La Cámara de Diputadas y Diputados dio un paso decisivo este miércoles al aprobar, con modificaciones, el proyecto de ley que busca fortalecer la gobernabilidad y reducir la fragmentación del sistema político chileno. Con 99 votos a favor, la iniciativa avanza hacia su tercer trámite constitucional en el Senado. Sin embargo, el hemiciclo le propinó un duro revés a las colectividades más pequeñas al rechazar la polémica norma transitoria que permitía la fusión de partidos que no alcancen el umbral de votación exigido en las elecciones de 2025, disposición que había sido tildada por sus detractores como un “traje a la medida” para evitar la desaparición de siglas en crisis.
El rechazo a la norma de fusión, con 60 votos en contra, implica que las colectividades que se encuentren en proceso de disolución ante el Servel no tendrán una vía administrativa excepcional para integrarse con otras, debiendo enfrentar su extinción legal si no cumplen con los requisitos de representatividad. Mientras desde Renovación Nacional celebraron el avance hacia un parlamento menos atomizado, sectores independientes criticaron que el acuerdo no resuelve las desigualdades de competencia para quienes no militan en partidos tradicionales.
El debate en la sala evidenció las tensiones entre la búsqueda de estabilidad y la supervivencia de las minorías políticas:
- Fin de la fragmentación: El diputado Diego Schalper (RN) valoró la aprobación general, argumentando que el proyecto fortalece la institucionalidad y termina con un parlamento “atomizado” que dificulta la generación de acuerdos.
- El factor “Traje a la medida”: La caída de la norma transitoria fue celebrada por parlamentarios como Daniel Manouchehri (PS), quien cuestionó que se intentara salvar por secretaría a partidos que no cuentan con respaldo ciudadano en las urnas.
- Crítica de independientes: El diputado Carlos Bianchi (IND) votó en contra de la lógica del acuerdo, señalando que la reforma mantiene las barreras de entrada y no permite que los candidatos independientes compitan en igualdad de condiciones frente a las estructuras partidarias.
Al haber sido modificado en la Cámara, el texto debe regresar al Senado para su revisión final. Si la Cámara Alta acepta los cambios (incluido el rechazo a la fusión de partidos), el proyecto quedaría listo para ser ley. De lo contrario, se deberá conformar una Comisión Mixta para resolver las discrepancias. El objetivo del bloque que impulsa la reforma es que las nuevas reglas de representatividad —que exigen un umbral mínimo de votos para que un partido mantenga su existencia legal— estén plenamente vigentes para el próximo ciclo electoral, forzando un reordenamiento del mapa político nacional. (NP-Gemini-Emol)