El Presidente José Antonio Kast ratificó su decisión de no intervenir el precio de los combustibles, priorizando la estabilidad financiera del país por sobre su popularidad personal. Tras una reunión con su comité político el pasado martes 17, el mandatario respaldó la postura del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de suspender el uso de recursos fiscales para mitigar las alzas. Esta determinación provocó una caída de hasta 17 puntos en su aprobación ciudadana, marcando un término anticipado del periodo de gracia de su administración, inicialmente proyectado hasta después de Semana Santa.
La medida ha generado un clima de alta tensión política y social, incluyendo el regreso de manifestaciones en las inmediaciones del Palacio de La Moneda y un quiebre en las relaciones con la oposición en el Congreso. El escenario se complejizó tras un error comunicacional del Ejecutivo, que justificó el incremento de los carburantes —que alcanzó los 370 pesos en la bencina y 580 pesos en el diésel— bajo la premisa de haber recibido un “Estado en quiebra”, afirmación que derivó en una intervención de la Contraloría General de la República.
A pesar de los costos políticos, el entorno del mandatario asegura que mantendrán el rumbo trazado, utilizando las encuestas solo como referencia y no como guía para la toma de decisiones. El estilo de Kast, descrito por analistas como rígido y apegado a la disciplina, enfrenta ahora el desafío de transitar desde una lógica de campaña a una de gobernanza efectiva. La apuesta del oficialismo se traslada ahora a la cuenta pública del 1 de junio, donde el Gobierno espera exhibir logros concretos en seguridad y crecimiento para frenar la erosión de la confianza ciudadana. (NP-Gemini-La Tercera)