Por Cristóbal Chávez Bravo PICA, Chile, 19 mar (Xinhua)
«Nosotros embotellamos la historia del desierto», repite cada vez que puede Miguel Ángel Quezada, uno de los encargados de tomar los olores, sabores y aromas del desierto de Atacama, uno de los puntos más áridos del mundo, para crear en Chile diversos destilados de alta calidad.
En el oasis de Pica, en la Pampa del Tamarugal, a unos 1.570 kilómetros al norte de Santiago, se levantan las plantaciones y la fábrica de «Destilados de desierto». «Queríamos embotellar lo que significa la historia, la fruta y el territorio del desierto de Atacama y eso es lo que hoy día estamos haciendo con este predio», afirmó Quezada.
Sin importar la adversidad de esa zona con alta radiación solar, fuerte oscilación térmica y escasez de agua, tomaron la herencia del territorio que recibió las primeras plantaciones en el siglo XVI cuando los españoles colonizaron y evangelizaron el lugar.
Quezada, quien forma parte del equipo de «Destilados del desierto», explicó que tienen un sistema de riego presurizado por goteo con aguas que se extraen de napas subterráneas de data milenaria. Los destilados se preparan en un alambique de cobre, como se realizaba antes que se tecnificara el proceso, y a los licores los llaman «Picay», en honor al limón de pica, un fruto que brota con abundancia en el oasis del mismo nombre y el primer producto chileno con Indicación Geográfica.
El doble destilado garantiza el «Picay», que producen de limón, guayaba o naranja, además de una ginebra nombrada «Altiplániko», cuya producción mensual no supera las 1.000 botellas, para mantener el carácter artesanal del proceso.
Destacados internacionalmente
En el concurso internacional Catad’Or World Spirits Awards, el «Picay» obtuvo 88 puntos y los jueces destacaron la nitidez, intensidad y calidad de la bebida que posee 40 grados del alcohol y doble destilación, además de su autenticidad.
«Llevamos cuatro años produciendo los destilados y tienen la característica de que todas las frutas son de nuestros predios», detalló Quezada.
Quezada agregó, que el «Picay» es «único en el mundo» y es similar al pisco, un destilado de uva y el más popular en Chile.
Entre los alambiques del grupo, Carla Charcas, una boliviana de 23 años, explicó que utilizan la destilación por arrastre de vapor para obtener hidrolatos, una técnica que extrae el alma de las plantas usando vapor de agua, permitiendo que los aromas del desierto se conserven intactos antes de ser incorporados al licor final.
Para optimizar la producción de estos productos, «Destilados del desierto» ha recibido la ayuda de investigadores y académicos de la Universidad de Tarapacá, quienes llevan varias décadas trabajando la plantación y cosecha de vino y otros productos en las condiciones extremas del desierto de Atacama. «Estamos embotellando la historia de un desierto, pero también el aporte de una investigación académica», concluyó con orgullo Quezada.