
Por Marcel Garcés Muñoz
Estamos en el umbral de un nuevo ciclo político y social de Chile, tras un proceso complejo de circunstancias complejas y ciertamente en un escenario pleno de avances, proyectos, sueños, utopías, pero también de retrocesos, frustraciones, incertidumbres y graves amenazas políticas y sociales.
Pero también de esperanzas, de perspectivas y de proyecciones históricas, responsabilidad patriótica y dignidad histórica.
El escenario político y social nacional, así como el internacional y regional, contiene más interrogantes que certezas, y demanda de los actores de las fuerzas en pugna, y de los líderes, reflexiones urgentes y voluntades y acciones responsables, capacidades de movilización, convicciones.
En los últimos días se ha acelerado, de manera insolente la ofensiva del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra la soberanía y la dignidad nacional, la autodeterminación e independencia nacional.
No hay que equivocarse.
A pretexto de una negociación soberana de Chile sobre un proyecto de instalación de un cable submarino de comunicaciones entre Valparaíso y Hong Kong, y la Casa Blanca pretende amenazar, atacar, agredir a Chile y su derecho a adoptar sus políticas soberanas de desarrollo, interferir en sus relaciones internacionales y agredir la soberanía nacional y hasta chantajear a sus autoridades, impidiéndole el ingreso a su territorio y el cumplimiento de misiones de su rango, y tareas oficiales, a un ministro chileno y a funcionarios gubernamentales de nuestro país.
Pero no se trata de una simple vileza, un desatino o el capricho de un enajenado en condiciones de euforia etílica o de drogadicción, sino de una agresión política deliberada, del ejercicio descarado de una doctrina imperial colonialista, y de agresión y una ocupación regional, en un escenario de guerra global.
No se trata solo de un cable submarino.
De lo que se trata es de una estrategia de dominación, de prepotencia imperial, de la pretensión de una ocupación política económica y militar, de una agresiva acción contra los derechos soberanos, y el ejercicio de la democracia, en el marco de una descarada estrategia global de dominación global
No se trata de la democracia, ni de las libertades, de los Derechos Humanos, del supuesto Orden o el progreso, los buenos negocios. como parecen entender, argumentar o argumentar algunos ingenuos de mala memoria y pésimos antecedentes.
Se trata del viejo objetivo de “América para los Americanos”, la Doctrina Monroe, del Patio Trasero, de una intromisión descarada en las esferas de la soberanía nacional, voluntad de un gobierno, de un país, de una ciudadanía, de ejercicio descarado de la amenaza del poder diplomático, económico, militar del Imperio por sobre la libre determinación de los pueblos, y de sus derechos democráticos, su dignidad.
La pretensión imperial es clara: no se trata de la democracia, entendida en el léxico colonialista como el tutelaje de los intereses del Imperio, de las transnacionales del complejo militar industrial, sino del poder global, del dominio de las riquezas mineras, energéticas, del poder económico y territorial, para su ofensiva bélica de la conspiración, por el poder global.
Esto se entiende mejor si se ubica la retórica o los exabruptos de Trump, en la aplicación de las tesis de la geopolítica, como el expansionismo, el dominio territorial, económico, de las riquezas energéticas, de los recursos minerales, de la capacidad tecnológico y científica, el uso de la fuerza, la ocupación territorial, el exterminio de pueblos y civilizaciones enteras, el genocidio o la práctica del complot, el boicot y la intervención subversiva ejercida a través de los recursos de la diplomacia, el espionaje, la guerra sicológica, ls ingerencia como instrumentos del poder imperial, la manipulación de los poderes económicos , el boicot económico, o la franca subversión, como instrumento y práctica conspirativa, de su discurso, en el objetivo constante de su accionar político concreto.
El Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, fue insolente y temerario al señalar que la medida de negar visas para el ingreso a Estados Unidos del ministro de Transporte de Chile, Juan Carlos Muñoz, otros funcionarios gubernamentales del país, aduciendo que las negociaciones en curso por el mentado cable, y agregar que esa práctica gansteril se extienden a “sus familiares directos”.
Ha aprendido mucho en su vida en Estados Unidos, este personaje.
La razón de Trump y Rubio para este actuar prepotente, inamistoso y amatonado, fue que la acción soberana y legitima de Chile, de desarrollar su capacidad de comunicaciones internacionales afectaría la seguridad nacional de Estados Unidos.
Rubio fue explicito que, en opinión de la Casa Blanca que la iniciativa del cable de Fibra Optica Submarina, – aún en examen en Chile –comprometería la “infraestructura crítica de telecomunicaciones y erosionaría la seguridad regional en nuestro hemisferio”.
Rubio argumentó que “estas acciones reafirman, el compromiso del presidente Trump de proteger la prosperidad económica y los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos en nuestra región.
Y agregó, con el dedo en el gatillo, que “Continuamos promoviendo la rendición de cuentas de ciudadanos chilenos quienes intencionalmente actúan para desestabilizar nuestro hemisferio”, acusando al mandatario chileno de “acciones que, en última instancia, socavan la seguridad regional, a expensas del pueblo chileno”.
Queda claro entonces el sentido colonialista de Washington respecto al respeto de la soberanía nacional de Chile y el resto de los países de la región.
Y por lo mismo no es de extrañar que la anunciada presencia en Chile el 11 de marzo, de Rubio, este Ministro de Colonias, del gobierno de Trump, genere repudio, desagrado y rechazo ciudadano en el país.
Por cierto, el gobierno de Chile, el Presidente Gabriel Boric, han respondido con dignidad y firmeza a la insolencia de Estados Unidos,
Boric respecto de las decisiones fue claro al señalar que, “no aceptamos imposiciones de ningún otro respecto de decisiones soberanas que se toman en Chile, calificando la acción alevosa de Estados Unidos de “arbitraria, unilateral y sorpresiva” y que “Chile es y será autónomo en las decisiones que tome”.
Muy diverso parece ser el apresuramiento de otros, ansiosos de ponerse al servicio de la estrategia y los dólares de la Casa Blanca, y de viajar a un besamanos con Trump en Miami este 7 de marzo, en el “Trump National Dorat Miami- complejo hotelero del magnate, para alinearse con su estrategia de dominio global, que en el plano regional se denomina “Shield Of the Americans”- una definición de código militar, para una estrategia y operación castrense, política y económica, que debe ser traducida al castellano como “Escudo para los Americanos”, es decir para Estados Unidos y sus intereses y propósitos imperiales.

Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital
Santiago de Chile, 28 de febrero 2026
Crónica Digital