
Por Marcel Garcés Muñoz
Hemos dicho, en nuestro editorial previo a la primera vuelta presidencial del domingo 16 que esta era una batalla política trascendente, en una historia de lucha, avances y retrocesos, prueba épicas, momentos de avances y reflujos, de triunfos y sacrificios de generaciones de chilenos.
Al mismo tiempo, y ello queda evidente tras el escrutinio de de la jornada, se trata de un nuevo punto de partida para nuevos desafíos en una tarea histórica que sigue presente y pendiente, y que conforma un horizonte siempre en curso.
A nuestra generación le ha correspondido protagonizar momentos sin duda históricos, y grandes conmociones político sociales, y un proceso de luchas constantes en demanda de un futuro mejor para la democracia, para el progreso social, en la búsqueda de una sociedad más democrática, de progreso y justicia social, justa, igualitaria y la construcción de un futuro para los ciudadanos, hombres, mujeres, jóvenes, pueblos originarios- del país.
Los resultados del acto electoral no eluden ni cambian ese objetivo estratégico superior.
Y por lo mismo, la tarea y la misión histórica y nuestros compromisos, deberes, exigen un examen objetivo, crítico y autocrítico, sin duda, pero en una perspectiva de confianza en el futuro que hemos asumidos como necesario y posible.
Ello constituye nuestro compromiso histórico, plenamente vigentes, nuestros deberes como generación, patriotas, demócratas.
De lo que se trata entonces es examinar lo que hicimos bien, en que falló el discurso, en nuestra acción colectiva, nuestra retórica, en que fallaron nuestros mensajes, nuestras organizaciones, el por qué no encontramos acogida suficiente en nuestros interlocutores- los ciudadanos electores, los por qué no fuimos capaces- como individuos, partidos, como movimientos sociales, en convencer, movilizar al electorado, a los ciudadanos, a la joven generación de la justeza, originalidad, la oportunidad de comprometerse en un proceso de cambios, en al diseño de un proyecto por el cual ofrecer sus esfuerzos, su generosidad, creatividad, su romanticismo, su épica, su entusiasmo, su pasión.
En definitiva, convertir nuestro accionar individual y colectivo en fuerza movilizadora, en voluntad político electoral suficiente para dar vuelta el escenario, para volver a soñar con un triunfo determinante.
Pero también, a la luz de los resultados objetivos, tenemos el deber ciudadano, político y social de enfrentar con serenidad y objetividad el balance de la jornada vivida, asumir sus resultados objetivos que pudieron no ser los escenarios de triunfo aplastante, que dieran paso a una celebración bulliciosa.
La realidad demanda una reflexión a partir de los hechos concretos y los datos objetivos: Y ellos ayudan a un análisis sereno. Y deben ser leídos con la perspectiva estratégica de quienes apuntan al futuro.
Es decir, hacernos cargo.
Solo así se siguen abriendo los caminos, aprendiendo de las lecciones que entregan los datos, y no caer en un desencanto o desánimo fatalista, sino que inútil.
Este domingo 16 de noviembre de 2025, se jugó un episodio mucho más complejo que determinar una definición coyuntural entre triunfadores o derrotados.
Sin duda fue una confrontación más entre el revanchismo neoliberal, vengativo, retardatario y la defensa de la democracia, los derechos humanos, las libertades, la defensa de la vida, la justicia social, el futuro de una sociedad libre frente a un modelo totalitario, al terrorismo institucionalizado neofascista, militarizado, represivo y terrorista.
Claramente no fue una confrontación meramente electoral.
13 millones 475 mil 457 chilenos (un 85.9 del padrón electoral nacional de 15.7 millones de ciudadanos con derecho a voto) participaron del acto político electoral ritual, el primero con voto obligatorio e inscripción automática y la más alta participación de la historia del país.
Jeannette Jara, la candidata del progresismo, del cambio, de la defensa de la democracia y la seguridad, recibió la confianza- el voto- del 26.8 por ciento del cuerpo electoral, ocupando el primer lugar en el escrutinio nacional y un desempeño destacado en varias regiones demográficas y socialmente relevantes del país.
