00edtico dem\u00f3crata cristiano, exsubsecretario del Interior durante el gobierno de Eduardo Frei RuizTagle, e hijo del general constitucionalista Guillermo Pickering V\u00e1squez, uno de los oficiales que se neg\u00f3 a participar en el golpe de 1973 y renunci\u00f3 al Ej\u00e9rcito antes del 11 de septiembre\u2014 trae al debate algo que la izquierda a veces subestima: la capacidad de la memoria civilizacional para desgastar proyectos de dominaci\u00f3n que se creen invencibles.<\/p>\n

Su advertencia sobre Carras, sobre la profundidad hist\u00f3rica de Ir\u00e1n y sobre la soberbia imperial tiene un peso pol\u00edtico real, y viene de una trayectoria que merece reconocimiento expl\u00edcito: no es frecuente que desde el centro pol\u00edtico chileno, con esa genealog\u00eda familiar y esa inserci\u00f3n institucional, se escriba con esta claridad sobre los l\u00edmites del poder imperial.<\/p>\n

Sin embargo, el debate no puede detenerse ah\u00ed. La pregunta que el art\u00edculo de Jadue dej\u00f3 abierta es precisamente la que la advertencia de Pickering no termina de responder: \u00bfqu\u00e9 hace que los poderosos no aprendan de Carras? \u00bfEs ignorancia, soberbia, o hay algo estructural que los empuja hacia esos errores independientemente de su nivel de ilustraci\u00f3n?<\/p>\n

Planteada en estos t\u00e9rminos, la pregunta obliga a articular los distintos niveles del problema: el jur\u00eddico, el hist\u00f3rico y el material. El an\u00e1lisis concreto de las condiciones materiales cambia completamente el diagn\u00f3stico y, con \u00e9l, las posibilidades de acci\u00f3n.<\/p>\n

Para desarrollarla sugiero utilizar cuatro movimientos: primero, situar la guerra contra Ir\u00e1n y el conflicto en Ucrania no como errores de c\u00e1lculo sino como expresiones de tendencias estructurales del capital en crisis; segundo, un di\u00e1logo constructivo con el art\u00edculo de Pickering que reconoce sus aportes reales y se\u00f1ala los l\u00edmites internos de su propio marco de an\u00e1lisis; tercero, aplicar el mismo an\u00e1lisis al gobierno de Kast en Chile; y cuarto, plantear la pregunta sobre el sujeto hist\u00f3rico que tanto el an\u00e1lisis geopol\u00edtico como el humanista dejan sin respuesta.<\/p>\n

2. La guerra como tendencia estructural: por qu\u00e9 los poderosos no aprenden de Carras<\/b><\/p>\n

La pregunta que Pickering deja impl\u00edcita \u2014\u00bfpor qu\u00e9 los imperios repiten el error de Craso?\u2014 tiene dos tipos de respuesta posibles. La primera es cultural e individualista: los poderosos no leen la historia, o la leen mal, o sucumben a la soberbia. La segunda, que es la que la dial\u00e9ctica materialista ofrece, es estructural: las clases dominantes no pueden simplemente \u00aboptar\u00bb por no cometer estos errores porque sus propias condiciones de reproducci\u00f3n \u2014la presi\u00f3n de los accionistas, la competencia entre potencias, la l\u00f3gica del complejo militarindustrial\u2014 configuran un campo de posibilidades que tiende a privilegiar ciertas salidas por sobre otras, incluso cuando la historia ya ha mostrado sus consecuencias.<\/p>\n

Pero aqu\u00ed es necesario un matiz: no se trata de un actor \u00fanico y coherente. Dentro del bloque dominante estadounidense conviven fracciones con intereses a veces contradictorios: el capital financiero de la costa este, m\u00e1s ligado al multilateralismo y a la estabilidad del d\u00f3lar; el complejo militarindustrial, con su propia inercia presupuestaria; y el capital tecnol\u00f3gico de la costa oeste, cuya relaci\u00f3n con el Estado es m\u00e1s ambivalente. Que la pol\u00edtica exterior de EE.UU. oscile entre el belicismo trumpista y un retorno ret\u00f3rico al \u201corden basado en reglas\u201d no expresa una estrategia maestra, sino la puja interna entre estas fracciones. El \u201cerror de Craso\u201d no es solo imperial, es tambi\u00e9n intestino. Los poderosos no aprenden porque dentro de su propio campo nadie tiene la capacidad de imponer una estrategia coherente de largo plazo.<\/p>\n

Planteadas as\u00ed, ambas respuestas no se excluyen, sino que operan en niveles distintos del mismo problema: la dimensi\u00f3n cultural describe c\u00f3mo se perciben las decisiones, mientras la dimensi\u00f3n estructural explica por qu\u00e9 tienden a repetirse. Trump y Netanyahu no son estadistas ignorantes de Plutarco; son ejecutores funcionales de una l\u00f3gica que los excede. Y esa misma l\u00f3gica, con sus especificidades, opera tambi\u00e9n en Mosc\u00fa y en Pek\u00edn.<\/p>\n

