
Astérix el Galo no solo es uno de los mejores cómics del mundo, sino que es un pilar clave de la cultura popular de los siglos XX y XXI. Se le considera a menudo la cumbre de la bande dessinée franco–belga, con una carga de sátira social que lo hace único. Fue creación del guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, ambos franceses y hoy fallecidos, y vio la luz en el número 1 de la revista “Pilote”, el 29 de octubre de 1959.
Siempre se ha caracterizado por sus anacronismos, incorporando personajes y hechos de la sociedad contemporánea a historias que ocurren en el año 50 a.C. Uno de los más recientes fue a propósito del relato sobre una joven gala, Adrenalina, hija del jefe galo Vercingétorix. La adolescente, insurrecta como su progenitor, tiene evidente parecido con Greta Thunberg, la reconocida activista verde de origen sueco.
Los hechos acontecen en el álbum “La Fille de Vercingétorix” (La hija de Vercingétorix), el número 38, publicado el 24 de octubre de 2019, con guion de Jean–Yves Ferri y dibujo de Didier Conrad, quienes se hicieron cargo de Astérix luego de la partida de Uderzo de este mundo, la que fue antecedida por la muerte de Gozcinny. Era el cuarto álbum de Astérix en que no participaron ninguno de sus creadores originales. Tuvo una tirada de cinco millones de ejemplares, fue récord de ventas y se publicó en forma simultánea en 15 idiomas y unos 30 países. Su lanzamiento coincidió con el 60 aniversario de la creación de Astérix.
UN FENOMENO CULTURAL
Hasta ahora, Astérix acumula unos 385 millones de álbumes vendidos, 41 publicados entre 1961 y el año pasado. Ha sido traducido a más de 111 idiomas y dialectos (incluyendo el latín y el esperanto). Su reconocimiento ha sido institucional, académico y cultural. Sus creadores llegaron a ser condecorados con la Legión de Honor, la más alta distinción en Francia.
Con una única excepción, las historias se inician con una presentación que es una síntesis de su premisa argumental: “Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductible galos resiste ahora y siempre al invasor”.
Todos los argumentos devienen desde allí: el imperio romano, al mando de Julio César, intenta una diversidad de tácticas para sojuzgar a estos rebeldes y terminan derrotados. En otras ocasiones, Astérix y su amigo Obelix tienen que desplazarse fuera de su territorio para acudir, con espíritu internacionalista, a colaborar con la rebelión de otros pueblos que están dominados por los romanos, por lo que marchan a otras latitudes, generalmente con su perro Ideafix. También son visitados en búsqueda de ayuda por otros galos o por personas de lugares lejanos.
Todas esas proezas son facilitadas por una poción mágica que prepara Panorámix, el druida, que otorga una fuerza sobrehumana a quienes la toman.
Lo fascinante de los relatos es que, a partir de ese corazón argumental, se tejen historias con una enorme riqueza y densidad argumental.
El pueblo está ubicado en un lugar ficticio indeterminado, en un lugar de Armórica, que es la actual Bretagne de Francia. Aunque Uderzo y Goscinny enfatizaron que eran antepasados de los franceses, las Galias eran un territorio que incluía a lo menos partes de países como Francia, Bélgica y Suiza, e incluso zonas de Alemania y Holanda. En la realidad histórica, en el marco de la invasión al territorio galo, emergió un jefe rebelde, Vercingétorix, que intentó unir a todas las tribus de esos territorios para luchar en contra del imperio. Tras su derrota en la batalla de Alesia, la Galia pasó a ser provincia romana.
Precisamente la joven Adrenalina, inspirada en Greta Thunberg , es hija de Vercingétorix lo que es completamente ficticio. Fue creada a propósito para narrar una nueva historia de Astérix que se hace cargo de realidades del mundo actual.

