
Cada 24 de octubre el calendario nos recuerda una verdad incómoda pero ineludible: el Día Internacional contra el Cambio Climático. Esta fecha, instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), no es una simple conmemoración, sino un llamado global y urgente a la acción ante la crisis ambiental que define nuestra era.
No se trata solo de un problema para las futuras generaciones. En verdad, es una realidad que ya impacta nuestras vidas cotidianas con sequías, inundaciones, olas de calor extremas y la pérdida acelerada de biodiversidad. El cambio climático no es un problema lejano; es el desafío de nuestro tiempo. Este 24 de octubre, el mejor homenaje que podemos rendirle al planeta es dejar de ser observadores y convertirnos en agentes de cambio. La urgencia climática exige que cada día sea un “Día contra el Cambio Climático”. ¡Actuemos ahora!
Conciencia y Acción Inmediata
El objetivo principal de este Día es sensibilizar a gobiernos, empresas y ciudadanía sobre los efectos devastadores del calentamiento global. Los datos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) son claros: la temperatura media del planeta ha subido, y si no se toman medidas drásticas y coordinadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), las consecuencias serán catastróficas.
El reconocimiento internacional se ha plasmado en acuerdos como el Acuerdo de París, pero la brecha entre los compromisos y la acción real sigue siendo enorme.
Si bien las grandes transformaciones (como la transición a energías renovables a gran escala, la protección de ecosistemas clave como los bosques y los océanos, y la implementación de políticas de emisiones netas cero) recaen en los Estados, la lucha comienza por cada uno de nosotros.
El Día Internacional contra el Cambio Climático es el recordatorio perfecto de que nuestras acciones tienen un peso considerable en la huella de carbono global. Hay acciones concretas que podemos integrar de inmediato a nuestras vidas.
Por ejemplo, promover la Movilidad Sostenible: optar por el transporte público, la bicicleta o caminar. Para distancias largas, el tren es mucho más sostenible que el avión.
Asimismo, asumir el Ahorro Energético. Desconectar los aparatos que no de usen, cambiar a ampolletas de bajo consumo (LED) y ajustar la calefacción o el aire acondicionado de modo responsable.
En el mismo sentido, podemos adoptar la filosofía de las 5R (Reducir, Reutilizar, Reparar, Reciclar, Rechazar). Evitar el plástico de un solo uso y la compra a granel, a lo que se agrega el consumo de productos locales y de temporada para reducir la huella de transporte.
En la Piel del Poniente de Santiago
En el Día Internacional contra el Cambio Climático es indispensable poner el foco global en nuestra realidad local. En la Región Metropolitana de Santiago, la crisis climática se vive con una crudeza particularmente desigual, y Santiago Poniente es un epicentro de la injusticia ambiental. Aquí, los efectos no son abstractos: son una amenaza directa a la salud y al bienestar de sus habitantes.
Uno de los impactos más notables del cambio climático en Santiago es el aumento de las olas de calor extremo. Contrario a una percepción inicial, el sector poniente y norponiente de la capital registra consistentemente algunas de las temperaturas máximas más altas del Gran Santiago.
La geografía del poniente, caracterizada por una menor densidad de áreas verdes respecto del sector oriente, contribuye a un fuerte efecto de isla de calor urbana. El cemento y el asfalto absorben y retienen más calor, haciendo que las noches sean menos frescas y aumentando el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor.
Las comunas del sector poniente, con una densidad poblacional alta y un acceso limitado a infraestructura de mitigación, enfrentan un riesgo significativamente mayor. La lucha contra el calor extremo se convierte en un desafío para la cotidiana de la población.
Históricamente, la cuenca de Santiago padece graves episodios de contaminación atmosférica, y el cambio climático agrava este problema al modificar los patrones de viento y ventilación.
Si bien en verano la contaminación por ozono (O3) suele concentrarse en el oriente debido a los vientos predominantes, en otoño e invierno, las concentraciones más altas del dañino material particulado (proveniente, por ejemplo de fuentes industriales) suelen registrarse en el sector poniente. Esto representa una carga respiratoria crítica para miles de familias, especialmente para niños y adultos mayores.
La proximidad a arterias de alto tráfico vehicular, corredores industriales y la persistencia de prácticas de calefacción menos limpias en zonas más vulnerables profundizan la exposición a contaminantes que causan problemas respiratorios y cardiovasculares.
Santiago Poniente, junto con toda la Región Metropolitana, enfrenta la mega sequía que se ha acentuado por el cambio climático. La sequía se expresa en la falta crítica de acumulación de nieve en la Cordillera de los Andes, principal reserva hídrica de la cuenca del Maipo. Esto amenaza el abastecimiento de agua para toda la capital.
