{"id":5993,"date":"2025-10-29T01:03:43","date_gmt":"2025-10-29T01:03:43","guid":{"rendered":"https:\/\/noticieroaustral.com\/?p=5993"},"modified":"2025-10-29T01:03:43","modified_gmt":"2025-10-29T01:03:43","slug":"tiberio-marta-y-sus-tres-pruebas-sobre-el-acabo-del-mundo-al-servicio-de-la-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noticieroaustral.com\/?p=5993","title":{"rendered":"Tiberio Marta y sus tres pruebas sobre el acabo del mundo \u2013 Al servicio de la verdad"},"content":{"rendered":"
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Cuento de Luis Cifuentes Seves*<\/b><\/p>\n
Durante mis estudios universitarios tuve un compa\u00f1ero de curso que ten\u00eda el inusual nombre de Tiberio Marta.<\/p>\n
Era muy simp\u00e1tico e ingenioso, con un agudo sentido del humor y aficionado a jugar bromas, especialmente de tipo verbal.<\/p>\n
As\u00ed por ejemplo, en cierta ocasi\u00f3n, alrededor de 1970, se encontraba en un grupo de estudiantes junto a un profesor que hab\u00eda dedicado su vida al correcto uso del lenguaje, con \u00e9nfasis en la ortograf\u00eda y la pronunciaci\u00f3n. Tiberio sinti\u00f3 que no pod\u00eda dejar pasar la oportunidad de aprovechar la pasi\u00f3n del acad\u00e9mico y le dijo: \u201cMaestro, podr\u00eda usted explicarnos c\u00f3mo se origin\u00f3 la masacre de Tlaxtelcoco?\u201d. El docente respondi\u00f3. \u201cMire, Tiberio, la palabra correcta es Tlatelolco, Tla-te-lol-co\u201d.<\/p>\n
Marta replic\u00f3: \u201cExactamente. Eso fue lo que dije: Tlaxtelcoco, Tlax-tel-co-co\u201d, despertando las risas de los j\u00f3venes y hasta del erudito.<\/p>\n
El hecho de que su apellido fuera un nombre femenino le causaba de vez en cuando problemas de tipo administrativo, que Tiberio echaba estent\u00f3reamente a la risa.<\/p>\n
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Los vientos de la historia cambiaron de direcci\u00f3n en 1973 y por muchos a\u00f1os dej\u00e9 de ver a Tiberio. De vuelta de un largo exilio, a comienzos de los 90 nos reencontramos en Chile. Me salud\u00f3 efusivamente con abrazos y carcajadas, diciendo: \u201c\u00a1Julio Ferrera! Me contaron que hab\u00edas muerto en el extranjero, pero nunca lo cre\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 te ibas a morir t\u00fa!\u201d.<\/p>\n
Luego me enter\u00e9 de que un amigo suyo conocido como \u201cEl Loco\u201d, hab\u00eda inventado una serie de historias er\u00f3ticas que ten\u00edan a Tiberio como protagonista. Este, sabi\u00e9ndolas falsas y sin nunca darlas por ciertas, las celebraba con sonoras risotadas.<\/p>\n
Pero un d\u00eda ocurri\u00f3 lo inesperado: antes de cumplir 55, Tiberio Marta falleci\u00f3 sin aviso previo. Nadie supo que sufriera de alguna dolencia. Su velatorio y funeral fueron muy concurridos, ya que su buen humor y simpat\u00eda le hab\u00edan ganado muchos amigos. Sus an\u00e9cdotas lo sobrevivieron.<\/p>\n
Pas\u00f3 el tiempo, con oscuridades, desilusiones y frustraciones. M\u00e1s de alguna vez ech\u00e9 de menos el esp\u00edritu de Marta, su jovial predisposici\u00f3n a todo. Llegu\u00e9 a considerar la posibilidad de encontrarme con \u00e9l en alguna dimensi\u00f3n paralela.<\/p>\n
Unos veinte a\u00f1os despu\u00e9s de su fallecimiento, para mi gran sorpresa, me top\u00e9 a boca de jarro con Tiberio, o alguien que se le parec\u00eda much\u00edsimo, en pleno centro de Santiago. Nos saludamos formalmente y se estableci\u00f3 un acuerdo t\u00e1cito entre nosotros: ninguno mencion\u00f3 el duro hecho de que mi amigo estaba muerto. Lo \u00fanico que delataba que algo esencial hab\u00eda cambiado fue que durante todo lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s, Marta mantuvo una gran seriedad y no se rio ni una sola vez.<\/p>\n
A propuesta m\u00eda entramos a un caf\u00e9 y conversamos. Muy luego llegamos al tema de la geopol\u00edtica contempor\u00e1nea. Dije: \u201cNos encontramos m\u00e1s cerca que nunca antes con la posibilidad de una conflagraci\u00f3n mundial con miles de estallidos nucleares y un largo invierno nuclear que podr\u00eda eliminar toda vida animal y vegetal en la Tierra\u201d.<\/p>\n