Por cierto, no es la primera vez que las historias de Astérix se sumergen en las complejidades de los conflictos del mundo contemporáneo. “Obelix y Compañía” es una despiadada crítica al capitalismo, el que Roma intenta introducir en el pueblo galo para corromperlos. En “La Residencia de los Dioses” hay un duro cuestionamiento a la especulación inmobiliaria y la gentrificación, que el imperio se propone implantar para poner fin la identidad de la aldea gala y asimilarla.
En “Astérix en Hispania”, el pequeño Pepe, hijo de un jefe rebelde, es secuestrado por Julio César, no sin antes que el niño les grite: “¡No pasarán”: la consigna emblemática de los republicanos españoles frente al fascismo. Cuando se publicó el cómic en 1969, Franco aún estaba en el poder. Que Uderzo y Goscinny pusieran la consigna en boca de un niño hispano que resiste al Imperio Romano fue un gesto de valentía y una clara declaración de simpatía hacia los movimientos de resistencia.
Y no son los únicos ejemplos que podrían ser citados.
LA GRETA DE ASTERIX
Las similitudes de Adrenalina con la activista verde son amplias. En primer lugar, el aspecto: la larga trenza con la que Greta se hizo conocida desde que en agosto de 2018, cuando tenía 15 años y se sentó a protestar frente al Parlamento de Suecia con su ahora histórico cartel: “Skolstrejk för klimatet” (Huelga escolar por el clima). Además, Adrenalina tiene en el cómic el mismo lenguaje no verbal: rostro de indignación, brazos cruzados, expresión de seriedad, enfado y determinación. “Frunce mucho el ceño”, comentan los habitantes de la aldea, en el momento de conocerla.
Es la imagen corporal de rebeldía con que se conoció la imagen de Greta Thunberg luego de su citado primer paso: en las protestas de los viernes (Fridays for Future), sus palabras impactantes en diciembre de 2018 en la COP24, y en septiembre de 2019, cuando pronunció su discurso del “How dare you!” (“¿Cómo se atreven?”), ante los líderes mundiales en las Naciones Unidas.
Además, son idénticos los caracteres de ambas: inconformistas e insumisas, y con capacidad de liderazgo.

“Astérix y Obélix regresan con una heroína que recuerda a Greta Thunberg”, tituló en Chile el portal de Radio Bío–Bío.
Considerando que “La Fille de Vercingétorix” fue publicada en octubre de 2019, parecían demasiadas coincidencias. Las similitudes son tan evidentes que es muy difícil no verlas.
En la presentación del álbum, los creadores intentaron bajar el perfil a las similitudes, pero no por completo. “Los dibujos estaban impresos cuando Thunberg empezó a ser conocida, pero obviamente hay parecidos”, dijo Jean–Yves Ferri, sin perjuicio de que la notoriedad de Greta se inició más de un año antes de la publicación del álbum. Didier Conrad aseguró que sus cuatro hijas adolescentes le sirvieron para imaginar a Adrenalina, pero reconoció que la coyuntura marcó la creación del personaje. “Son adolescentes de la misma edad que, como puede apreciarse, no están de muy buen humor, y como adolescentes tienen otra visión del mundo. Eso crea puntos comunes. Eso y la trenza”, bromeó.
En una entrevista con Radio Francia Internacional (RFI), Conrad aseguró: “Es una mera casualidad (el parecido con Greta) porque no había escuchado hablar de ella antes de verla en las Naciones Unidas. Pero efectivamente se parece a ella, incluso en su comportamiento: parece enojada de la misma manera”.
Más allá de estas similitudes, la historia está llena de guiños que hacen imposible no evocar la cruzada de Greta por la justicia social y ambiental.
La clave del argumento es que Adrenalina había sido confiada por Vercingétorix a dos de sus guerreros de confianza: Monolítix e Ipocalórix, jefes de un pueblo histórico: los Arvernos, ubicados en Arvernia, en la actual región de Auvergne. Desde la derrota en Alesia, la habían escoltado y protegido.
