Informe de agente de la dictadura chilena es una clara evidencia contra el negacionismo en Argentina – Crónica Digital

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Informe de agente de la dictadura chilena es una clara evidencia contra el negacionismo en Argentina – Crónica Digital

Hoy se cumplen 50 años desde el Golpe de Estado que impuso la última y más sangrienta y última dictadura cívico–militar en Argentina. Y el recuerdo de esta fecha se hace con Javier Milei en la Casa Rosada, quien ha perseverado en negar la envergadura del Terrorismo de Estado.

Hace un año, Milei señaló: “Usted no puede construir nada sobre una mentira. Entonces, en tanto y en cuanto no admitan que no fueron 30.000, no se puede discutir”. en alusión a la cifra de detenidos–desaparecidos que sostienen los organismos de derechos humanos. Y aseveró que “inventaron el número para poder recibir fondos. Lo que quiero es la verdad”. En la campaña presidencial de 2023 aseveró: “Nosotros valoramos la visión de memoria, verdad y justicia. Empecemos por la verdad. No fueron 30.000 desaparecidos, fueron 8.753”.

Se ha informado que este año la Casa Rosada divulgará un video en que defenderá lo que llama “la verdad completa”.

Una de las bases de esas aseveraciones es que la Comisión Nacional para los Desaparecidos (CONADEP) de Argentina logró documentar 9.089 personas desaparecidas. La entidad, que funcionó entre diciembre de 1983 y septiembre del año siguiente, tuvo un tiempo acotado para su trabajo, en condiciones políticas adversas, y sin que su trabajo tuviera continuidad. Ello, pese a que la propia Comisión advirtió que la cifra de personas era abierta y preliminar.

Es probable que Milei ignore que un agente chileno de la dictadura cívico–militar de Augusto Pinochet dejó para la posteridad un reporte que descarta los delirios negacionistas.

Se llamaba Enrique Lautaro Arancibia Clavel.

HISTORIA DE UN FASCISTA

Los primeros pasos de Arancibia Clavel se remontan a 1970, cuando integraba las filas de una organización fascista denominada Ofensiva Nacionalista de Liberación, que emergió enarbolando el propósito de un golpe militar en Chile. Tras la victoria de Salvador Allernde en las urnas en septiembre de ese año, se sumaron con entusiasmo a la conspiración que, con patrocinio de la CIA, buscaba impedir que el Congreso Pleno ratificara la elección del candidato de la izquierda como Presidente de la República o que un alzamiento castrense la impidiera.

Así, Arancibia y sus “camaradas” de la Ofensiva Nacionalista de Liberación se abocaron a la tarea de perpetrar una multiplicidad de atentados terroristas, en un plan conspirativo que culminó el 25 de octubre de 1970 con el asesinato del entonces Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider, un hombre comprometido con el orden constitucional democrático. Mientras los implicados eran detenidos por la policía y sometidos a proceso por la justicia militar, Arancibia aprovechó la primera oportunidad para escapar hacia la Argentina.

Tenía 26 años, y cursaba cuarto año de Ingeniería en la Universidad de Chile después de un breve paso por la Escuela Naval. Su padre, oficial de la Armada (r) y uno de sus hermanos era oficial de la misma rama. Pese a su propia confesión y de los explosivos que hallaron en su domicilio, fue dejado en libertad bajo fianza.​ Llegó a Buenos Aires, cuando Allende ya estaba en La Moneda.

AGENTE DE LA DINA

Luego del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, regresó por un tiempo a Chile y retomó su relación con sus antiguos “camaradas”, que se habían reagrupado en torno a una revista de extrema derecha llamada “Orden Nuevo”. Lo más importante es que concurrió al cuartel general de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el principal aparato de la represión de la dictadura. Se puso a la disposición y fue incorporado como agente en el Departamento Exterior.

En Argentina, había establecido relaciones muy útiles para los represores chilenos, como el grupúsculo neonazi denominado “Milicia Nacional Justicialista”, sobre todo con Martín Ciga Correa, su “jefe de seguridad”, quien a su vez le abrió la puerta a vincularse con el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército trasandino. Esos contactos le fueron muy útiles a la DINA para perpetrar dos acciones claves para la dictadura. Primero, el asesinato en septiembre de 1974 al ex Comandante en Jefe del Ejército, Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, en el barrio porteño de Palermo. Prats había sido continuador de la postura “constitucionalista” de Schneider, hasta que renunció en agosto de 1973.

Luego, operó en la parte argentina de la “Operación Colombo” en 1975, a través de la cual se pretendió encubrir, mediante la revista apócrifa “Lea”, la desaparición de 119 chilenos.

Se transformó en un agente de la “Operación Cóndor”, la coordinación de los servicios de represión del Cono Sur de América. Su cobertura era como funcionario de la Línea Aérea Nacional (LAN Chile) en Buenos Aires.

Además de sus vínculos argentinos, Arancibia creó una red de colaboradores de la DINA entre chilenos radicados al otro lado de la cordillera, que solían reunirse en el restaurante “Los Chilenos”, en calle Suipacha en el centro de la Ciudad de Buenos Aires.

LOS INFORMES DE ARANCIBIA

Una de las tareas habituales para la DINA que Arancibia desempañaba en Buenos Aires, era la emisión periódica de informes para el Departamento Exterior del organismo. Los firmaba como “Luis Felipe Alemparte Díaz”.

Uno de ellos, un memo fechado en julio de 1978, señalaba: “Se tienen computados 22.000 (personas) entre muertos y desaparecidos, desde 1975 a la fecha”. Aún faltaba un largo período del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, que controló el poder hasta 1983, lapso en que la cantidad de víctimas continuó aumentando. Este dato derriba las especulaciones de los negacionistas de la actualidad.

En el reporte, Arancibia Clavel consignaba la fuente de la información: “Este trabajo se logró conseguir en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, sito en Callao y Viamonte de esta capital, que depende de la Jefatura II de Inteligencia”.

La buena suerte del agente chileno comenzó a terminarse en medio de las fuertes tensiones limítrofes entre Chile y Argentina. La inteligencia trasandina detuvo a Arancibia y a otros chilenos colaboradores de la DINA, a los que acusó de “espías” en medio del clima pre–bélico existente. En su domicilio y en su oficina incautaron las copias que tenía guardadas de los informes enviados a Santiago.

Tiempo después, esos documentos fueron hallados por la reconocida periodista chilena Mónica González, quien realizaba una investigación en Buenos Aires sobre el asesinato de Prats. Fueron claves en las investigaciones judiciales a ambos lados de la cordillera de Los Andes respecto del asesinato con una bomba del matrimonio Prats–Cuthbert.

Con seguridad, Arancibia nunca pensó cuando escribía esos informes en los años 70, que medio siglo después se convertirían en una evidencia de las falsedades negacionistas.

Imagen de Enrique Arancibia Clavel: diario Página 12 de Argentina.

Por Víctor Osorio. El autor es periodista.

Santiago, 24 de marzo de 2026.

Crónica Digital.

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