El triunfo presidencial de José Antonio Kast y la muerte del “pluscuamperfecto” – Al servicio de la verdad

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El triunfo presidencial de José Antonio Kast y la muerte del “pluscuamperfecto” – Al servicio de la verdad

Durante los últimos días he sentido miedo, desesperanza, horror y perplejidad. El resultado del balotaje, con la elección del candidato ultraconservador José Antonio Kast con amplia mayoría, es un golpe devastador para quienes valoramos los derechos humanos, la inclusión y la dignidad colectiva.

Pero todas estas emociones me han llevado al mismo tiempo a recordar aquellos días hermosos en los que tuve la oportunidad de aprender español junto a cientos de personas migrantes no hispanohablantes que llegaron a Chile escapando de realidades que ni la mejor película de terror podría graficar… Es en este contexto, que recordé mi aprendizaje, ya de vieja, sobre lo que significa el tiempo verbal del “pluscuamperfecto”, que en términos gramaticales “es el tiempo de lo que había terminado antes de otro pasado, por ejemplo: cuando llegué, ya se había ido”.

La Filóloga española Carmen Amores lo explica en términos poéticos, emocionales y relacionales, de la siguiente forma: “El pluscuamperfecto es el tiempo de lo que ya no puede volver;, hablamos de una emoción superada, un pasado con conciencia, uno que sirve para cerrar ciclos, el pasado de lo que aprendimos, de lo que fue y nos dejó siendo otr@s”...

Y como estoy reflexionando acerca de los tiempos, me permito aventurarme a escribir estas reflexiones con ¡miedo al futuro, sí, pero también con una enorme esperanza en la posibilidad de recuperar la utopía!!

El Triunfo de la Ultraderecha: El miedo que expresé hace unas semanas, en la antesala de la segunda vuelta, se ha materializado con una contundencia escalofriante. El triunfo de José Antonio Kast con el 58,16% de los votos es un hecho consumado que marca el regreso de la derecha más extrema al poder desde el retorno a la democracia en 1990. Este resultado es la peor derrota de la izquierda chilena desde 1990 y convierte a Kast en el Presidente con mayor cantidad de votos en la historia del país, lo que, sin lugar a dudas, exige una profunda y seria autocrítica.

No soy analista política, ni nada que se parezca, pero soy una mujer de 51 años con una larga historia y cicatrices de múltiples tipos de violencia en el cuerpo y en el alma, que, a propósito del “pluscuamperfecto”, el actual escenario, me hace recordar a Sócrates cuando fue sentenciado a muerte y dijo: «Una vida sin examen, no merece ser vivida».

El arrollador triunfo de Kast, cuyo relato se ha centrado en “garantizar la seguridad” a partir de la exclusión, la estigmatización y la deshumanización, exige una reflexión seria, crítica y responsable. La victoria se explica, en gran parte, por haber sabido leer los miedos de la ciudadanía en temas como la inseguridad y la migración irregular, explotando un programa de mano dura.

Esto, me lleva a pensar en la Pedagogía de la Crueldad Consolidada. Es fundamental cuestionarnos cómo es que el odio contra la vida que se considera subordinada y sobrante ha proliferado en nuestra sociedad hasta alcanzar este triunfo. La definición de Rita Segato sobre la Pedagogía de la Crueldad se vuelve más pertinente que nunca: “La repetición de la violencia produce un efecto de normalización de un paisaje de la crueldad y, con esto, promueve en la gente los bajos umbrales de empatía indispensables para la empresa predadora. La crueldad habitual es directamente proporcional a formas de gozo narcisista y consumista, y al aislamiento de los ciudadanos mediante su desensibilización al sufrimiento de los otros”.

La historia no se repite exactamente, pero sí debiera enseñarnos como lo hace el “pluscuamperfecto”. ¡Hoy a poco del triunfo arrasador de la ultraderecha, desde la mesa de diversidad se han denunciado discursos y ataques de odio! 

Entonces me pregunto: ¿será que ha llegado el tiempo de desterrar el “pluscuamperfecto” aquel pasado de lo que aprendimos, de lo que fue y nos dejó siendo otr@s/es, de la especie humana?  Tal vez valga la pena recordar (volver al corazón) las palabras de Galeano cuando decía que: “La justicia es como las serpientes, sólo muerde a los descalzos”.

Si permitimos que se normalice la deshumanización, si dejamos que el miedo se convierta en política, si aceptamos la idea de que “el otr@/e” es la amenaza, y no el autoritarismo, entonces estamos entregando nuestra libertad a un relato que erosiona derechos, instituciones y la dignidad.

Defender la Democracia y la Dignidad es nuestra obligación: El desafío actual, con Kast en la Presidencia,es doble: defender la democracia de la “tentación del autoritarismo” y resguardar derechos fundamentales. La libertad de expresión no puede convertirse en permiso para transformar la discrepancia en ataque a la dignidad o poner en riesgo la sobrevivencia de comunidades enteras. Debe servir, en cambio, para promover el debate público, no para justificar la deshumanización de vecin@s, migrantes, pueblos originarios, mujeres y colectivos LGBTIQA+.

La democracia no es un estado pasivo; es un compromiso activo con la dignidad de todas las personas, y debiera recordarnos que, como dijera Galeano, «la dignidad es como el aire: sólo se nota cuando falta» y si no lo recordamos, más temprano que tarde, el “pluscuamperfecto” habrá muerto.

Por Tamara Madariaga Venegas. La autora es psicóloga y académica.

Santiago, 17 de diciembre de 2025.

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