Si en la temporada de 2022 solo 227 pasajeros se subieron al Tren del Vino, el pasado año la cifra creció a tres mil 868 y para el presente la meta es superar los cinco mil 500.
El programa actual contempla experiencias que combinan patrimonio y naturaleza con el enoturismo, una actividad que incluye visitas a viñedos y bodegas, encuentro con productores, catas, gastronomía y cultura local.
Abarcamos principalmente tres zonas geográficas: Cachapoal, Maule y Colchagua, donde estamos hoy día, explicó el funcionario durante una visita con la prensa acreditada al valle homónimo, ubicado en la zona central del país, a unos 150 kilómetros al suroeste de la capital.
“¿Qué es lo que buscamos? Primero promover el turismo ferroviario, segundo tener una experiencia sustentable y tercero integrarnos a la comunidad y su entorno”, dijo.
EL VIAJE
Cada sábado el tren parte de la Estación Central, en Santiago, hacia distintos destinos. En esta ocasión el escogido es el Valle de Colchagua.
A bordo del convoy los turistas pueden disfrutar de varias opciones, desde las degustaciones de vinos, presentaciones y hasta música en vivo.
El viaje a San Fernando, la capital de la provincia de Colchagua, dura poco más de una hora y en la propia estación a los viajeros los reciben con un pie de cueca, baile nacional de Chile.
Después continúa el recorrido por la Viña Casa Silva, fundada por el inmigrante francés Emilio Bouchon, quien arribó al país a fines del siglo XIX.
Se trata de un sector ubicado a los pies de la Cordillera de Los Andes donde se producen muy buenos vinos debido al clima, con veranos que se prolongan un poco más, explica a Prensa Latina el guía Cristian Calquit.
La viña tiene como emblema el carmenere, producido por una variedad de uva traída de Francia que en Europa se extinguió por una plaga y fue redescubierta en Chile muchos años después.
Calquit recordó que Chile es el cuarto mayor exportador mundial de vino, después de Francia, España e Italia, y esto es algo que posiciona al país internacionalmente.
Pero el Valle de Colchagua tiene muchas más potencialidades para el desarrollo del turismo, dice nuestro entrevistado.
Aquí no solo hay viñedos, también tenemos termas increíbles, huellas de dinosaurios y contamos con un glaciar que está dentro de una cueva, lo cual es algo maravilloso, explica.
TURISMO CULTURAL, OTRA FORMA DE CONECTAR CON EL MUNDO
Durante los últimos años el turismo cultural se ha consolidado como el segmento de mayor dinamismo dentro de la industria global de viajes.
Según informes del 360iResearch, el pasado año se alcanzaron seis mil 730 millones de dólares por ese concepto y la cifra crecerá a 18 mil 850 millones en 2032.
Eso significa un mayor interés de los viajeros por conectarse con las distintas culturas y conocer la vida en las comunidades, sus costumbres y tradiciones.
Chile cuenta con siete sitios declarados como Patrimonio Mundial por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y que generan mucho interés, tanto nacional como internacional.
Son ellos Las iglesias de Chiloé, el Campamento Sewel, el Parque Rapa Nui, las Oficinas Salitreras Humberstone y Santa Laura, la ciudad de Valparaíso, Qhapaq Ñan (Sistema Vial Andino) y el Asentamiento y momificación artificial de la cultura chinchorro.
De acuerdo con estudios publicados aquí, 34 por ciento de los extranjeros que visitan el país por vacaciones consideran la cultura local como la razón más influyente que motiva su viaje.
El Programa de Trenes Turísticos de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE) prevé incorporar a sus destinos al excampamento minero de Sewel, al cumplirse este 2026 el vigésimo aniversario de su declaración como patrimonio mundial.
También sumará al Parque Safari, un zoológico en la comuna de Rancagua creado hace dos décadas, y al Radal Siete Tazas, en la región del Maule, que conmemora 30 años desde su caracterización como Parque Nacional.
Texto y fotos. Carmen Esquivel
Santiago de Chile, 4 de abril 2026
Crónica Digital/Prensa Latina.