José Antonio Kast, candidato del pinochetismo y empresariado derechista del país- que recibió los entusiastas parabienes del mandatario argentino, Javier Milei, registró un 23.9 por ciento, pero objetivamente espera sumar a su segundo lugar, la votación de los sectores derrotados, algunos en vías desaparecer legalmente del escenario (el populista norteamericano-chileno, Franco Parisi (19.7%), Johannes Kaiser (13.5 ), Evelyn Matthei, reducida a un quinto lugar esmirriado 12.9 por ciento, y vergonzoso quinto lugar, y un desastre político de la tradicional coalición de Derecha conservadora, Chile Vamos y a sus partidos Renovación Nacional y la UDI, mas Evopoli, y otras camarillas nacionales e internacionales levantadas y financiadas por “El Mercurio” para confundir a la población, como Anarillos, Demócratas y otros facciones de distinto pelaje que definitivamente solo cumplieron un rol de distracción, aventurerismo, y sabotaje a la institucionalidad democrática nacional.
La prensa derechista, los “académicos” en el rol de analistas y profetas de un “Nuevo Orden” institucional, eluden referirse a la incorporación a la banda de los supuestos triunfadores del 16 de noviembre- del pinochetismo, de los violadores de los Derechos Humanos, y sus representantes en los comicios, que se apretujan en los pasillos para atribuirse un triunfo aplastante sobre la democracia.
Y se presentan o se pavonean como los nuevos “profetas” del modelo neoliberal, en los equipos económicos del futuro, para instalar una economía de guerra y despojo contra los derechos sociales, laborales, la institucionalidad democrática de los chilenos.
Pero un destacado “prócer” de Renovación Nacional, Cristián Monckeberg reconoció a pocas horas del escrutinio de la primera vuelta la desconsoladora verdad.
En una carta dirigida a los militantes de su colectividad indica que los resultados del 16 de noviembre “son un fracaso total” y reconoce que Renovación Nacional, la UDI y Evopoli, “han cumplido su ciclo”.
Es decir pasan a ser irrelevantes.
Por su parte Jeannette Jara, marcó en declaraciones a Chilevisión, la orientación estratégica de su campaña en el periodo hasta el 14 de diciembre, subrayando que “nos hace falta mucho conectar con la con la ciudadanía”.
Ello “significa desplegarse más y hablar de un modo mas claro”.
“Hay un deber importante que es poder dar respuestas más concretas a la ciudadanía y lo digo por Parisi, que si es el ganador de esta noche”, subrayó
“Entre Kast y yo, sumados, no logramos el 50 por ciento%, entonces hay un desafío grande de ambos. Algunos dicen que los votos son trasladables, pero es la realidad que se quiere transmitir dependiendo de qué sector político nos represente”.
Consultada sobre las posibilidades que tiene José Antonio Kast de ser presidente de Chile, la candidata indicó: “Tengo la convicción de que el partido de futbol se termina en el minuto 90 y si es que no tiene alargue”.
Entonces, hoy como ayer, pero en condiciones objetivamente complejas, se nos plantea una nueva tarea histórica, un escenario político, complejo, pero también una perspectiva épica, romántica, sin duda, correspondiente a una situación social, política, económica, históricamente distinta.
Pero el desafío sigue siendo la perspectiva de diseñar una estrategia de acuerdo al desafío de la tarea histórica, patriótica, democrática, de avanzar hacia una democracia superior, con un diseño de participación protagónica del pueblo en la lucha multitudinaria, por avanzar hacia una sociedad más justa.
Este es el significado de nuestra responsabilidad presente, de nuestro deber de configurar una vasta política de unidad de alianzas sociales y políticas que sea capaz de oponerse a esta perspectiva totalitaria, de oscuridad de la época cavernaria, de vuelta violenta a un pasado medioeval que creíamos había desaparecido, pero que revive en las trincheras del neofascismo, y el revanchismo social.
Las batallas que vienen serán complejas. Y van a requerir fortaleza, audacia, determinación e inspiración, convicción, creatividad, unidad, pero mucha resolución.
La tarea no es ni será fácil. El enemigo tiene fuerza política y económica, y no vacilará en utilizar la violencia y el gansterismo delictual.
Los predicadores del odio, del desprecio por el pueblo trabajador, los pobladores, los jóvenes, las mujeres, que amenazan con le Guerra Interna, el terrorismo, la violencia, la militarización de regiones, fronteras, poblaciones, e incluso con hacer explotar el Poder Judicial, Ministerios, Servicios Públicos, el sistema de Salud Pública, la cultura e instituciones educacionales, las instituciones de la Justicia, deben saber que sus pretensiones no son aceptadas por la ciudadanía.
