
Hoy, 5 de diciembre, la humanidad conmemora el Día Mundial del Suelo, una fecha crucial para recordar la importancia vital de este recurso natural en nuestras vidas y profundizar la conciencia de la acción ciudadana en defensa del medio ambiente. Es también un momento para reiterar la necesidad de salir al paso a las derechas extremas negacionistas del cambio climático.
Respaldado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el Día del Suelo se convirtió en un día internacional oficial en 2014. Desde entonces, ha sido asumido como una plataforma global de acción y promoción en el contexto de la Alianza Mundial por el Suelo.
Es una invitación a la reflexión y la acción profundas sobre el rol fundamental que el suelo natural desempeña en la sostenibilidad global y, por consiguiente, en el bienestar humano.
El suelo no es solo “tierra” bajo nuestros pies. Es un ecosistema complejo y vivo que sustenta la seguridad alimentaria del planeta y juega un papel clave en la lucha en contra del cambio climático.
Al respecto, las Naciones Unidas señalan: “La supervivencia de nuestro planeta depende de nuestro precioso vínculo con el suelo. Más del 95 por ciento de nuestros alimentos y 15 de los 18 elementos básicos químicos esenciales para las plantas proceden del mismo. Sin embargo, por el cambio climático y la actividad humana, el 33% de nuestros suelos están degradados. La erosión y una inadecuada gestión del mismo altera el equilibrio natural de la tierra, desaprovechando recursos hídricos y reduciendo el nivel de vitaminas y nutrientes de los alimentos que producimos”.
A este respecto, la FAO proporciona algunos otros datos claves: puede tomar hasta mil años formar apenas 2–3 centímetros de suelo; hay más organismos vivos en una cucharada de suelo que personas en la Tierra; 2.000 millones de personas en el mundo hoy sufren de deficiencia de micronutrientes, conocida como hambre oculta; hasta un 58 por ciento más de alimentos podrían producirse mediante una gestión sostenible del suelo; el suelo alberga cerca del 59 % de las especies del planeta.
El suelo constituye la base de nuestros ecosistemas terrestres y es un pilar fundamental para abordar los desafíos globales, desde la seguridad alimentaria hasta la adaptación y la mitigación del cambio climático. Su capacidad de ofrecer servicios ecosistémicos esenciales es un factor determinante para el desarrollo sostenible.
La inmensa mayoría de nuestros alimentos provienen directa o indirectamente del suelo. Un suelo sano es esencial para cosechas nutritivas. Un suelo sano asegura la calidad y cantidad de los cultivos, siendo la primera línea de lucha por la seguridad alimentaria.
Actúa como un filtro natural, limpiando el agua que bebemos y reponiendo los acuíferos. En este sentido, es un soporte hídrico, que regula el ciclo hidrológico, actuando como una esponja natural que filtra y almacena agua, para la recarga de acuíferos y la prevención de la erosión y desertificación, previniendo inundaciones y sequías.
Es el hogar y el reservorio de la biodiversidad: Es el hábitat de una vasta cantidad de organismos, desde bacterias hasta insectos y mamíferos, constituyendo una parte clave de la biodiversidad global, manteniendo la fertilidad y la salud de la Tierra.
Asimismo, los suelos son el segundo reservorio de carbono más grande del planeta después de los océanos, contribuyendo a la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero. La gestión adecuada del suelo potencia sus capacidades como sumidero de carbono atmosférico, siendo una herramienta vital en la descarbonización.
La implementación de prácticas de agricultura de conservación y el aumento de la materia orgánica pueden potenciar la capacidad del suelo para capturar dióxido de carbono.
Lamentablemente, los suelos están bajo una presión constante debido a la erosión, la degradación, la contaminación y las prácticas agrícolas insostenibles. Se estima que una tercera parte de los suelos mundiales están de moderada a altamente degradados.