Sin inmutarse, Tiberio asever\u00f3: \u201cLo que t\u00fa y muchos otros han elegido ignorar es que la tercera guerra y el invierno nuclear ya ocurrieron. T\u00fa percibes un mundo imaginario. Pero hay lugares desde donde es posible ver la realidad actual del planeta sin adornos ni fantas\u00edas. No te ser\u00e1 grato, pero puedo llevarte a tres atalayas para que contemples manifestaciones del acabo de mundo\u201d.<\/p>\n
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Asent\u00ed, pensando que Tiberio estaba equivocado o tratando de impresionarme. Subimos a una invisible alfombra m\u00e1gica que en pocos segundos nos llev\u00f3 a un lugar desconocido. Desde la atalaya se ve\u00eda una gigantesca planicie de un color entre gris y celeste que llegaba hasta el horizonte. Lo primero que me sobrecogi\u00f3 fue el silencio y, luego, la total ausencia de movimiento. Estaba claro que, por primera vez, contemplaba un paisaje sin vida. Poco a poco, sent\u00ed una sensaci\u00f3n de tristeza y temor que me fue embargando. S\u00ed. Este pod\u00eda ser el planeta fenecido y sin resucitaci\u00f3n posible.<\/p>\n
Se lo dije a Tiberio y \u00e9l respondi\u00f3: \u201cVamos entonces a la segunda atalaya. No ser\u00e1 mejor que esta\u201d. Llegamos. Esta vez lo que me golpe\u00f3 fue la extrema fealdad del paisaje. Parec\u00eda otra superficie infinita, esta vez cubierta de rocas filosas de decenas o cientos de metros de altura que exhib\u00edan matices entre negro y gris. El silencio era absoluto y la visi\u00f3n, de espanto. Me puse a temblar y brotaron l\u00e1grimas de mis ojos. Marta dijo. \u201cA\u00fan queda una atalaya. \u00bfTe atreves?\u201d. Pens\u00e9 que pod\u00eda ser un bluff y acept\u00e9.<\/p>\n
El vuelo termin\u00f3 en medio del viejo patio de la Escuela donde Tiberio y yo hab\u00edamos estudiado. Se ve\u00eda estudiantes caminando y conversando, profesores dirigi\u00e9ndose a sus salas de clase y se pod\u00eda oir los sonidos del tr\u00e1fico vehicular que circulaba por las calles colindantes.<\/p>\n
\u201c\u00a1Vamos Tiberio!\u201d exclam\u00e9. \u201cEsto est\u00e1 lleno de vida. \u00a1Este planeta no est\u00e1 muerto!\u201d. \u201cTen paciencia, Julio. A\u00fan no llegamos a la atalaya\u201d, respondi\u00f3. Me guio hasta una de las esquinas del patio donde advert\u00ed una puerta alta y estrecha de extra\u00f1o color amarillento.<\/p>\n
Tiberio la abri\u00f3 sin esfuerzo y entramos a un espacio totalmente oscuro. Avanzamos unos metros. \u201cEsta es la atalaya\u201d susurr\u00f3 mi amigo. \u201cNo des ni un paso m\u00e1s\u201d. En ese momento comenc\u00e9 a escuchar un estruendo gigantesco, el sonido ensordecedor e ininterrumpido de una m\u00e1quina portentosa. La oscuridad era rota por chispazos y rayos que cruzaban lo que parec\u00eda un \u00e1mbito infinito, pero su luz era insuficiente para discernir los detalles. Esa m\u00e1quina estaba chancando algo s\u00f3lido, pero \u00bfqu\u00e9? El horror me posey\u00f3 y con gestos le indiqu\u00e9 a Marta que quer\u00eda abandonar ese lugar infernal.<\/p>\n
Regresamos al patio. No se escuchaba nada fuera de lo normal. Nadie pod\u00eda adivinar que muy cerca estaba la horrenda atalaya.<\/p>\n
Tiberio me dej\u00f3 de vuelta en nuestro punto de encuentro, que \u00e9l llam\u00f3 \u201cel centro ficticio de Santiago\u201d. Le dije: \u201cMe encantar\u00eda decirte que fue un placer reencontrarte, pero tus revelaciones me han causado tal desaz\u00f3n y angustia, que dudo poder superarlas\u201d.<\/p>\n
Replic\u00f3: \u201cTe confieso que soy incapaz de sentirme culpable. T\u00fa sab\u00edas que yo hab\u00eda muerto hace mucho, pero ignorabas que t\u00fa tambi\u00e9n hab\u00edas fallecido. No es tan terrible. Si as\u00ed lo decides, puedes seguir viviendo en tu mundo de fantas\u00eda, s\u00f3lo que ser\u00e1s algo m\u00e1s sabio. Te dejo, puesto que tengo cosas que hacer\u201d. Se alej\u00f3 entre la ahora dudosa multitud callejera. La naturaleza, prop\u00f3sito y descripci\u00f3n de sus quehaceres quedaron en el misterio.<\/p>\n
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