Sobreacumulaci\u00f3n y los l\u00edmites de la financiarizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n

La tasa de ganancia del sector corporativo no financiero de EE.UU. cay\u00f3 un 27% entre 1945 y 2021, con un m\u00ednimo hist\u00f3rico en 2020, seg\u00fan los c\u00e1lculos de Michael Roberts basados en la base de datos de Basu y Wasner. La deuda p\u00fablica de EE.UU. alcanz\u00f3 el 121% del PIB en 2024, con dos degradaciones soberanas \u2014Standard & Poor\u2019s en 2011, Fitch en 2023\u2014 que se\u00f1alan los l\u00edmites estructurales de la financiarizaci\u00f3n como salida a la crisis de valorizaci\u00f3n.<\/p>\n

Estos indicadores no determinan mec\u00e1nicamente la guerra, pero configuran un entorno de restricciones en el que ciertas opciones \u2014expansi\u00f3n externa, presi\u00f3n sobre recursos estrat\u00e9gicos, proyecci\u00f3n militar\u2014 se vuelven recurrentes.<\/p>\n

La ecuaci\u00f3n del petrod\u00f3lar y el nodo iran\u00ed<\/b><\/p>\n

El sistema financiero global sigue denominado en d\u00f3lares en parte porque el comercio del petr\u00f3leo del Golfo se realiza en esa moneda. Ir\u00e1n, con capacidad para cerrar el estrecho de Ormuz \u2014por donde transita alrededor del 20% del petr\u00f3leo mundial\u2014 y con acuerdos de desdolarizaci\u00f3n progresiva con China, representa el nodo que puede desacoplar esa cadena.<\/p>\n

Aqu\u00ed la dimensi\u00f3n geopol\u00edtica \u2014control territorial y militar\u2014 y la dimensi\u00f3n econ\u00f3mica \u2014moneda, energ\u00eda, acumulaci\u00f3n\u2014 se superponen sin reducirse una a la otra.<\/p>\n

La amenaza no es solo militar: es monetaria y estructural para el modo de acumulaci\u00f3n dominante. Una primera semana de operaciones contra Ir\u00e1n le cost\u00f3 a EE.UU. m\u00e1s de 11.000 millones de d\u00f3lares, con una tasa de consumo de municiones que el propio Pent\u00e1gono reconoci\u00f3 como insostenible. Aqu\u00ed est\u00e1 la actualizaci\u00f3n precisa del error de Craso: no es la soberbia del estadista sino la contradicci\u00f3n entre riqueza financiera y capacidad productiva real.<\/p>\n

Ucrania: guerra geopol\u00edtica y sus dos niveles anal\u00edticos<\/b><\/p>\n

El conflicto en Ucrania es el caso que permite aplicar con mayor claridad la distinci\u00f3n central de este debate, donde entender la coherencia interna de la l\u00f3gica de un actor no equivale a legitimarlo como proyecto emancipador.<\/p>\n

En el nivel clausewitziano \u2014el del mapa geopol\u00edtico\u2014 la guerra tiene una coherencia interna que el an\u00e1lisis honesto no puede ignorar. Ese nivel no es ilusorio ni secundario. Describe relaciones efectivas de poder entre Estados y configura el campo en que se despliegan las decisiones.<\/p>\n

La denominada Operaci\u00f3n Militar Especial rusa de febrero de 2022, responde a una l\u00f3gica de seguridad existencial frente a la expansi\u00f3n de la OTAN hacia sus fronteras, un proceso que Rusia advirti\u00f3 durante d\u00e9cadas sin respuesta diplom\u00e1tica. El plan de paz de 28 puntos filtrado por la administraci\u00f3n Trump \u2014que inclu\u00eda el reconocimiento de facto del control ruso sobre los territorios ocupados y la renuncia ucraniana a ingresar a la OTAN\u2014 confirma la lectura clausewitziana, en cuanto \u201cla guerra como continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios<\/b>\u201d, donde las realidades creadas en el campo de batalla determinan los t\u00e9rminos que la diplomacia debe consagrar.<\/p>\n

El bloque que desaf\u00eda la hegemon\u00eda anglosajona \u2014Rusia apoyada por drones y misiles iran\u00edes, municiones norcoreanas y la cobertura econ\u00f3mica china para evadir sanciones\u2014 se ha consolidado materialmente, no solo ret\u00f3ricamente.<\/p>\n

Pero quedarse en ese nivel es exactamente la confusi\u00f3n del mapa con el territorio que venimos se\u00f1alando.<\/p>\n