Los arvernos ya habían aparecido en un álbum anterior de Astérix (“El Escudo Arverno”), en que una de las bromas recurrentes de Goscinny y Uderzo fue que los arvernos “sesean” al hablar (en francés hacen un sonido “sh”), lo que se repite ahora. Monolítix e Ipocalórix se presentan ante Abraracúrcix, jefe del pueblo de Astérix, como miembros del Front Arverne de Résistance Confidentielle, “Frente Arverno de Rechichtencia Checreta” (FARC). Es bien evidente la alusión al grupo guerrillero colombiano, desmovilizado desde 2016.
La joven era perseguida por los romanos, pues Julio César quiere capturarla para reeducarla y convertirla en una “verdadera romana”. Para esos efectos, Monolítix e Ipocalórix piden a Abraracúrcix que quede bajo la protección del pueblo de los irreductibles, mientras que ambos viajan a Londinium (Londres), en Britania, para organizar una nueva ofensiva armada contra el imperio. En las historias de Astérix, los arvernos, el pueblo de Vercingétorix, han sido presentados como los más “duros” contra Roma, aún luego de la derrota de Alesia.
Monolítix e Ipocalórix no son solo dos jefes arvernos: son caricaturas de dos líderes de la resistencia europea durante la Segunda Guerra Mundial. Monolítix es el ex Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill. Ipocalórix es Charles de Gaulle, ex Presidente de Francia.
Ya en la aldea, Adrenalina se convierte en un “problema”: no es una damisela necesitada de protección, sino una joven rebelde, con una agenda propia marcada por la rebeldía frente al mundo heredado. Por primera vez, no tienen que rescatar a una “víctima”, sino tratar de seguir el ritmo a una adolescente que tiene sus propias convicciones. Su sueño es escapar y partir a un lugar llamado “Tule”, una “isla cubierta de flores”, en la “los romanos no me encontraran nunca”.
Adrenalina es una joven con determinación: tiene un objetivo claro y no se detiene. Tiene una mirada crítica a la autoridad. Por cierto, tiene cualidades de liderazgo, pues termina movilizando a los jóvenes de la aldea, a los cuales convoca a conspirar para posibilitar su fuga; en particular, Selfix y Blínix, los hijos adolescentes de dos personajes secundarios: el vendedor de pescado Ordenalfabétix y el herrero Esautomatix.
Una lectura superficial pudiera inferir que el corazón del relato es el “choque generacional”, como los medios de comunicación lo presentaron al momento de su lanzamiento. Ello, inserto en una estructura narrativa que incluía tópicos tradicionales de Astérix (los juegos de palabras, la poción mágica, las bofetadas a los romanos y un banquete final bajo las estrellas). En verdad, el relato es una fina representación de otros conflictos de la sociedad moderna, en los cuales se aprecia claramente una conexión con la figura de Greta Thunberg.
EL REPUDIO AL TRAIDOR
El principal enemigo directo en La hija de Vercingétorix no son las legiones romanas, sino un traidor: un arverno que integró las tropas rebeldes, Adictosérix, y que terminó trabajando para el imperio, al comienzo infiltrado y luego como agente. La figura del “colaboracionista” no es nuevo en el universo de Astérix: se le vio, por ejemplo, en “El Combate de los Jefes” (el traidor por ambición) y en “Astérix y el Caldero” (el traidor por codicia).
En el caso de Adictosérix, es un personaje más oscuro. Es el traidor que alega haber perdido la esperanza y concluye que la resistencia es inútil. Al intentar capturar a Adrenalina, parece intentar “entregar” un símbolo fundamental de su pasado revolucionario para consolidar su inserción en el nuevo orden romano.
Cuando en el álbum llega al campamento romano fortificado de Babaorum, uno de los que rodea permanentemente el pueblo de los galos irreductibles, se presenta de la siguiente forma: “Soy silencioso como todos los exploradores y pérfido como todos los traidores”…
Lo que une a los tres casos es que Roma nunca los respeta. César los usa como herramientas, pero los desprecia profundamente. Al final, los traidores siempre terminan en una situación ridícula o humillante en las historias de Astérix, lo que refuerza el mensaje central de que la lealtad a los principios es lo único que te mantiene “invencible”, con o sin poción mágica.