Pero nosotros, el pueblo, la ciudadanía, las fuerzas políticas democráticas debemos fortalecer la defensa de la democracia con la fuerza conjunta del pueblo organizado, patriota, con un objetivo claro de profundizar y defender nuestra democracia, nuestros derechos sociales, humanos, educacionales, del trabajo, y mantenernos firmes con un objetivo sólido y una perspectiva de futuro unitario para el país, su pueblo y sus derechos.
Se trata de una conducta patriótica esencial.
Y este es un llamado a la acción responsable, pero decidida, a la movilización social, al protagonismo de la calle, de la organización ineludible del pueblo, al entusiasmo, Y a la creatividad, al amor, al desafío.
Y Jeannette Jara es mucho más que una esperanza, es un camino colectivo para fortalecer el protagonismo popular, la presencia del pueblo, de las masas organizadas, como actor, generador y arquitecto de su destino.
Hay un trabajo que hacer en estos escenarios de futuro.
Así la fuerza organizada de la movilización de la calle, como protagonista ciudadana colectiva, tendrá un sentido histórico y a partir de estos días de desafío electoral abrirá las perspectivas para el futuro y el protagonismo del pueblo expresado democráticamente será el motor y dará sentido progresista a los cambios anhelados y necesarios.
Vivimos un momento donde asoma una perspectiva de futuro más allá de una perspectiva puramente electoral.
Los enemigos de la democracia y los Derechos Humanos, los cómplices de los crímenes de Pinochet, ahora vestidos con piel de ovejas democráticas, no esconden sus intenciones de revancha, y buscarán volver el imperio del terrorismo de Estado, quizás en una versión de “Dictablanda”- y así lo revelan en sus prédicas sobre campos de concepción , militarización del país e implantar una “guerra interna” con el pretexto de lucha a muerte contra los narcotraficantes, la rebeldía de los pueblos aborígenes, o los “violentistas”, los movimientos sociales, los manifestantes, los migrantes, las minorías sexuales, todo sin procesos, con torturas de “prisioneros de guerra” y campos de concentración, lejos de la vista del público.
Lo cierto es que el futuro del país, las ansias de justicia social y porvenir de progreso, justicia y demandas no termina después de este proceso electoral, cuya importancia, y trascendencia no se puede eludir ni ignorar.
Es realmente una batalla política, ideológica y social. Pero esa trascendencia para el futuro, no termina en el escrutinio de la primera o segunda vuelta, o en las cifras de votos obtenidos.
En realidad se trata de un dato de la realidad, del desarrollo político alcanzado. Pero también será un nuevo punto de partida para las siguientes batalles. Y en la lógica del balance electoral, deberá estar siempre, el sentido del proceso político y social, el protagonismo del pueblo y la proyección de los nuevos desafíos, y el llamado al despliegue de los proyectos históricos
Lo importante seguirá siendo la incorporación de nuevas generaciones en la escena social y política: no se trata de perder el impulso para los objetivos superiores, estratégicos, para el destino del país, el futuro de nuestras convicciones y sueños.
Lo trascendente es tener una perspectiva de futuro, un horizonte estratégico, un sueño colectivo, asumido como meta histórica.
Lo importante es que tras la batalla electoral, una más en nuestra historia personal y colectiva, como pueblo, entendamos que ha sido una coyuntura singular, trascendente, pero lo que más importa es no renunciar a nuestra historia, a nuestros sueños e ideales.
La Patria, el Pueblo, nuestros proyectos, sueños, utopías, principios, no terminan en una batalla.
La Patria, nuestra historia como pueblo, nuestros sueños sociales y políticos, no terminan en un porcentaje de votación-necesaria, trascendente en un momento histórico, sino en la perspectiva de un horiz0nte sin límites, pero permanente.

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital
El autor trabajó en el diario El Siglo, fue editor del programa Escucha Chile en radio Moscú, Fue corresponsal extranjero en medios como la IPS y Notimex. Ha sido dirigente del Colegio de Periodistas de Chile y presidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros en Chile.
Santiago de Chile, 19 de noviembre 2025
Crónica Digital