En el nivel materialista \u2014el del territorio de las clases\u2014 el cuadro es radicalmente distinto. El pueblo ucraniano, con m\u00e1s de 100.000 militares muertos, cerca de seis millones de desplazados y una deuda p\u00fablica que creci\u00f3 un 60% entre 2022 y 2024 hasta alcanzar los 160.000 millones de d\u00f3lares, paga con su sangre y su futuro una guerra geopol\u00edtica que no decidi\u00f3. La ayuda financiera de la Uni\u00f3n Europea \u2014que pas\u00f3 de 5.000 a 43.000 millones, casi en su totalidad en forma de pr\u00e9stamos\u2014 otorga a Bruselas un poder de presi\u00f3n sobre Kiev que no tiene nada de solidario. Es la forma contempor\u00e1nea del pacto colonial que Fanon describ\u00eda, donde la \u00abliberaci\u00f3n\u00bb financia una nueva dependencia.<\/p>\n

Y del otro lado, la burgues\u00eda rusa tampoco representa ninguna alternativa para los trabajadores ucranianos ni para los propios trabajadores rusos, a quienes el r\u00e9gimen de Putin moviliza bajo una narrativa civilizatoria que no expresa las propias contradicciones de clase internas.<\/p>\n

Lo decisivo no es optar entre estos niveles, sino comprender su articulaci\u00f3n. La econom\u00eda pol\u00edtica define las condiciones de posibilidad, la geopol\u00edtica organiza su expresi\u00f3n estrat\u00e9gica y las formaciones hist\u00f3ricas y culturales condicionan su legitimidad y sus l\u00edmites.<\/p>\n

Aplicando la tesis central de este debate, donde el bloque rusochino debilita el unipolarismo estadounidense creando fracturas objetivas en la cadena imperialista, y esas fracturas pueden abrir m\u00e1rgenes de maniobra para los pueblos. Pero no producen por s\u00ed mismas ning\u00fan horizonte emancipador.<\/p>\n

3. Di\u00e1logo con Pickering: lo que su cr\u00edtica aporta y lo que su marco no puede ver<\/b><\/p>\n

Lo que el art\u00edculo aporta y por qu\u00e9 importa<\/b><\/p>\n

El m\u00e9rito del art\u00edculo de Pickering no es solo acad\u00e9mico. Viene de alguien cuya trayectoria personal atraviesa algunas de las fracturas m\u00e1s profundas de la historia chilena reciente. Hijo de un general que eligi\u00f3 la Constituci\u00f3n sobre el golpe, pol\u00edtico de centro que transit\u00f3 las instituciones de la Concertaci\u00f3n, analista que hoy escribe con claridad sobre la soberbia imperial desde una tribuna de alcance amplio.<\/p>\n

Esa voz tiene un valor pol\u00edtico espec\u00edfico, llegando a audiencias que la izquierda no alcanza, y lo hace con argumentos que no pueden ser descartados como \u00abideol\u00f3gicos\u00bb por quienes rechazan el marxismo.<\/p>\n

Sus tres aportes sustantivos son s\u00f3lidos. Primero<\/b>, la dimensi\u00f3n civilizacional como factor de resistencia. Ir\u00e1n no es un Estado fallido; su continuidad hist\u00f3rica como formaci\u00f3n pol\u00edtica le otorga un umbral de sufrimiento y una capacidad de reconstrucci\u00f3n que los planificadores del Pent\u00e1gono sistem\u00e1ticamente subestiman. Segundo<\/b>, la ruptura del equilibrio pol\u00edtico interno, donde una derrota en Oriente Medio puede fracturar la fr\u00e1gil cohesi\u00f3n de la \u00e9lite estadounidense, exactamente como la muerte de Craso descompuso el triunvirato romano. Tercero<\/b>, la advertencia \u00e9tica y estrat\u00e9gica sobre la prepotencia: su cr\u00edtica al lenguaje de \u00abdoblar civilizaciones complejas\u00bb es necesaria en un momento de belicismo creciente, y tiene m\u00e1s fuerza pol\u00edtica viniendo de donde viene.<\/p>\n

Los l\u00edmites del enfoque<\/b><\/p>\n

El primer l\u00edmite<\/b> de este enfoque no reside en la irrelevancia de sus advertencias, sino en el nivel en que se sit\u00faan. La memoria hist\u00f3rica, la densidad civilizacional y la experiencia acumulada de los pueblos no son factores secundarios ni meramente culturales. Estas constituyen formas concretas de resistencia y condicionan la legitimidad del poder. En este sentido, la perspectiva de Pickering debe ser incorporada como una dimensi\u00f3n necesaria del an\u00e1lisis.<\/p>\n