Es inevitable recordar que ese perfil no solo es una caricatura, sino que remite a una herida histórica: el viejo revolucionario que, tras la derrota o el cansancio, termina convirtiéndose en el delator o el “técnico” que colabora con el enemigo o adversario de ayer. Al igual que Adictosérix, es valioso para el poder por su información privilegiada: es la traición desde el conocimiento íntimo. Para justificar su renegación ante sí mismo, necesita convencerse (y convencer a los demás) de que Vercingétorix (o la revolución) es un mito muerto y lo único inteligente es pactar con el poderoso de turno.
“El mundo ha cambiado. ¡Vosotros irreductibles cavernícolas, refractarios al cambio, no habéis entendido nada! ¡El futuro pertenece a César y sus seguidores!”, le espeta Adictosérix a Edadepiedrix, un anciano de la aldea irreductible que en el pasado combatió al imperio romano junto con el ahora traidor.

Más tarde, luego de intentar capturar a Adrenalina; ser derrotado por Astérix, Obelix y su perro Ideafix; y ser repudiado hasta por piratas, Adictosérix se escapa nadando en el mar y gritando: “¡Roma! ¡Roma! ¡Gloria a César!”.
Su destino final rompe con el tono habitual de la serie y marca un precedente más sombrío que otros “villanos”. La narrativa toma un giro casi “noir”, pues se sugiere que en el mar fue devorado por un tiburón. Que sea un tiburón (un depredador que no entiende de política ni de traiciones, solo de naturaleza) le quita la “dignidad” de una derrota militar. Es un final solitario y oscuro, lejos de las bofetadas cómicas de Obélix. Una señal de desprecio al que vende el alma de su pueblo. Para los autores, la humillación física no pareció ser suficiente para compensar esa bajeza moral.
Por cierto, la pérdida de noticias de su agente le resulta indiferente por completo a Julio César, cuando es informado.
Con todo, prevale el optimismo inquebrantable de las serie de Astérix. A pesar de ese castigo oscuro para el traidor, el álbum termina con la libertad de Adrenalina y con el banquete de siempre. La aldea de los irreductibles sigue siendo aquel lugar donde, pase lo que pase en el mundo exterior, siempre hay un sitio en la mesa y voluntad de resistir, todavía y siempre, al invasor.
Es interesante que los autores decidieran poner enfrentado el traidor con una juventud que no tiene miedo y con unos piratas que, aunque marginados, mantienen una ética propia.
Mientras Adictosérix representa la claudicación moral del que “estuvo ahí y se vendió”, Adrenalina representa la pureza del que “está llegando y no se deja comprar”.
EL SUEÑO DE TULE
En ello es posible, por los rasgos de Adrenalina que tiene en común con Greta Thunberg, en primer lugar el ambientalismo. Se expresa en la crítica a la caza y consumo del jabalí, símbolo supremo de la dieta de los galos: “¡Al ritmo que cazan jabalíes, pronto se extinguirán!”. Se nota también en el rechazo a la contaminación del mar: “Es sistemático! Primero venga a consumir, y luego, venga a tirar! ¡Igualito que el sobreconsumo de jabalíes!”… En ambos casos, Selfix y Blínix, aliados de Adrenalina, son portavoces. Es el lenguaje de movimientos sociales actuales puesto en labios de los galos de hace más de dos milenios.
Por otro lado, es significativo que sean los piratas los que mejor empatizan con Adrenalina y adhieren a su sueño de marchar a Tule. Esos hombres del mar son personajes habituales de las historias de Astérix, como “punching ball” recurrente y cómico. Ahora se les muestra como marginados por la sociedad, por lo que es significativo que sean los únicos que, al parecer, comprenden o apoyan a Adrenalina, y desean acompañarla en su viaje a Tule. Ella no encaja en la estructura jerárquica de la aldea, ellos viven fuera de la ley y de las fronteras. Es una alianza de los excluidos y los disidentes.

