La unidad de las fuerzas de izquierda y centroizquierda en la Cámara Alta llegó a su fin esta semana, marcando el primer quiebre relevante del sector desde que asumieron su rol como oposición. La ruptura se originó tras el acuerdo alcanzado entre el oficialismo y el bloque compuesto por el Partido Socialista (PS) y el PPD, el cual estableció que la derecha encabezará la testera durante tres de los próximos cuatro años, dejando solo un periodo para el socialismo democrático.
El diseño final, que ratificó a Paulina Núñez (RN) como nueva presidenta del Senado, generó una profunda molestia en el Frente Amplio, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana, quienes se sintieron excluidos de la negociación final. En respuesta a lo que calificaron como un “aislamiento”, 11 parlamentarios de estas colectividades anunciaron la creación de un nuevo comité unido para actuar en bloque y exigir una representación equitativa en la conformación de las comisiones legislativas, donde las fuerzas se encuentran en un empate técnico.
Desde el Socialismo Democrático han defendido el pacto calificándolo como un acuerdo estrictamente administrativo para dar gobernabilidad a la corporación. Sin embargo, los senadores del nuevo bloque opositor, liderados por figuras como Daniel Núñez e Iván Flores, advirtieron que no suscribirán nuevos compromisos si no se garantiza su integración en las instancias de decisión. La situación instala un escenario de incertidumbre sobre la capacidad de articulación del progresismo frente a las reformas y propuestas del actual gobierno. (NP-Gemini-La Tercera)