
Cecilia Magni Camino habría cumplido 70 años si los agentes de la dictadura cívico–militar no le hubieran arrancado la vida en 1988, poco después del triunfo del NO a la perpetuación de Augusto Pinochet en el plebiscito realizado apenas un par de semanas antes, el mismo que anunció que “la alegría ya viene”.
Quienes la conocieron cuando era una veinteañera, seguramente no hubieran imaginado que así terminaría sus días en este mundo. Había nacido en un hogar de clase acomodada y realizó su educación básica y secundaria en exclusivos colegios de Santiago, entre ellos nada menos que The Grange School, el mismo por cuyas aulas pasaron figuras connotadas de la derecha económica como Agustín Edwards Eatsman y Andronico Luksic Craig.
Resultó obvio que ingresara a la Universidad de Chile con buenos resultados en la entonces existente Prueba de Aptitud Académica, con la que pudo ingresar a estudiar Sociología en la Universidad de Chile.
Fue en la Casa de Bello que tomó la decisión de comprometerse con la lucha en contra de la dictadura cívico–militar, participando en manifestaciones estudiantiles. Por fin, se integró a militar en las Juventudes Comunistas de Chile. Este paso coincidió en el tiempo con la decisión de la colectividad de la hoz y el martillo, en coherencia con su nueva “Política de Rebelión Popular”, de crear el Frente Patriótico Manuel Rodrígurz (FPMR), presentado al país luego de su irrupción a fines de 1983 como “brazo armado del pueblo”.
Pasó a incorporarse al FPMR con la convicción política de que “la lucha es la única forma realista y válida de cambiar el rumbo del país”. Poco después, un compañero del Frente la bautizó como “Tamara”, en un homenaje a la revolucionaria argentina Tamara Bunke Bider, abatida mientras participaba en la guerrilla del Ernesto Che Guevara en Ñancahuazú, Bolivia.
A diferencia del grueso de los primeros jefes y combatientes del FPMR, no fue formada como oficial en Cuba, en el contexto de la “Tarea Militar”, ni tampoco del “Frente Cero”, grupo del Partido Comunista que comenzó a realizar operaciones de sabotaje previo a la conformación del Frente.
Sin embargo, y pese a su juventud, “Tamara”, con el paso del tiempo, logró un vertiginoso ascenso al interior de la estructura del Frente, por su audacia, capacidades y habilidades. Llegó a ser la única mujer que llegó a ser parte de la estructura central del FPMR y a ser reconocida como “comandante”, lo que no era, en un sentido estricto, un grado formal sino una especie de reconocimiento al liderazgo en la “lucha frontal contra la dictadura”.
Sus primeras misiones, entre Santiago y Rancagua, fue dedicarse al reclutamiento de nuevos combatientes para el Frente, en no pocas ocasiones a disgusto de los viejos militante del PC que aún no se habituaban a la política del uso de “todas las formas de lucha”. También se le asignaron labores de apoyo logístico a las operaciones armadas del FPMR.
Con toda esa experiencia acumulada, la “comandante Tamara” recibió a mediados de 1986 la responsabilidad de comandar una de las mayores acciones que hasta entonces emprendía el FPMR: el fallido atentado contra Augusto Pinochet, también conocida como la “Operación Siglo XX”. En esta misión, “Tamara” actuó como brazo derecho de José Joaquín Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto”, máximo jefe de la acción y que era uno de los hombres que se había formado en el exterior en la “Tarea Militar”. Su tarea específica fue en el campo del aseguramiento logístico.
En ese contexto, junto a otro rodriguista, César Bunster, arrendó una casa en San José de Maipo y tres vehículos, además de coordinar el traslado del armamento que se utilizaría en la emboscada. Los que se relacionaron con ellos en esos menesteres, más tarde señalaron que nunca imaginaron, por su aspecto y conducta, que podía tratarse de guerrilleros.
Contra sus deseos, por su experiencia en el campo logístico, por lo que se estimaba que continuaría siendo necesaria, el FPMR determinó que no participaría como fusilera en la operación, ante la alta probabilidad de que los combatientes no salieran con vida.
Más tarde, se le encomendaron labores de vocería del Frente, junto al entonces principal jefe del Frente, Raúl Pellegrin, el comandante “José Miguel” o “Rodrigo”, uno de los primeros cinco hombres formados como oficiales en Cuba en el marco de la “Tarea Militar” que en 1983 ingresó clandestinamente para la creación del Frente.
En las andanzas clandestinas, entre ambos nació, además, una relación de amor, con la dura constatación que no podrían hacer una vida de pareja “normal”, mientras no terminara la dictadura.

Cuando un sector del Frente decidió autonomizarse del PC en 1987, bajo el liderazgo de Pellegrin y buena parte de los oficiales formados en el exterior, “Tamara” tomó partido por “la fracción”, como fue denominada en la jerga interna de los comunistas. Pronto tomaron la decisión de reformular su camino estratégico y formularon lo que denominaron “Guerra Patriótica Nacional” (GPN).
A pesar de la evidencia de que los vientos de la historia habían cambiado de dirección, pese al triunfo del NO el 5 de octubre de 1988, ese sector del Frente decidió no alterar los planes para la puesta en marcha de la GPN, con la ocupación de cuatro localidades rurales: La Mora, Aguas Grandes, Pichipellahuén y Los Queñes.
En la acción en Los Queñes, localidad precordillerana en la Región del Maule, en la comuna de Romeral, participaron directamente “comandante Tamara” encabezó cona Raúl Pellegrin. Era la columna guerrillera “José Valenzuela Levi”, nombrada de esa forma en homenaje al jefe de la “Operación Siglo XX”, que en 1987 había sido asesinado por la CNI en la llamada “Operación Albania”.
En días posteriores a la operación, una parte importante del grupo fue capturado por carabineros que rastreaban la zona.
El 28 de octubre de 1988, el cuerpo de Cecilia Magni fue encontrado flotando sin vida en las aguas del río Tinguiririca con evidentes señales de haber sido sometida a torturas, al igual que Pellegrin, que también fue asesinado y cuyo cuerpo fue hallado dos días después.
El Informe Final de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Rettig) estableció que “según los informes de autopsia ambos cadáveres presentan lesiones contusas y huellas de aplicación de electricidad”. Por ello, “la Comisión, evaluando toda la información recibida, ha llegado a la convicción de que Cecilia Magni y Raúl Pellegrin, en su huida fueron detenidos, torturados y ejecutados por agentes del Estado, por lo que considera sus muertes violaciones a los derechos humanos de responsabilidad de dichos agentes”.
La investigación judicial sobre su muerte se prolongó sin éxito por muchos años, finalmente concluyendo que no se podían atribuir las lesiones presentadas a la acción de terceros, ratificando el fallo una muerte accidental. En 2013 la Corte de Apelaciones de Rancagua absolvió a los cuatro carabineros acusados de homicidio.
Pero ha permanecido en la memoria la figura de “Tamara”. Así queda de manifiesto en obras como el telefilme “Amar y Morir en Chile” (2012) dirigido por Alex Bowen y protagonizada por Antonia Zegers en el rol de la rodriguista, así como en la película del 2020 del cineasta chileno Juan Ignacio Sabatini, “Matar a Pinochet”, en la cual la comandante es interpretada por la actriz Daniela Ramírez. En 2024, fue encarnada por la actriz Mariana di Girolamo en la serie de Prime Video “Vencer o Morir”.
Tamara Bunke tenía 29 años cuando le fue arrancada la vida. Cecilia Magni había cumplido 32 el 24 de febrero de ese 1988.
Santiago, 25 de febrero de 2026.
Crónica Digital.