Los piratas en Astérix siempre han sido los eternos perdedores, los marginados que acaban con el barco hundido en cada álbum. Al encontrar a Adrenalina, no ven solo a una joven: ven un símbolo de resistencia y la esperanza de una nueva vida. Al igual que Greta ha sido adoptada como estandarte de lucha contra el establishment, los piratas ven en ella la chispa que les falta. Su presencia inspira a estos parias del mar.
Esto demuestra que el conflicto no es “jóvenes contra viejos”. Es una convergencia entre quienes son desplazados o ignorados por el sistema: la joven que sostiene el sueño de un nuevo mundo y los piratas que siempre pierden.
Al unir estos elementos, el álbum nos dice que Adrenalina no es solo una chica rebelde: es la expresión de una nueva conciencia. Greta no solo lucha por el clima, sino también por la justicia social: contra una forma de hacer política y economía que ignora el futuro. Por su parte, Adrenalina no solo escapa de César, escapa de un destino marcado por la violencia.
El objetivo de Adrenalina de llegar a Tule tiene fuerte carga simbólica: representa el lugar de la “utopía”, por usar un término de Santo Tomás Moro. Es una forma poética de señalar que la joven gala (como Greta) sueña con otro mundo. Ello lo expresa bien que el joven navegante que termina transformándose en su compañero y la lleva a Tule se llama Letitbix, homenaje obvio a John Lennon: una alusión a “Let It Be”, uno de los himnos de Los Beatles.
De hecho, en la primera aparición de Letitbix, entona una canción que es una paráfrasis del tema de Lennon “Imagine”: “Diréis que soy un soñador, pero, como vosotros, creo que un día triunfará la paz. Ya no habrá fronteras, romanos y galos cambiarán sus armas por flores y juntos sembrarán grano a los cuatro vientos”.
Letitbix quiere salir del sistema: “Tule” es la realización física de “Imagine”. Quiere una vida en paz, lejos de jerarquías y violencia. Por eso se suma a la travesía de Adrenalina, hasta llegar a una isla caribeña sin fronteras, sin posesiones y con armonía. Ella representa la acción y la protesta (como Greta), y él representa el sueño de un mundo post–estructuras (como Lennon). Juntos forman una fuerza que el viejo mundo no puede procesar.
El hecho de que no lleguen a finalmente a Tule (un lugar que en la mitología antigua era frío, brumoso y sagrado, y “europeo”) y acaben En el Caribe, es el giro final de la alegoría: la utopía no es un lugar que está en los mapas viejos, sino un lugar que se descubre cuando se tiene el valor de navegar.

Jean–Yves Ferri y Didier Conrad no dicen cuál es este lugar, limitándose a mostrarlas como un lugar caribeño y consignar que eran unas “islas más lejanas”. Aunque el paisaje podría ser cualquier rincón de las Antillas, la interpretación predominante es que se trata de San Bartolomé (Saint–Barth) por un motivo cultural, que es un enclave territorial francés… y que en el pasado estuvo bajo control de Suecia y aún tiene población de ese origen.
También podría ser Cuba… Si salieron desde las costas de la Galia y siguieron las corrientes hacia el oeste, sería un destino natural, tal como le ocurrió a Cristobal Colón, quien dijo que “esta es la tierra más hermosa que jamás ojos humanos vieron”.
El álbum no es una simple “historia de adolescentes”: es una crítica sistémica muy profunda.
El paso del tiempo mostró que la rebelión de Greta no fue una mera rabieta de adolescente mimada, como intentaron sostener los que tienen intereses que proteger o los que habitan el mundo del individualismo o la estulticia.
El druida Panorámix comenta a Astérix, en las viñetas finales: “Su padre (Vercingétorix) le pidió a Adrenalina que siguiera resistiendo y que fuera libre, y eso es lo que ha hecho”.
Por Víctor Osorio. El autor es periodista.
Santiago, 20 de febrero de 2026.
Crónica Digital.