Sin embargo, hay una pregunta que el art\u00edculo plantea impl\u00edcitamente y no puede responder desde su propio marco: si la lecci\u00f3n de Carras es tan clara, \u00bfpor qu\u00e9 los poderosos no la aprenden? Pickering sugiere que es por soberbia o ignorancia de la historia. Esta respuesta es comprensible pero insuficiente. Implica que el problema se resuelve con m\u00e1s sabidur\u00eda o con mejores consejeros, cuando en realidad la l\u00f3gica que empuja hacia la guerra tiene determinaciones m\u00e1s profundas. Dicho de otro modo, la historia explica los l\u00edmites del poder, pero no por s\u00ed sola las condiciones que lo empujan a reproducirse.<\/p>\n

El segundo l\u00edmite<\/b> es la ausencia de clases sociales dentro de cada bloque. Al hablar de \u00abcivilizaciones\u00bb, \u00abpueblos\u00bb e \u00abimperios\u00bb como unidades homog\u00e9neas, el art\u00edculo produce una cartograf\u00eda que tiende a oscurecer la principal l\u00ednea de fractura del sistema. El r\u00e9gimen iran\u00ed no es \u00abla civilizaci\u00f3n persa\u00bb. Es un Estado con contradicciones internas que ha enfrentado levantamientos populares en distintos momentos recientes. Esto no invalida la existencia de una identidad hist\u00f3rica o cultural, pero obliga a distinguir entre formas de legitimaci\u00f3n y estructuras de poder.<\/p>\n

El tercer l\u00edmite<\/b>, que Daniel Jadue ya hab\u00eda se\u00f1alado en otro plano, es el silencio relativo sobre la econom\u00eda pol\u00edtica del conflicto: el petrod\u00f3lar, el estrecho de Ormuz, los acuerdos de desdolarizaci\u00f3n. Sin esos elementos, la guerra aparece como un error cultural cuando en realidad involucra disputas por condiciones materiales de reproducci\u00f3n del sistema.<\/p>\n

Aqu\u00ed se vuelve visible la necesidad de articular niveles: el derecho internacional organiza, la historia constituye el terreno en que el orden se vuelve aceptable o es impugnado, seg\u00fan c\u00f3mo se articulen memoria, identidad y experiencia social, pero es la econom\u00eda pol\u00edtica la que define las condiciones estructurales en que ambos operan.<\/p>\n

Esta omisi\u00f3n no invalida los aportes del art\u00edculo; fija sus l\u00edmites.<\/p>\n

Una cr\u00edtica humanista al imperialismo, una cr\u00edtica jur\u00eddica y una cr\u00edtica materialista no son contradictorias. \u00c9stas operan en planos distintos de una misma realidad. Su articulaci\u00f3n \u2014y no su sustituci\u00f3n\u2014 es lo que permite comprender por qu\u00e9 el poder persiste, por qu\u00e9 encuentra resistencias y por qu\u00e9, a pesar de ambas cosas, tiende a reproducirse.<\/p>\n

4. Chile: la misma l\u00f3gica en condiciones hist\u00f3ricas espec\u00edficas<\/b><\/p>\n

El caso chileno no es una excepci\u00f3n a estas din\u00e1micas, sino su expresi\u00f3n en condiciones hist\u00f3ricas espec\u00edficas.<\/p>\n

El modelo neoliberal chileno \u2014instaurado bajo la dictadura de Pinochet y administrado durante d\u00e9cadas por la Concertaci\u00f3n y sus sucesores\u2014 logr\u00f3 una estabilidad macroecon\u00f3mica que fue le\u00edda durante mucho tiempo como \u00e9xito. Pero esa estabilidad se construy\u00f3 sobre una base de desigualdad estructural, endeudamiento masivo de los hogares y una profunda fragmentaci\u00f3n del tejido social.<\/p>\n

En este punto, las dimensiones jur\u00eddica, hist\u00f3rica y material vuelven a entrelazarse: el orden institucional organiza esa estabilidad, la narrativa de \u00e9xito la legitima, y las condiciones materiales de vida la sostienen y, al mismo tiempo, la tensionan.<\/p>\n

El pinochetismo como laboratorio y su legado estructural<\/b><\/p>\n

Le\u00eddo desde el marco que venimos proponiendo, este proceso no es solo una secuencia hist\u00f3rica, sino la articulaci\u00f3n concreta entre forma institucional, legitimaci\u00f3n hist\u00f3rica y condiciones materiales de reproducci\u00f3n del modelo.<\/p>\n

La dictadura c\u00edvicomilitar chilena (19731990) fue el primer laboratorio global del neoliberalismo, que aplic\u00f3 sistem\u00e1ticamente las pol\u00edticas de la Escuela de Chicago, intento, con ciertos grados de \u00e9xito, liquidar el movimiento popular, entregando adem\u00e1s los recursos naturales al capital extranjero. Su \u00ab\u00e9xito\u00bb inicial fue ilusorio porque se sostuvo sobre represi\u00f3n masiva y deuda externa. La crisis de 1982 mostr\u00f3 la fragilidad del modelo; las movilizaciones de los ochenta demostraron que su derrota no fue solo \u00e9tica sino estructural, donde el proyecto econ\u00f3mico no pod\u00eda sostenerse sin represi\u00f3n permanente.<\/p>\n

