una madre que consagró su vida a la búsqueda de su hijo desaparecido – Al servicio de la verdad

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una madre que consagró su vida a la búsqueda de su hijo desaparecido – Al servicio de la verdad

Hace unos días se cumplieron 51 años desde que Isidro Miguel Pizarro Meniconi, 21 años, fue detenido por la DINA y desapareció para siempre. Fue el 19 de noviembre de 1974, y existen antecedentes de que pasó por los centros clandestinos de detención Venda Sexy, Villa Grimaldi y la Clínica Santa Lucía.

Su madre, Doris Meniconi Lorca, aparece en la fotografía principal de esta crónica con el oso de trapo de su hijo. La imagen fue tomada por Gervasio Sánchez en marzo de 2000.

La señora Doris Meniconi, dueña de casa, fue una de las primeras mujeres que se sumó a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), participando en las primeras reuniones a la altura de 1978 en la casa del fundador y primer presidente de la CUT, Clotario Blest. No solo realizó todas las gestiones judiciales posibles por el secuestro de su hijo, sino que participó en todas las movilizaciones por la verdad y la justicia.

Fue parte del conjunto folclórico de la AFDD, que hizo inmortal la “Cueca Sola”, que llegó a conmover al famoso cantante británico Sting, quien conmovió la canción “Ellas bailan solas”, esa que proclaman: “¿Por qué están aquí, danzando solas? ¿Por qué hay tristeza en sus miradas? Hay soldados también, ignoran su dolor, porque desprecian el amor”.

En la Agrupación fue una de las participantes del taller de arpilleras, que se transformó en un símbolo nacional e internacional de la lucha por los derechos humanos en Chile. Fue una de las tres historias que recogió como narrador el actor canadiense Donald Sutherland  en el documental “Threads of Hope” (Hilos de Esperanza).

“Para mí la arpillera es un grito del alma que no se puede decir sino que se expresa. Una forma de rebeldía, de gritar la ausencia de mi hijo”, relató Doris Meniconi en una ocasión.

Pizarro Meniconi fue uno de los nombres que apareció en la infame lista de las 119 personas a las que se intentó presentar como asesinadas entre ellas, para encubrir sus secuestros, en lo que se conoció como “Operación Colombo”, a través de publicaciones apócrifas en Brasil y Argentina.

Con motivo de los 14 años de la desaparición de su hijo, la señora Doris Meniconi le escribió la siguiente carta, que hoy forma parte del archivo del Sitio de Memoria Londres 38:

Hijo: Aquella tarde del 16 de noviembre de 1974 cuando rezamos juntos ante la Virgen de Lourdes, pidiendo por todo tu pueblo, y tu hermano mayor detenido por la Fuerza Aérea, no pensamos que ya nos podríamos juntarnos como en otros años para finalizar el Mes de María, fecha de tu cumpleaños.

Hoy, a 14 años de tu detención y desaparecimiento, pronuncio tu nombre junto a otros desaparecidos, asesinados, torturados por esta dictadura. Te siento de nuevo en mis entrañas en medio de tanto dolor e injusticia.

Recuerdo como nos preparábamos para la Navidad en la mesa rodeada por tus 12 hermanos, al igual que todos los niños pobres de tu pueblo, con alegría y esperanzas.

Esta tarde recuerdo tu voz  diciéndome: madre, te quiero, te quiero. Tu juventud llena de anhelo y esperanza, ya sabías que tu compañera esperaba dos hijos. ¡Qué de ilusiones! Pero todo se truncó ese 16 de noviembre del 74. Preguntas, búsquedas, golpear puertas. ¡Todo ha sido inútil! Pero hoy grito tu nombres con mayor fuerza, porque en la justicia de mi causa llevo tu sangre, tu ausencia, sacudiré la tierra hasta descubrir tu huella.

¿Dónde está el hijo que quiero tanto? ¿Dónde la tibieza de sus blancas manos?

Cuando alzo mi voz solo responde el silencio

Cadenas de hierro te han dejado preso y si busco tu estrella en las noches solo encuentro sombras, tristezas y reproche

¿Qué guardián te cuida tras las rejas en la oscura celda que te esconden?

Me han dejado una herida de incertidumbre

grito tu nombre que lo dispersa el viento llevo la garganta dolida por llamarte

en tu ausencia no hay olvido

Perdí la risa que trizó el otoño los veranos bogaron en mi mar de amargura

conmigo va el invierno con su tristeza,

dejando a la lluvia bese mi frente

bebiendo a sorbos el dolor de tenerte ausente

pidiendo a Dios llegue pronto la primavera con su tibieza.

Invisible es la daga que se clavó en mi alma

llevo el rostro herido por el llanto el paso lento por los años y una pena tras el canto.

Han pasado los años, sin embargo es hoy tu detención y desaparecimiento

seguiré luchando y exigiendo verdad y justicia, junto a otros familiares que no cesarán en la búsqueda.

Para ti, hijo, lanzó esta carta al viento, para que el eco lleve mi voz hasta donde tú estés y sepas que te llevo como una paloma dormida en las tiernas manos de tus hijos como una rosa cultivada en el corazón de las madres.

Tú, hijo, estás en la mirada esperanzada de los oprimidos, en la oración de los perseguidos, en la patria de los exiliados.

Tú, hijo, estás en la canción colectiva de los pueblos; tú estás en la luz y sombra que Dios proyecta sobre la tierra, en la estrella redentora de los hombres, en la bandera que flamea al aire, en la libertad, ideal permanente de la humanidad. Por todo esto yo te pido que seas fuerte, para serlo yo también. Y aunque caigan una y mil veces las hojas del calendario, en algún recodo del camino nos encontraremos.

Tu ideal quedó sembrado en tu Patria.

Tu madre.

Es pertinente preguntarse: ¿cómo puede existir tanto inhumanidad en los conservadores y extremistas de derecha que no se conmueven con estas historias? ¿Por qué “desprecian el amor”, como cantó Sting?

Santiago, 29 de noviembre de 2025.

Crónica Digital.

 

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