El expectante tercer lugar que obtuvo Franco Parisi en las recientes elecciones presidenciales, con casi un 20% de las preferencias, revivió la frase del estallido social: «No lo vimos venir». La votación del líder del Partido de la Gente (PDG) se convirtió de inmediato en un preciado botín para el balotaje.
El inédito resultado llevó a los analistas a intentar descifrar a este electorado, el cual se perfila con una fisonomía muy específica: se trata preferentemente de personas de estrato socioeconómico bajo, que desaprueban mayoritariamente al actual Gobierno, que carecen de una posición política definida y que tienen un porcentaje importante de apoyo fuera de los grandes núcleos urbanos.
El segmento de votantes de Parisi oscila entre los 25 y 45 años, son preferentemente hombres, activos digitalmente, y exhiben una marcada desconfianza hacia las instituciones. En el ámbito laboral, se concentran en trabajos independientes e informales, y territorialmente se ubican en el conurbano o, significativamente, en zonas rurales.
El sociólogo Juan Pardo, director de Feedback Research, describe la fuerza de Parisi en comunas pequeñas o medianas, lejos de los centros urbanos, como una «regularidad poco descrita». El voto duro se concentra en el Norte Grande, el norte minero, el altiplano y corredores rurales y cordilleranos, con presencia también en el Bíobío y Coquimbo.
Este voto rural y minero se caracteriza por tener altas tasas de informalidad laboral, una importante inmigración interna y una población joven móvil. Pardo sugiere que la distancia respecto de los centros administrativos regionales y la ausencia o ineficacia del Estado en estas zonas podrían explicar la fuerza del voto Parisi.
Las cifras muestran una clara brecha: Parisi obtuvo un 14% en Santiago, pero un promedio de 27% en regiones. El investigador Carlos Navarrete interpreta esto como un fenómeno de desafección en torno al centralismo, donde se percibe que los recursos se concentran en Santiago y no en las zonas que los producen, como las mineras. Esta tendencia se asemeja a lo que sucede en Estados Unidos y Europa, donde las capitales votan distinto a las regiones.
Según el perfil de votantes elaborado por Activa Research, el 65,6% de los sufragios a favor de Parisi provienen de los segmentos socioeconómicos D y E, con ingresos muy bajos y acceso limitado a bienes. Pardo señala que este sector está «poco interesado en la política y totalmente descreído de la oferta».
Para el sociólogo, este votante es un hombre sub-40, de nivel socioeconómico bajo o medio precario, que tiene empleos informales y «sueña con tener más plata en el bolsillo». Por ello, propuestas como eliminar los impuestos a los medicamentos calaron hondo. Navarrete complementa que este votante no es ideológico, sino que está enfocado en sus condiciones económicas futuras.
La perspectiva económica de Parisi reflejó cierta aspiracionalidad y un individualismo pospandemia, con un discurso sencillo que elude trancas valóricas, a diferencia de otras candidaturas.
Una de las claves del éxito de Parisi fue su fuerte comunidad digital. Los analistas sugieren que, dado que los medios tradicionales no llegan a muchas comunas pequeñas, la conexión a internet permitió que los seguidores replicaran el contenido localmente.
El investigador Miguel Torres explica que la campaña digital de Parisi logró llegar con un discurso efectivo, que se replica muy rápido en redes sociales y no a través de noticieros o diarios. La campaña, además, apelaba a la meritocracia con llamados como enviar currículums a la página «Nomasapitutados» para constituir un Gobierno «sin pitutos», en clara oposición a la élite.
Los estudios también evidencian una relación inversa entre el voto por Parisi/Kast y el nivel educacional. Las comunas donde predomina la educación básica exhiben una fuerte inclinación hacia José Antonio Kast y, en menor medida, hacia Franco Parisi. Las zonas rurales extremas, aisladas del sistema político, presentan estos patrones.
El factor religioso también es relevante. La geografía del voto evangélico coincide con zonas rurales, pobres y conservadoras del Biobío y La Araucanía, reforzando el patrón socioterritorial del apoyo a Kast y Parisi.
Finalmente, el electorado de Parisi es un segmento de outsiders que presenta una alta desafección política: un 69,5% declara no poseer una posición política preferencial. La altísima desconfianza en las instituciones y los políticos es su rasgo principal. Además, su evidente rechazo al Gobierno de Boric (73% de desaprobación) hizo que el discurso populista de Parisi calara «muy hondo» en ellos. (NP-Gemini-Claudio Pizarro/El Mostrador)