La transici\u00f3n pactada mantuvo la arquitectura neoliberal bajo fachada democr\u00e1tica. Ese fue el verdadero triunfo de largo plazo, imponiendo un modelo que sobrevivi\u00f3 al gobierno que lo instaur\u00f3. Y fue exactamente ese modelo el que entr\u00f3 en crisis aguda en octubre de 2019, cuando las contradicciones acumuladas \u2014desigualdad, endeudamiento, privatizaci\u00f3n de derechos\u2014 explotaron en una rebeli\u00f3n que la clase pol\u00edtica no pudo procesar plenamente. Ese l\u00edmite no es solo pol\u00edtico, \u00e9ste expresa la incapacidad de las formas institucionales heredadas para resolver contradicciones que tienen su origen en la estructura misma del modelo.<\/p>\n

El estallido social de octubre de 2019 no fue un accidente ni una anomal\u00eda, sino la expresi\u00f3n de esas tensiones acumuladas. La consigna \u00abno son 30 pesos, son 30 a\u00f1os\u00bb sintetiz\u00f3 de forma precisa esa dimensi\u00f3n estructural.<\/p>\n

Sin embargo, el ciclo que se abri\u00f3 con el estallido encontr\u00f3 r\u00e1pidamente sus propios l\u00edmites. La canalizaci\u00f3n institucional del conflicto \u2014el proceso constituyente\u2014 oper\u00f3 como un mecanismo de contenci\u00f3n que tradujo demandas sociales heterog\u00e9neas en un lenguaje jur\u00eddicopol\u00edtico que no pod\u00eda absorber completamente su contenido. Aqu\u00ed se hace visible nuevamente la diferencia entre niveles: la forma institucional puede procesar el conflicto, pero no necesariamente resolver las condiciones materiales que lo originan.<\/p>\n

El gobierno de Gabriel Boric represent\u00f3 una tentativa de gesti\u00f3n de esa crisis desde sectores que emergieron del propio ciclo de movilizaci\u00f3n. Su programa inicial conten\u00eda elementos de transformaci\u00f3n relevantes, pero su posici\u00f3n estructural \u2014en un contexto de correlaci\u00f3n de fuerzas adversa y dependencia de equilibrios institucionales\u2014 lo empuj\u00f3 hacia una l\u00f3gica de administraci\u00f3n m\u00e1s que de transformaci\u00f3n.<\/p>\n

No se trata aqu\u00ed de condenar o absolver, sino de mostrar c\u00f3mo las restricciones estructurales operan a trav\u00e9s de opciones pol\u00edticas que no son ni completamente libres ni puramente mec\u00e1nicas. La apuesta por el \u201csegundo piso\u201d de la reforma tributaria o por la mediaci\u00f3n legislativa de las demandas sociales no fue un simple error de c\u00e1lculo: fue la forma que adopt\u00f3 la adaptaci\u00f3n a una correlaci\u00f3n de fuerzas desfavorable. Pero esa adaptaci\u00f3n, a su vez, desmoviliz\u00f3 a los sectores que hab\u00edan hecho posible el ciclo previo. El resultado no fue una derrota inevitable, sino una derrota mediada por decisiones que hoy debemos evaluar cr\u00edticamente.<\/p>\n

El resultado fue una creciente brecha entre expectativas sociales y capacidad efectiva de respuesta, que abri\u00f3 el espacio para una recomposici\u00f3n conservadora.<\/p>\n

La emergencia de la figura de Jos\u00e9 Antonio Kast debe leerse en este contexto. No como un fen\u00f3meno aislado o puramente ideol\u00f3gico, sino como una respuesta pol\u00edtica a una crisis de gobernabilidad que no encontr\u00f3 resoluci\u00f3n en el ciclo anterior. Esta recomposici\u00f3n no implica un retorno simple al pasado. \u00c9sta se produce bajo condiciones distintas, marcadas tanto por las transformaciones internas del pa\u00eds como por las tensiones del orden internacional.<\/p>\n

El \u00e9nfasis en seguridad, orden y control responde a demandas reales de sectores de la poblaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n cumple una funci\u00f3n de rearticulaci\u00f3n del poder en un contexto de fragilidad estructural.<\/p>\n

Como en los niveles analizados anteriormente, lo decisivo no es optar entre una lectura institucional, hist\u00f3rica o material del proceso chileno, sino comprender su articulaci\u00f3n: el Estado organiza, la historia reciente configura expectativas y legitimidades, y las condiciones materiales delimitan tanto las posibilidades de cambio como las formas que adopta la reacci\u00f3n.<\/p>\n

