
Por Francisco Villa
Los justicieros, abandonaron el territorio físico y existencial de los precarios y comenzaron a disputar con escuálida suerte, en nombre de éstos, el espacio que desde siempre los abundantes habían ocupado. Sin embargo nunca pudieron ganarlo plenamente, lejos de quitárselo, los justicieros, terminaron acomodándose marginalmente en las instituciones de los abundantes, convirtiéndose así, en una membresía más, que terminaba por acción u omisión, legitimando la abundancia de los de siempre.
Mientras tanto los abundantes, al ver abandonado a los precarios, convenientemente comenzaron a ocupar toda su maquinaria de seducción, para ganarse interesadamente su favor y su voto. Los precarios al verse desamparados por los justicieros, se abrazaron a los abundantes, creyéndolos sus salvavidas, No había otra manera de sobrevivir en el naufragio y así prosiguió la historia de su tragedia. El precariado, viéndose entonces comprometido por el rescate, continuó per saecula saeculorum, sometiéndose con sus precariedades a los designios de los abundantes y soslayando su abundancia, tan inevitable como lejana.
Mientras tanto, los justicieros deambulan con cara de derrota, llorando la pérdida de sus privilegios pírricos, preguntándose… qué pasó que los precarios ya no confiaban en ellos… Transcurridos los aires electorales, los precarios, volvieron a comprobar en carne propia y estómago adentro, que su precariedad pasada y presente, seguiría estrujando sin contrapeso, su irredimible porvenir.

Por Francisco Villa, el autor es cantautor.
Santiago de Chile, 15 de diciembre 2025
Crónica Digital