Los orígenes históricos de la consigna “¡Ni un paso atrás!” – Crónica Digital

3


Los orígenes históricos de la consigna “¡Ni un paso atrás!” – Crónica Digital

La consigna “¡Ni un paso atrás!” es una de las frases más potentes del activismo político y social contemporáneo  y aunque hoy se asocia a múltiples causas, incluyendo los anuncios de la resistencia al Gobierno de José Antonio Kast, su origen histórico principal se remonta a la resistencia antifascista y a la Guerra Civil Española, y pasa por hechos claves de la historia reciente de Chile.

En el caso específico de nuestro país, su antecedente político más remoto fue la campaña presidencial de Radomiro Tomic Romero en 1970, quien con su propuesta programática de una “Revolución Democrática y Popular”. Con esta frase aludía al peligro de una regresión conservadora. Era una invitación política a no retroceder en las reformas sociales.

Las Resistencias Antifascistas

Aunque la frase más famosa de la defensa de Madrid contra el fascismo falangista fue el “¡No pasarán!” de Dolores Ibárruri, conocida como “La Pasionaria”, la idea de no retroceder ni un milímetro frente al avance de las tropas franquistas se cristalizó en consignas similares. “Ni un paso atrás” se convirtió en el grito de resistencia de las milicias republicanas, que simbolizaban que cualquier retirada significaba la derrota total.

Las milicias republicanas de las que emergió esa consigna estaban integradas por un sector anarquista, que fue el sector más numeroso y combativo en los primeros meses, en especial en Cataluña y Aragón; una corriente socialista, que en defensa de la legalidad fueron los principales impulsores de un Ejército Popular Republicano; un sector comunista aliado de la Unión Soviética y, finalmente, un sector trotskista y anti–estalinista.

Si hubiera que asignar una “paternidad” a esta consigna, nació de los mandos del Ejército Popular Republicano, que buscaban profesionalizar las milicias.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el concepto tomó un cariz institucional y militar. El 28 de julio de 1942, ante el avance de la Alemania nazi hacia Stalingrado, Iósif Stalin dictó la famosa Orden N° 227, conocida popularmente como “¡Ni un paso atrás!” (Ni shagu nazad!).

La disposición prohibía cualquier retirada de las tropas sin una orden superior previa, con lo que la frase se convirtió en un símbolo de resistencia absoluta en el Frente Oriental.

En el verano de 1942, el Ejército Rojo estaba en retirada desordenada. Los nazis avanzaban hacia el Cáucaso (por el petróleo) y hacia el Volga (Stalingrado). La moral soviética estaba por los suelos y el pánico cundía. Stalin comprendió que si no detenía la retirada, la Unión Soviética colapsaría ante el fascismo.

Stalingrado fue el escenario donde el “¡Ni un paso atrás!” se llevó al límite. La resistencia de los soldados soviéticos obligó a la Wehrmacht alemana a una guerra de desgaste brutal en las ruinas de la ciudad, para la cual no estaban preparados. Ello permitió que el general Zhúkov organizara la Operación Urano, contraataque que terminó cercando y destruyendo al 6.º Ejército alemán de Paulus.

La interpretación historiográfica rusa sostiene que ello ayudó a cristalizar un sentimiento de unidad nacional y sacrificio necesario para salvar al país de la aniquilación total, en lo que se conoce como la “Gran Guerra Patria”. El “¡Ni un paso atrás!” detuvo la hemorragia de la retirada. Transformó un ejército que se desmoronaba en una muralla humana que terminó marchando sobre Berlín en 1945.

Movimientos Sociales y por los Derechos Humanos

Tras la guerra, la frase fue adoptada por la izquierda y el progresismo internacional y por una diversidad de movimientos sociales, en particular en la década de los 80 en América Latina. La consigna “¡Ni un paso atrás”» mutó para convertirse en un imperativo ético. En una región marcada por dictaduras, precarización de la vida y profundas desigualdades, la frase pasó a significar que los derechos humanos y sociales son irrenunciables.

El sindicalismo latinoamericano adoptó la frase para enfrentar las políticas de privatización y flexibilización laboral. En Brasil y Uruguay la Central Única de los Trabajadores (CUT) y la central obrera uruguaya PIT-CNT la utilizaron en huelgas generales para la defensa de los salarios y las condiciones laborales. Es interesante que ambas organizaciones contribuyeron a la emergencia del Partido de los Trabajadores en Brasil y la coalición Frente Amplio del Uruguay, que en la actualidad son las fuerzas gobernantes de sus países.

