El capellán de Techo-Chile, Benjamín Donoso, se sumó al debate por el desalojo en el cerro 18 de Lo Barnechea. Esto ocurrió tras el cruce entre la directora social de la organización, Isidora García, y el alcalde Felipe Alessandri.
También se refirió a la trama generada por la expropiación de 100 hectáreas en la toma de San Antonio, buscando una solución habitacional para quienes usurparon el lugar.
DESALOJO SIN ESTRATEGIA EN LO BARNECHEA
Sobre Lo Barnechea, Donoso señaló que no reprochan la gestión directa de la municipalidad. De hecho, los estándares del desalojo han sido buenos, al igual que en la toma Japón de Maipú.
El punto central para Techo es qué pasa con el «después» de estas familias, que son «vecinos históricos» de la comuna por varias generaciones. Al recibir arriendos temporales, el dinero no es suficiente para quedarse en la comuna.
Donoso precisó que están relevando un desalojo sin una estrategia de reubicación que permita a las familias mantener sus redes y cohesión social. Esto es un peligro complejo para las pseudosoluciones a la crisis habitacional.
El capellán enfatizó que las familias son conscientes de que deben salir por vivir en un lugar de riesgo y un terreno ajeno. Sin embargo, se debe aprender la lección para construir ciudad con acceso para todos sin generar más segregación.
En el caso de Lo Barnechea, Donoso afirmó que se reunió con el alcalde Alessandri, quien tenía sensibilidad para seguir considerando a las familias como vecinos. El objetivo es que se mantengan en la fila de subsidios para vivir de manera ordenada.
CARGA ESPURIA EN SAN ANTONIO
Techo-Chile no tiene presencia en la toma de San Antonio debido a una razón práctica, según Donoso. Sus oficinas más cercanas están en Valparaíso y Viña del Mar, y trabajan con campamentos más históricos.
Donoso reflexionó que la toma de San Antonio tiene una «carga especial» porque su origen es espurio. Fue planificada por personas, incluso profesionales, con una inversión importante de recursos en un terreno que no era suyo.
El capellán insistió en que si hubieran estado en San Antonio, habrían participado, siempre que las familias estuvieran realizando sus procesos regulares de acceso a la vivienda. Recalcó que la toma no debe ser vista como un mecanismo para saltarse la fila.
Consultado sobre qué es lo «espurio», Donoso explicitó que hay un nuevo fenómeno en la proliferación de campamentos: una actividad planificada de grupos que se toman terrenos para hacer «negocios en negro» y cobrar por ellos.
El capellán sostuvo que no debe validarse una toma así, pero el Estado debe hacerse cargo del problema tal como lo recibe. La pregunta es qué hacer con las familias que, por necesidad, pagan por esos servicios informales. (NP-Gemini-Emol-Agricultura)