5. El sujeto hist\u00f3rico: condiciones y no abstracciones<\/b><\/p>\n

Estas fracturas geopol\u00edticas \u2014la competencia entre potencias\u2014 no permanecen en el cielo de la geopol\u00edtica; se materializan en el territorio chileno en forma de presi\u00f3n sobre el cobre y el litio y otros recursos naturales, condicionamientos de deuda externa, reconfiguraci\u00f3n de flujos migratorios y militarizaci\u00f3n de fronteras. Es en el terreno de esos conflictos concretos \u2014no en el de las alianzas entre Estados\u2014 donde el sujeto hist\u00f3rico puede o no constituirse. Por eso, la pregunta por las condiciones materiales de la recomposici\u00f3n de clase no es un a\u00f1adido te\u00f3rico, sino la clave para saber si las fracturas globales se traducir\u00e1n en una nueva fase de dominaci\u00f3n o en una oportunidad para los pueblos.<\/p>\n

Tanto el an\u00e1lisis geopol\u00edtico de Jadue como la cr\u00edtica humanista de Pickering, al menos en los textos referenciados, comparten un l\u00edmite sim\u00e9trico, los cuales ninguno vislumbra un papel activo para los movimientos populares. En el primero, los pueblos son objetos del choque entre bloques. En el segundo, son v\u00edctimas de la soberbia de estadistas que no leen la historia. En ambos casos, el \u00fanico agente de cambio posible es la conciencia ilustrada de sectores de \u00e9lites.<\/p>\n

Este l\u00edmite no es casual, respondiendo al nivel en que cada enfoque se sit\u00faa \u2014geopol\u00edtico en un caso, hist\u00f3ricocultural en el otro\u2014 y a lo que ese nivel permite ver y, al mismo tiempo, deja necesariamente fuera.<\/p>\n

La pregunta que el materialismo hist\u00f3rico obliga a plantear es distinta. Qu\u00e9 condiciones concretas hacen posible que el polo del trabajo \u2014fragmentado, precarizado, subordinado a algoritmos, dividido entre trabajadores formales, riders, migrantes indocumentados y emprendedores por necesidad\u2014 se constituya en sujeto pol\u00edtico capaz de intervenir las fracturas que la crisis abre? Esta pregunta no tiene respuesta abstracta. Depende de las mediaciones organizativas, culturales y pol\u00edticas capaces de transformar esa heterogeneidad objetiva en una fuerza colectiva consciente.<\/p>\n

En el Chile de 2026, esa pregunta no puede responderse invocando simplemente \u201clos movimientos populares\u201d de 2019. La recomposici\u00f3n del sujeto de clase se juega hoy en conflictos concretos que muchas veces no alcanzan los titulares. Mientras el gobierno de Kast implementa su plan de ajuste \u2014retiro de decretos ambientales, militarizaci\u00f3n de fronteras, ajuste fiscal de 6.000 millones de d\u00f3lares\u2014, la primera l\u00ednea de resistencia aparece en lugares menos visibles: en las paralizaciones de faenas mineras por subcontratistas que enfrentan la misma l\u00f3gica de precarizaci\u00f3n que los trabajadores de plataformas digitales; en las asambleas territoriales que rearman ollas comunes en poblaciones donde el Estado deja vac\u00edos; en los conflictos por agua, tierra y vivienda que expresan la expropiaci\u00f3n de bienes comunes. Es en esa heterogeneidad concreta \u2014no en la invocaci\u00f3n abstracta de identidades heredadas\u2014 donde se juega la posibilidad de una recomposici\u00f3n de clase.<\/p>\n

Planteada en estos t\u00e9rminos, la cuesti\u00f3n del sujeto no puede resolverse ni en el plano de la geopol\u00edtica ni en el de la apelaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino en el de la articulaci\u00f3n concreta entre condiciones materiales, formas de organizaci\u00f3n y marcos de sentido compartidos.<\/p>\n

En el caso chileno, la recomposici\u00f3n del sujeto de clase<\/b> no puede partir de identidades heredadas ni de la invocaci\u00f3n abstracta de \u00ablos movimientos populares\u00bb. Debe partir de los conflictos materiales compartidos que atraviesan la diversidad de la clase trabajadora contempor\u00e1nea, d\u00f3nde la precarizaci\u00f3n generalizada, el endeudamiento como forma de disciplinamiento social, la expropiaci\u00f3n de los bienes comunes, la privatizaci\u00f3n de derechos que el estallido de 2019 se hicieron visibles. Es en esos conflictos concretos \u2014no solo en la geopol\u00edtica de los bloques ni solo en la ret\u00f3rica antiimperialista\u2014 donde se juegan las condiciones de posibilidad de una nueva subjetividad hist\u00f3rica.<\/p>\n

Aqu\u00ed vuelve a hacerse visible esa articulaci\u00f3n entre niveles: las fracturas del orden global abren m\u00e1rgenes, pero es en el terreno material donde esos m\u00e1rgenes pueden o no convertirse en capacidad efectiva de acci\u00f3n.<\/p>\n