Enfrentamos una crisis de degradación de los suelos. La erosión acelerada, la pérdida de materia orgánica, la salinización y la contaminación química amenazan la productividad de la tierra y comprometen su capacidad de sustentar la vida.
En este Día Mundial, hacemos un llamado a la acción ciudadana y en la lucha por políticas públicas sostenibles. Dar prioridad a la agricultura sostenible y la gestión responsable de la tierra. Reducir y reciclar nuestros residuos para prevenir la contaminación. Promover la restauración de paisajes degradados. Los gobiernos, el sector privado, la academia y la sociedad civil tienen la responsabilidad de redoblar los esfuerzos en la implementación de políticas y prácticas que promuevan la Gestión Sostenible del Suelo (GSS).

La Organización de Naciones Unidas advierte: “Cuando pensamos en el suelo, casi siempre lo asociamos con el campo y la naturaleza. Rara vez nos detenemos a pensar que el suelo de las ciudades también es fundamental. Por eso, este Día Mundial del Suelo 2025 pone el foco en los paisajes urbanos con el tema ‘Suelos sanos para ciudades saludables’. Bajo el asfalto, los edificios y las calles, existe un suelo que, si es permeable y está cubierto de vegetación, ayuda a absorber el agua de lluvia, regular la temperatura, almacenar carbono y mejorar la calidad del aire. Cuando se sella con cemento, pierde estas funciones, haciendo que las ciudades sean más vulnerables a inundaciones, calor extremo y contaminación”.
El lema pone el foco en la conexión vital entre la calidad del suelo en los entornos urbanos y periurbanos y el bienestar de sus habitantes. Busca generar mayor conciencia sobre las funciones esenciales que cumplen los suelos, incluso aquellos que se encuentran en las ciudades, a menudo ocultos o degradados bajo el asfalto y las construcciones.
Los suelos sanos y permeables actúan como unas esponjas gigantes, absorbiendo el agua de lluvia. Esto es crucial en las ciudades, donde el “sellado del suelo” con cemento e infraestructuras aumenta el riesgo de inundaciones y sobrecarga los sistemas de drenaje.
En este caso, es determinante el papel del suelo en la mitigación del cambio climático y la calidad del aire en los territorios urbanos. En las ciudades, los suelos de parques, jardines y zonas verdes contribuyen a filtrar los contaminantes del aire y a regular la temperatura, combatiendo el efecto de “isla de calor” urbana. Asimismo, el suelo es la base para la vegetación urbana, que a su vez proporciona hábitat y mejora la calidad de vida.
Los suelos fértiles en las periferias o en los espacios de agricultura urbana contribuyen a la producción local de alimentos, acercando los productos frescos a la población y reduciendo la huella ecológica del transporte.
El lema es una llamada a la acción para responsables políticos, urbanistas y la ciudadanía en general para que replanteen la planificación y gestión de los espacios urbanos. Implica la necesidad de reducir el sellado del suelo, priorizando materiales permeables y limitando la expansión de superficies impermeables; supone aumentar y proteger las Zonas Verdes, creando más parques, jardines y corredores verdes y protegiendo los suelos existentes de la degradación; y promover la gestión sostenible, con el desarrollo e implementación de técnicas para mejorar la salud del suelo urbano, como el compostaje y la bioingeniería.
En resumen, la salud de los suelos en la ciudad impacta directamente en la resiliencia urbana frente al cambio climático y en la calidad de vida (salud física y mental) de sus habitantes.
Comprometámonos a proteger este tesoro silencioso que nos nutre y sostiene la vida en la Tierra. La inversión en la salud de los suelos es una inversión directa en el futuro de la humanidad. Ello no es una opción, sino que un imperativo estratégico para garantizar la resiliencia de los sistemas alimentarios y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por Mónica Sánchez Aceituno. La autora es administradora pública y vicepresidenta nacional de la Federación Regionalista Verde Social (FREVS).
Santiago, 5 de diciembre de 2025.
Crónica Digital.