
Este 27 de diciembre conmemoramos 162 años como partido con el corazón lleno de historia y convicción, reciban un fraternal y sincero saludo en este momento de reflexión y proyección. Al cerrar un ciclo de nuestra historia partidaria, debemos reafirmar con convicción la plena vigencia de los principios que han dado sentido al radicalismo chileno: la democracia, la laicidad, la justicia social, la educación pública y la defensa irrestricta de los derechos humanos. No somos un recuerdo del pasado; somos una tradición política que ha sabido enfrentar a lo largo de la vida republicana de Chile la injusticia, el autoritarismo y los privilegios, siempre del lado de la democracia y del pueblo de Chile. No despedimos ideales ni banderas; reafirmamos una identidad forjada en la lucha por la libertad, la dignidad humana, la educación y la justicia social.
El Partido Radical ha sido protagonista fundamental en la construcción de la República, aportando ideas, liderazgos y reformas que marcaron el progreso de Chile. Hoy, al concluir una etapa, no hablamos de un final, sino de una renovación consciente y responsable frente a los profundos cambios sociales, políticos y culturales que vive nuestro país, pero también nuestra propia militancia. Nuestra historia no se archiva ni se negocia. Es la historia de mujeres y hombres que impulsaron la educación pública, el Estado laico, los derechos sociales y las libertades civiles cuando otros defendían el inmovilismo y la exclusión.
Hoy, frente a la desigualdad persistente, la concentración del poder y la desafección ciudadana, reafirmamos que el radicalismo sigue siendo necesario. Los desafíos que se abren exigen un radicalismo moderno, cercano a la ciudadanía, capaz de dialogar con las nuevas generaciones, fortalecer la participación política y ofrecer propuestas y respuestas claras frente a la desigualdad, la crisis de representación, el desarrollo sostenible y la profundización de la democracia. Todo esto no es solo hacia afuera de nuestra colectividad es también al interior, debemos ser capaces de mirar con resiliencia este momento y proyectar no solo nuevos liderazgos, si no que las formas de llevarlos adelantes debe ser también una reflexión y compromiso para el futuro de nuestros ideales.
Que el término de este ciclo no sea una retirada, sino un punto de inflexión. Es tiempo de unidad, de mucho trabajo, de consecuencia y de lucha política con sentido transformador.