En el caso de Ucrania e Ir\u00e1n, la misma l\u00f3gica aplica. Las fracturas geopol\u00edticas crean m\u00e1rgenes de maniobra, pero solo se convierten en oportunidades hist\u00f3ricas cuando existe poder social organizado capaz de disputar, en cada territorio, el control de la producci\u00f3n y la reproducci\u00f3n de la vida. Sin esa mediaci\u00f3n, toda disputa entre potencias tiende a resolverse como una reorganizaci\u00f3n de la dominaci\u00f3n, no como su superaci\u00f3n.<\/p>\n

6. El mapa no es el territorio, pero el territorio necesita mapa y br\u00fajula organizativa<\/strong><\/p>\n

A modo de conclusi\u00f3n, este ensayo constituye un ejercicio de hermen\u00e9utica materialista<\/b>. Hemos puesto en di\u00e1logo tres niveles de an\u00e1lisis \u2014el jur\u00eddico-geopol\u00edtico de Jadue, el hist\u00f3rico-civilizacional de Pickering y el de la lucha de clases\u2014 no para elegir uno sobre los otros, sino para articularlos y revelar tanto sus aportes como sus l\u00edmites internos. Ninguno de los tres es falso; cada uno opera en un plano distinto de una misma realidad. El problema surge cuando cualquiera de ellos se absolutiza y se confunde con la totalidad.<\/span><\/p>\n

La geopol\u00edtica ofrece el mapa. Describe las relaciones de poder entre Estados, las fracturas en la hegemon\u00eda anglosajona y las coherencias clausewitzianas de actores como Rusia o Ir\u00e1n. La memoria hist\u00f3rica y civilizacional aporta profundidad y advertencia: recuerda que los imperios pueden destruir ej\u00e9rcitos y derribar reg\u00edmenes, pero rara vez borran pueblos con densidad cultural acumulada. Ambos son indispensables. Sin embargo, solos tienden a dejar fuera el territorio real: el terreno donde se reproducen las relaciones de clase, donde se configuran las condiciones materiales de existencia y donde, en \u00faltima instancia, se decide si las crisis abren caminos de dominaci\u00f3n renovada o de emancipaci\u00f3n.<\/p>\n

El verdadero \u201ccraso error\u201d \u2014el que ni la cr\u00edtica geopol\u00edtica ni la humanista terminan de disipar\u2014 es doble: creer que la l\u00f3gica imperial puede perpetuarse indefinidamente cuando sus bases materiales la contradicen, y creer sim\u00e9tricamente que esas contradicciones producen autom\u00e1ticamente su superaci\u00f3n. La historia de Carras, Vietnam, Afganist\u00e1n, Ucrania y el octubre chileno de 2019 ense\u00f1a lo mismo: los pueblos no son piezas en el tablero interestatal, pero tampoco son fuerzas espont\u00e1neas que se activan por s\u00ed solas.<\/p>\n

En Chile de 2026<\/b>, bajo el gobierno de Kast<\/b>, esta articulaci\u00f3n adquiere urgencia concreta. Las fracturas globales (presi\u00f3n sobre el cobre y el litio, condicionamientos de deuda, militarizaci\u00f3n de fronteras) se traducen en ajustes fiscales, retiro de protecciones ambientales y profundizaci\u00f3n de la precarizaci\u00f3n. Esas mismas fracturas pueden abrir m\u00e1rgenes, pero solo se convierten en oportunidad hist\u00f3rica si existe un polo del trabajo capaz de intervenirlas sin ser instrumentalizado por ninguno de los bloques en pugna.<\/p>\n

La tarea estrat\u00e9gica, por tanto, no consiste en elegir entre mapa o territorio, sino en construir la br\u00fajula organizativa que permita orientarse en ambos. Identificar los conflictos materiales compartidos \u2014en las faenas mineras subcontratadas, en las asambleas territoriales que reconstruyen redes de supervivencia, en las luchas por el agua, la vivienda y los bienes comunes\u2014 y tejer mediaciones pol\u00edticas y culturales que transformen esa heterogeneidad en fuerza colectiva consciente. Sin esa mediaci\u00f3n, toda disputa entre potencias tiende a resolverse como una reconfiguraci\u00f3n de la dominaci\u00f3n, no como su cuestionamiento estructural.<\/p>\n

Ni la din\u00e1mica de los Estados ni la inercia de la historia sustituyen ese proceso. El territorio sin mapa es desorientaci\u00f3n; el mapa sin br\u00fajula organizativa es mera erudici\u00f3n. Este debate \u2014iniciado por Jadue, enriquecido por Pickering y continuado aqu\u00ed\u2014 deja abierta precisamente esa exigencia pr\u00e1ctica: convertir la comprensi\u00f3n de los niveles articulados en capacidad real de intervenci\u00f3n all\u00ed donde la crisis ya est\u00e1 poniendo a prueba, muchas veces silenciosamente, las condiciones de una nueva subjetividad hist\u00f3rica.<\/p>\n

