
Una declaración conjunta firmada por partidos progresistas y democráticos de América Latina encendió alertas frente a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, presentada recientemente por el gobierno de ese país. En el documento, las colectividades advierten un retorno explícito de la Doctrina Monroe, actualizada —según señalan— bajo lo que denominan el “Corolario Trump”, y acusan una amenaza directa a la soberanía, la autodeterminación y la estabilidad democrática de la región.
El pronunciamiento fue suscrito por el Frente Amplio de Chile y Uruguay, el PSOL de Brasil, el Pacto Histórico de Colombia y Nuevo Perú por el Buen Vivir, quienes denuncian que la nueva estrategia estadounidense concibe nuevamente a América Latina como una zona de control estratégico, subordinada política, económica y militarmente a los intereses de Washington.
Según el texto, la estrategia de seguridad plantea condicionar relaciones diplomáticas, cooperación económica, acceso a mercados y presencia militar al alineamiento político de los países latinoamericanos con Estados Unidos, lo que —afirman— vulnera principios fundamentales del derecho internacional, como la igualdad soberana de los Estados y la autodeterminación de los pueblos.
Los partidos firmantes sostienen que esta concepción geopolítica reduce a la región a un territorio a “asegurar” y “alinear”, subordinando los intereses y necesidades de sus pueblos a una agenda externa. A su juicio, esta lógica convierte a América Latina en un escenario de disputa entre potencias, con consecuencias directas como la militarización, el condicionamiento económico y la injerencia política.
En la declaración se advierte que estas dinámicas no fortalecen la seguridad ni la estabilidad regional, sino que debilitan la democracia, generan dependencia y limitan la capacidad de los Estados para definir políticas públicas orientadas al bienestar social, la justicia y la igualdad.
El texto cita una serie de hechos recientes que, a juicio de las colectividades, confirman esta orientación, entre ellos las amenazas de intervención militar contra Venezuela, la expansión de la presencia militar estadounidense en la región, la estigmatización de liderazgos democráticamente electos como el presidente colombiano Gustavo Petro y la instalación de nuevas bases militares en Perú.
Finalmente, los partidos progresistas reafirmaron su compromiso con la defensa irrestricta de la soberanía latinoamericana, el rechazo a toda forma de injerencia extranjera y el fortalecimiento de una integración regional autónoma, democrática y solidaria. En esa línea, llamaron a las fuerzas progresistas del continente a levantar una voz común frente a lo que califican como un nuevo intento de subordinación y a trabajar colectivamente por un futuro de justicia, dignidad y autodeterminación para América Latina.
Santiago de Chile, 2 enero 2026
Crónica Digital