La escasez hídrica golpea la agricultura periurbana, afectando la seguridad alimentaria de la región y a las economías locales que dependen del caudal del río.
En este escenario, es menester diseñar políticas públicas para promover cursos de acción que permitan el enfrentamiento de esta situación. Por ejemplo, promover la infraestructura verde, lo que significa el aumento de las áreas verdes, para combatir la isla de calor. Esto no es estética, es una medida de salud pública. También es necesario promover y financiar programas de mejoramiento térmico en viviendas del sector para proteger las familias de las temperaturas extremas, tanto en verano como en invierno.
También hay que reforzar las redes de monitoreo de calidad del aire y los sistemas de alerta temprana, asegurando que las comunidades más expuestas tengan la información y los recursos necesarios para protegerse.
Este 24 de octubre, el mensaje para Santiago Poniente es claro: la lucha contra el cambio climático es, ante todo, una lucha por la justicia ambiental. Las políticas climáticas deben priorizar a quienes más sufren los impactos, transformando las zonas más vulnerables de la ciudad en los pilares de la resiliencia metropolitana.
EL CASO DE MAIPU
En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, mirar la realidad de Maipú es clave. La comuna, una de las más grandes y pobladas de Chile, representa un microcosmos de los desafíos climáticos urbanos, donde la tradición agrícola se enfrenta a la escasez hídrica, y el crecimiento urbano amplifica los efectos de la crisis climática en curso. Las y los maipucinos viven sus impactos no como una estadística, sino a través de la amenaza a su infraestructura, su salud y su suministro de agua.
Maipú tiene un vínculo histórico con el agua, al ser parte de la cuenca del Maipo y hogar de la sanitaria municipal SMAPA. Sin embargo, la mega sequía, que se ha exacerbado por el cambio climático, es una amenaza.
A diferencia de gran parte de la Región Metropolitana (RM), Maipú depende de sus propias fuentes. La prolongada sequía y la baja acumulación de nieve en la cordillera ponen en jaque la disponibilidad de agua a largo plazo.
El rápido crecimiento poblacional y la densificación sin infraestructura verde suficiente han dejado a sectores de Maipú con una alarmante escasez de áreas verdes, parques y arbolado maduro. Las grandes extensiones de cemento y asfalto absorben el calor, creando “puntos calientes” que elevan el riesgo de golpes de calor y otros problemas de salud.
El cambio climático no solo trae sequía y calor, sino también eventos meteorológicos más intensos y anómalos. Maipú ha experimentado temporales de viento y lluvia que han provocado caídas de árboles e infraestructura dañada, demostrando la vulnerabilidad de la comuna ante la imprevisibilidad climática.
El problema de Maipú no solo es climático, sino también de justicia ambiental. La comuna alberga grandes concentraciones de industrias y actividades extractivas, las cuales inciden en la calidad de vida de sus habitantes.
Hay sectores que han sido históricamente afectados por la proximidad a rellenos sanitarios y por la extracción de áridos y minería, lo que genera altos niveles de material particulado y polvo en suspensión, afectando la calidad del aire y la salud respiratoria de los vecinos.
El impacto ambiental de estas actividades, sumado a la alta exposición al calor y la escasez hídrica, recae con mayor fuerza en los sectores con menos recursos para mitigarlo.
En este 24 de octubre, Maipú está llamada a liderar su propia transición hacia la resiliencia climática. La acción no puede esperar.
Una primera propuesta es avanzar a la Seguridad Hídrica Total. La prioridad ser la eficiencia hídrica en SMAPA y una fuerte inversión en la reducción de pérdidas. Además, se requiere proteger las fuentes subterráneas y promover el ahorro de agua en todos los niveles.
Es urgente ejecutar Planes de Reforestación Urbana con especies nativas, multiplicando los espacios que funcionen como unos “refugios climáticos”, combatiendo el calor y mejorando la calidad del aire.
Es también necesario fortalecer la fiscalización ambiental a las industrias y las actividades extractivas, mientras se empodera a la comunidad para participar en la toma de decisiones ambientales.
El futuro de Maipú no está escrito solo por el cambio climático, sino por la capacidad de adaptación y la voluntad de sus habitantes y autoridades para enfrentar la emergencia con equidad y decisión.

Por Christian M. Vittori Muñoz. El autor es administrador público y fue alcalde de Maipú. Hoy postula a diputado por el Distrito N° 8 de la Región Metropolitana.
Santiago, 24 de octubre de 2025.
Crónica Digital.