¿Celebramos la matemática… o seguimos celebrando al matemático? – Crónica Digital

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Por Claudia Vargas Díaz

Pasan los años y las brechas de género continúan presentes en distintos escenarios relacionados con la matemática.

Uno de los ejemplos más recientes se observa en los resultados del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (Simce), que evidencian una preocupante diferencia en los puntajes entre niños y niñas tanto en 4° básico como en II medio. Estos datos no solo describen una realidad, también nos entregan señales claras para tomar decisiones a tiempo. Como hemos señalado en reiteradas ocasiones, las emociones hacia la matemática juegan un papel importante en estos resultados. La pregunta entonces es inevitable: ¿qué estamos haciendo para atender esas emociones?

Otro escenario preocupante es la escasa participación femenina en carreras que involucran asignaturas matemáticas como Cálculo, Álgebra o Ecuaciones Diferenciales. Esta situación se traduce, a largo plazo, en una subrepresentación de mujeres en áreas estratégicas donde se toman decisiones importantes para el país: medio ambiente, desarrollo tecnológico, urbanismo, recursos naturales, entre otras. En muchas comisiones resulta casi natural ver mayoritariamente varones. Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿dónde están las mujeres? ¿Qué pasó con las chicas que ingresaron a primer año de ingeniería?

Pero también debemos mirar hacia el interior de nuestra propia disciplina. Las mujeres matemáticas seguimos siendo pocas. Los departamentos de matemática en las universidades aún presentan una baja presencia femenina. Y con frecuencia se espera que las académicas se concentren en tareas de docencia, divulgación o gestión administrativa. ¿Es la tradición? ¿O es que se considera que su virtud está únicamente en esos ámbitos?

A veces pareciera que la solución pasa simplemente por “poner” mujeres en ciertos cargos para mostrar avances en materia de equidad. Sin embargo, muchas veces el estilo de liderazgo y las estructuras de poder permanecen intactas. La igualdad no se alcanza solo con números ni con un 50% de mujeres en los cargos: requiere transformar culturas institucionales que, en ocasiones, siguen funcionando bajo lógicas casi medievales. Y no deja de ser evidente que aquellas mujeres consideradas “políticamente incorrectas” difícilmente ocuparán esos sillones ni serán reconocidas, porque incomodan y hieren susceptibilidades.

Por eso vale la pena preguntarse, cada vez que celebramos esta disciplina:
¿Estamos celebrando realmente el Día de la Matemática, o seguimos celebrando, de manera implícita, el día del matemático?

Basta recordar algunos ejemplos para entender que la matemática no conoce de género. Una gran cantidad de avances en la historia de la matemática fueron alcanzados por mujeres: Teano de Crotona, Hipatia de Alejandría, Sofia Kovalevskaya, Florence Nightingale, Sophie Germain, o las contemporáneas Alice Silverberg y Shafi Goldwasser, entre muchas otras que podrían mencionarse, pero que —por razones que podemos imaginar— han sido menos visibilizadas que los grandes matemáticos de la historia.

Ellas también fueron y son grandes matemáticas. Y hoy existen muchas matemáticas trabajando por la disciplina y por iluminar el camino de las que vienen. Lo que falta es visibilizar su trabajo, invitarlas a levantar la voz y reconocer su trayectoria. Su esfuerzo en doctorados presenciales, dejando atrás su país y sus costumbres, cambiando de idioma, su esmero y su entrega merecen ser reconocidos.

También han debido enfrentar micromachismos que para algunas personas siguen pareciendo situaciones “naturales”. Por ejemplo, la idea de que una mujer necesite ser “apadrinada” por hombres con poder para avanzar en su carrera.

La matemática no tiene género. Pero las oportunidades, el reconocimiento y el poder dentro de ella, muchas veces sí.

Si queremos hablar de equidad en matemática, no basta con sumar nombres de mujeres a las listas. Se trata de cambiar las reglas del juego. Porque la matemática no necesita más celebraciones simbólicas. Lo que necesita son espacios donde las mujeres puedan pensar, investigar y decidir en igualdad de condiciones. Algo como su habitación propia.

Claudia Vargas, académica del Departamento de Matemática y Computación de la Usach.

Santiago de chile, 17 de marzo 2026
Crónica Digital

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