Cuando pensaba haberlo visto todo…🤦🏻🤮 Ahora esto:. COLONIA DIGNIDAD entra a la campaña presidencial y apoya a KAST. Entre N4Zis se entienden. @jeannette_jara #Elecciones2025 pic.twitter.com/urJlwl0Ar3
— Winfried Hempel (@WinfriedHempel) December 4, 2025
Por Álvaro Ramis
No es un rumor, ni una inferencia política, ni una exageración de la campaña. Es una declaración pintada a mano, expuesta a la vista de todos en el acceso principal. Un cartel en la entrada de Villa Baviera, la ex Colonia Dignidad, anuncia sin rubor su preferencia electoral: “Aquí se vota por Kast”. La frase, aparentemente inocente como cualquier propaganda vecinal, es en realidad un símbolo cargado de una historia tenebrosa y una contradicción política profundamente inquietante.
Este anuncio no surge en el vacío. Coincide en el tiempo con una noticia judicial que estremece por lo que autoriza y por lo que normaliza. Un juzgado de garantía de Talca ha autorizado, a petición de Carabineros, el “uso de la fuerza pública” para ingresar al fundo de Villa Baviera a cumplir una orden de desalojo. La justicia debe recurrir a una medida tan extrema para que el Estado pueda ejercer su soberanía en un territorio que, por décadas, operó como un enclave al margen de la ley. La misma semana en que la justicia recuerda a golpe de martillo que ese lugar no está por encima de las instituciones, sus habitantes proclaman su apoyo a un candidato cuya retórica se fundamenta precisamente en el orden, la ley y el Estado fuerte.
He aquí la primera y más cruda contradicción. ¿Qué entienden por “ley y orden” quienes habitan un sitio que históricamente desobedeció toda ley y creó su propio orden perverso, basado en el abuso, el secretismo y la impunidad? El apoyo a Kast, quien se presenta como el paladín de la seguridad y la autoridad, surge desde un enclave que fue la negación misma de la autoridad estatal y la seguridad jurídica para cientos de víctimas de tortura, abuso sexual y esclavitud. Es un apoyo que, visto desde la historia, parece menos una adhesión a la institucionalidad y más una añoranza por un régimen de control absoluto y obediencia incuestionable.
La segunda contradicción es moral y humana. La Colonia Dignidad no fue solo un refugio para un criminal de guerra nazi. Fue una máquina de destrucción humana que funcionó con la complicidad de aparatos del Estado en distintas épocas. Apoyar a un candidato que constantemente relativiza las violaciones a los derechos humanos, que mira con desdén las conmemoraciones del período más traumático de Chile y que atrae a adherentes que niegan o minimizan lo ocurrido, es una forma de blanquear el pasado. Es como si el cartel dijera: “Aquí, donde ocurrió lo indecible, votamos por quien nos permite no hablar de ello”. Es el voto del olvido impuesto, de la página en blanco que en realidad está llena de sangre.
Finalmente, este episodio revela una verdad incómoda para la política tradicional. Mientras los partidos analizan macrosectores y tendencias, en el territorio persisten microcosmos con lealtades definidas por historias de poder local y supervivencia grupal. El voto de Villa Baviera no es volátil ni se debate en la centroizquierda. Es un voto duro, forjado en la lógica del enclave autosuficiente y la desconfianza hacia un “exterior” al que siempre consideraron hostil. Kast, como figura que se levanta contra el “establishment” político y exalta valores comunitarios cerrados, se convierte en su representante natural.
El cartel en la entrada es, por lo tanto, mucho más que un aviso electoral. Es un recordatorio físico de que las heridas de Colonia Dignidad no están sanas, sino politizadas. Es la prueba de que su legado no es solo un museo del horror, sino una postura política activa en el presente. Y es, sobre todo, una advertencia: cuando un candidato recibe el apoyo explícito de los herederos de uno de los episodios más siniestros de la impunidad en Chile, no estamos hablando sólo de preferencias políticas. Estamos siendo testigos de cómo la memoria, tergiversada, se transforma en un instrumento para ganar una elección.
El Estado tuvo que autorizar el uso de la fuerza para entrar. Pero las ideas que allí se cultivan salen libremente por la puerta principal, camufladas en un simple cartel de campaña. El problema no es que voten. El problema es qué significa, para Chile, que ese sea su voto.

Álvaro Ramis es Rector de Universidad de Humanismo Cristiano de Chile.
Santiago de Chile, 5 de diciembre 2025
Crónica Digital