Fuentes y referencias<\/b><\/p>\n

Jadue, D. (1 feb. 2026). \u00abEl derecho internacional dejar\u00e1 de ser farsa cuando termine con la l\u00f3gica imperial que lo sostiene\u00bb. Observatorio de la Crisis.<\/i><\/p>\n

Pickering, G. (20 mar. 2026). [Art\u00edculo sobre Carras y el error imperial]. El Mostrador.<\/i><\/p>\n

Campusano Alarc\u00f3n, J. (3 feb. 2026). \u00abLa reconfiguraci\u00f3n geopol\u00edtica del conflicto en Ucrania: un an\u00e1lisis clausewitziano del Plan Trump\u00bb. Cr\u00f3nica Digital.<\/i><\/p>\n

Roberts, M. (2021). \u00abLa tasa de ganancia en EE.UU. en 2021\u00bb. Sin Permiso.<\/i> Datos: Basu y Wasner, Profitability Database. Ca\u00edda del 27% en tasa de ganancia del sector no financiero entre 1945 y 2021.<\/p>\n

SIPRI (2024). Military Expenditure Database.<\/i> Gasto militar EE.UU.: 997.000 millones de d\u00f3lares, 37% del gasto mundial.<\/p>\n

Infodefensa<\/i> (ene. 2026). \u00abEE.UU. gasta m\u00e1s de 11.000 millones en su primera semana de guerra con Ir\u00e1n y el Pent\u00e1gono advierte de alta tasa de consumo de municiones\u00bb.<\/p>\n

CADTM (2024). An\u00e1lisis de deuda p\u00fablica ucraniana: crecimiento del 60% entre 2022 y 2024, alcanzando 160.000 millones de d\u00f3lares. Ayuda financiera UE: de 5.000 a 43.000 millones, casi en su totalidad en pr\u00e9stamos.<\/p>\n

Axios \/ The Telegraph<\/i> (nov. 2024). \u00abTrump\u2019s 28point peace plan for Ukraine\u00bb. Plan filtrado que inclu\u00eda reconocimiento de facto del control ruso sobre territorios ocupados y renuncia ucraniana a la OTAN.<\/p>\n

Interferencia<\/i> (mar. 2026). \u00abComienza el ciclo de la ultraderecha en Chile\u00bb. Kast, primer l\u00edder de ultraderecha en el Ejecutivo chileno en el per\u00edodo democr\u00e1tico.<\/p>\n

Panorama Pa\u00eds<\/i> (17 mar. 2026). \u00abKast inicia la ejecuci\u00f3n de su Plan Escudo Fronterizo\u00bb.<\/p>\n

El Desconcierto<\/i> (19 mar. 2026). \u00abInundar la zona: la fren\u00e9tica arremetida comunicacional de Kast\u00bb. Retiro de 43 decretos ambientales en primeros d\u00edas de gobierno.<\/p>\n

France 24<\/i> (dic. 2025). \u00abSeguridad, inmigraci\u00f3n y reforma fiscal: el plan de choque de Kast\u00bb. Ajuste fiscal de 6.000 millones de d\u00f3lares en 18 meses.<\/p>\n

Clausewitz, C. von. (1832). De la guerra.<\/i> Libro I, Cap\u00edtulo 1: \u00abLa guerra es la mera continuaci\u00f3n de la pol\u00edtica por otros medios\u00bb.<\/p>\n

Fanon, F. (1961). Los condenados de la tierra.<\/i> M\u00e9xico: FCE. Citas sobre la burgues\u00eda nacional y la misi\u00f3n hist\u00f3rica de cada generaci\u00f3n.<\/p>\n

Perfil del general Guillermo Pickering V\u00e1squez: oficial constitucionalista que renunci\u00f3 al Ej\u00e9rcito en agosto de 1973 y se opuso al golpe junto a Carlos Prats.<\/p>\n

\"\"<\/p>\n

Jos\u00e9 Campusano Alarc\u00f3n es Ingeniero Civil en Minas<\/span>
<\/span>Ex Agregado Comercial de Chile en Rusia y\u00a0<\/span>Vicepresidente de la Comisi\u00f3n Nacional de Derechos Juveniles (CODEJU) en dictadura. Miembro del Consejo Editorial de Cr\u00f3nica Digital.<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n

Santiago de Chile, 26 de marzo 2026
Cr\u00f3nica Digital<\/p>\n<\/p><\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"

El hecho de que la agresi\u00f3n se haya ordenado minutos antes de que se reuniera en Florida, en una recepci\u00f3n…<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":12228,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-12227","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacionales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12227","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=12227"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/12227\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/12228"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=12227"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=12227"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/noticieroaustral.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=12227"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}