
Por Álvaro Ramis
Por momentos, la diplomacia internacional parece un teatro donde todos recitan el mismo libreto liberal —soberanía, cooperación, normas compartidas— hasta que uno de los actores recuerda que el escenario tiene dueño. Eso es lo que ha ocurrido esta semana con la decisión del Departamento de Estado estadounidense de revocar la visa a tres funcionarios del gobierno chileno, acusados —sin notificación previa ni evidencia pública— de “socavar la seguridad regional”.
La reacción de Santiago ha sido tan sobria como reveladora. El gobierno chileno expresa “sorpresa”, convoca al embajador y reafirma principios: independencia, soberanía, prácticas diplomáticas. Pero al mismo tiempo, en el mismo párrafo, recuerda que Estados Unidos es “un aliado histórico y estratégico”. En esa simultaneidad —rechazo y reafirmación— se condensa la posición de muchos Estados integrados al orden liberal occidental: protestan contra el gesto, sin cuestionar la arquitectura que lo hace posible.
Es esta la paradoja del liberalismo internacional: un sistema que proclama la igualdad soberana mientras organiza jerarquías efectivas de poder. Chile es, en ese sentido, un caso ejemplar de Estado “cumplidor”: tratado de libre comercio, alineamiento occidental, cooperación en seguridad, estabilidad macroeconómica. No es un disidente geopolítico ni un adversario estratégico. Y sin embargo, basta una sospecha unilateral para que Washington aplique sanciones administrativas sin explicación pública.
El punto no es la visa. Es la asimetría.
Cuando Estados Unidos invoca la “seguridad regional”, lo hace en nombre de un universal: la estabilidad del continente. Cuando Chile invoca la “soberanía nacional”, también habla en nombre de un universal: la igualdad jurídica de los Estados. Ambos usan el lenguaje del orden liberal. Pero solo uno puede traducir ese lenguaje en consecuencias materiales inmediatas. La universalidad se vuelve, así, selectiva.
Santiago subraya —con razón— que no es práctica diplomática anunciar sanciones sin notificación previa. Pero la historia de las relaciones interamericanas muestra que la práctica real ha sido siempre más flexible para la potencia hemisférica que para sus socios. La protesta chilena es, por tanto, menos una denuncia del excepcionalismo estadounidense que una apelación a que ese excepcionalismo se ejerza con formas más discretas.
Aquí reside la dimensión más interesante del episodio. Chile no cuestiona la legitimidad de la categoría “seguridad regional” ni el derecho de Washington a protegerla. Cuestiona el procedimiento y la unilateralidad. Es decir: discute la modalidad del poder, no su fundamento. Como si el problema no fuera la jerarquía, sino la brusquedad con que se la recuerda.
En esto se ilustra cómo los Estados periféricos integrados internalizan el orden liberal: buscan reconocimiento de igualdad dentro de una estructura que distribuye autoridad de manera desigual. La protesta diplomática se convierte en una petición implícita de trato entre iguales, dirigida precisamente al actor que encarna la desigualdad.
No hay ruptura, entonces, sino normalidad estructural. El liberalismo internacional funciona: normas compartidas en el discurso, poder diferenciado en la práctica. Chile responde como socio responsable; Estados Unidos actúa como garante autoasignado de la seguridad continental. Ambos papeles están escritos desde hace décadas.
La sorpresa chilena, si es sincera, no proviene del acto mismo, sino de su explicitud. Porque el orden liberal global descansa en una ficción necesaria: la de que la cooperación entre iguales oculta relaciones de primacía. Cada tanto, un gesto administrativo —una visa revocada, una sanción selectiva, una advertencia pública— rasga el velo.
Y entonces, por un instante, la igualdad soberana vuelve a verse como lo que es: un ideal normativo que convive, sin resolverla, con la persistencia muy real de la jerarquía.

Álvaro Ramis es Rector de la Universidad de Humanismo Cristiano de Chile. Miembro del Consejo Editorial de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 21 de febrero 2026
Crónica Digital