El ejemplo más emblemático de la consigna en América Latina fueron las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, constituidas el 30 de abril de 1977 luego del Golpe de Estado que en unos días cumplirá 50 años de acontecido, con el propósito de buscar a sus hijos detenidos y desaparecidos. Las periódicas rondas de aquellas mujeres, con pañuelos blancos sobre sus cabezas, se convirtieron en un símbolo universal de la defensa de los derechos humanos.

Las Madres son el ejemplo, quizás, más más emblemático y sostenido en el tiempo del uso contemporáneo de la frase “Ni un paso atrás”. La consigna no es solo un eslogan de marcha, sino una postura ante el Estado y la justicia. La frase cobró una fuerza ética inmensa, en el sentido de que, a pesar de las desapariciones de las propias fundadoras (como Azucena Villaflor en diciembre de 1977) y las amenazas de muerte, no abandonarían la Plaza.

Tras el fin de la dictadura en 1983, hubo intentos legales de cerrar las causas por delitos de lesa humanidad (como las leyes de “Punto Final” y “Obediencia Debida”). “Ni un paso atrás” significó negarse a aceptar el perdón impuesto o el olvido. Se convirtió en respuesta ante cualquier intento de «reconciliación» que no incluyera Juicio y Castigo. Incluso hoy, se ocupa para advertir que no se permitirá el retroceso en las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Por cierto, esa decisión ha adquirido una actualización frente al régimen de Javier Milei.

Ha sido una de sus consignas fundamentales para expresar que, a pesar de las presiones o el paso del tiempo, su búsqueda de memoria, verdad y justicia no retrocederá.

La candidatura de Radomiro Tomic

En el contexto de la elección presidencial chilena de 1970, la consigna “Ni un paso atrás” fue el pilar central de la campaña de Radomiro Tomic, candidato de la Democracia Cristiana, cuya postulación fue sustentada principalmente por los sectores progresistas del partido, los que conformarían la Izquierda Cristiana en octubre de 1971 o en septiembre de 1973 harían pública su oposición al Golpe de Estado.

En la coyuntura de 1970, la frase adquirió una carga política específica dentro del escenario de competencia con la Unidad Popular de Salvador Allende y la derecha política y económica representada por Jorge Alessandri.

Para Tomic, la consigna no era solo un grito de resistencia, sino una declaración de principios sobre el camino que debía seguir el país. Remitía a un planteamiento de continuidad de las reformas en marcha, buscaba asegurar que las transformaciones sociales iniciadas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (como la Reforma Agraria o la Promoción Popular) no fueran revertidas por un eventual gobierno conservador.

Tomic representaba el ala más progresista de su partido, comprometida con la idea de una “vía no capitalista de desarrollo”. Su eslogan subrayaba que la solución a los problemas de Chile no estaba en una retorno al pasado, sino en continuar avanzando hacia un socialismo comunitario y democrático. El contenido contradictorio con la derecha de la campaña de Tomic hizo que la consigna se transformara en síntesis de su mensaje.

Al mismo tiempo, marcaba una distancia con la Unidad Popular, sugiriendo que su propuesta era la forma segura de avanzar en los cambios sociales sin el peligro de una restauración conservadora que arriesgaba una revolución con hegemonía marxista.

El himno de la campaña de Tomic llevaba el título “Ni un paso atrás”, diseñada como una marcha épica y movilizadora, compuesta por el reconocido músico Ángel Parra, uno de los hijos de Violeta Parra. Esta colaboración fue muy significativa, ya que Ángel Parra era figura central de la Nueva Canción Chilena, un movimiento profundamente ligado a la izquierda, lo que reforzaba la imagen de Tomic como candidato que buscaba la “unidad social y política del pueblo” y una ruptura democrática con el capitalismo.

Fue interpretado por Ángel Parra y el conjunto Los de la Escuela. Tenía un ritmo de marcha pero con instrumentos y sensibilidad folclórica. La letra era un llamado directo a la acción y a la defensa de los logros del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, pero con una promesa de ir mucho más allá.

Pese a la fuerza del eslogan, Tomic terminó en tercer lugar tras una elección muy estrecha, lo que finalmente llevó al Congreso a ratificar a Salvador Allende como Presidente. Aquella esperanza de no dar ni un paso atrás terminó ahogada en la barbarie.

Foto principal: Imagen de video de la marcha «Ni un paso atrás» de la campaña de Radomiro Tomic.

Por Vicente del Valle. El autor es historiador.

Santiago, 22 de marzo de 2026.

Crónica Digital.

admin

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *