De nuevo el “garrote” imperial sobre América Latina, el mundo y nosotros. – Al servicio de la verdad

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Por Marcel Garcés Muñoz.

El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por una fuerza militar estadounidense, que violó la soberanía territorial venezolana, asesino a decenas de militares del país, constituye una brutal declaración de guerra contra la  democracia, la integridad, la soberanía de cada uno de los países de la región, pero también del mundo.

El presidente Donald Trump se ha erigido en el rol de supremo  emperador global para dictar lo que es bueno o malo- es decir  favorable, conveniente, útil o conveniente para Washington, y sus intereses financieros o geopolíticcs desde su óptica colonialista imperial en el terreno económico, político, militar y hasta moral.

La agresión militar de Venezuela, el secuestro de su Mandatario y su esposa, en una operación gansteril, de la que se ufana en los medios de comunicación a su servicio, en una campaña abrumadora sobre supuestos vínculos con el narcotráfico, que no se prueban ni se argumentan, confirman el objetivo  central, miserable, de su infame acción criminal.

En sus propias delirantes declaraciones, tras la invasión alevosa y criminal de un país, con una fuerza militar abrumadora, el asesinato de centenares de personas en el mar Caribe, desde  septiembre del año pasado, en una acción de piratería Trump busca embaucar a sus electores señalando que de lo que se trata era perseguir la responsabilidad de un narcopresidente -sin mostrar prueba o evidencia alguna – que envenenaba a millones de norteamericanos, en una acción de guerra encubierta que viola la Carta de Naciones Unidas.

El asalto a mano armada a la frontera nacional de Venezuela, instalaciones militares de un país soberano, en una operación gansteril más que militar, el asesinato de soldados  que defendían su dignidad y la soberanía de su Patria, y sus autoridades legitimas es, en esencia un crimen de guerra, por el cual Trump, sus ministros, sus servicios de inteligencia y sus Fuerzas Armadas, deberán responder en su día, cuando sean juzgados por Tribunales de Justicia Internacionales y las organizaciones de Derechos humanos y de la Democracia..

La acción del Imperio no puede tener otra lectura, que una violación abusiva, grosera, de la soberanía nacional de una nación, su independencia, su libertad.

Pero hay más que un crimen de guerra, de un acto de matonaje imperial, de una agresión externa, de tipo militar, un acto de piratería, violatorio del Orden Internacional la paz y la seguridad internacional.

La invasión con tropas terroristas, un flota de 140 aeronaves, dos portaviones, violando el mar territorial de Venezuela, bombardeando instalaciones y poblados civiles no solo fue una acción demencial y abusivo.

Lo aclaró con descaro el propio Trump, cuando se ufanaba del éxito de su operación de guerra: de lo que se trat6aba en realidad era del petróleo venezolano, que sería devuelto a sus antiguos explotadores, del litio que sería destinado a las transnacionales, y a financiar las  nuevas guerras del imperio.

Luego aclaró sin disimulo que a continuación que seguirán a cargo del país hasta que se logren-a juicio de la Casa Blanca, El Deprtamento de Guerra, el Departamento de Estado y el Pentano, “las condiciones para la vuelta a la democracia”- e imponiendo una administración de generales, empresarios, políticos y funcionarios, designados y serviles a los planes coloniales de la Casa Blanca, “por el tiempo que sea necesario”.

“Vamos a manejar el país hasta una entrega juiciosa” sentenció el amenazante Donald Trump.

El ex Senador, Alejandro Navarro, recalcó:”Hoy es Venezuela y su petróleo, mañana puede ser Chile y su cobre”.

Pues bien el tema es claro como el agua: Estados Unidos, sus generales y trasnacionales, siguen cumpliendo con la “Doctrina Monroe”, América Latina para los Estados Unidos, sigue siendo un patio trasero, una fuente de materias primas en esta nueva versión de su dominio colonial, denominado  para la propaganda y la retorica como

La preguntas  inevitable es ¿qué pasará con esta “doctrina Monroe, en versión Trump (la “Doctriua Donroe”, como la bautizó con su torpe sentido del humor, con el cobre en Chile. O el dominio del Litio?”.

El riesgo es evidente y obvio. Y el momento es urgente para el país, para la ciudadanía, para la institucionalidad democrática, la Seguridad Nacional, la estabilidad, la economía, sobre todo cuando el  Presidente Electo, que asumirá el 11 de marzo próximo, José Antonio Kast, se permitió afirmar, en su cuenta de X, que “La detención de Nicolás Maduro es una gran noticia para la región”, mostrando   una complicidad  y obsecuencia indigna respecto de la acción criminal.

Pero además agregando que “Ahora comienza una tarea mayor. Los  gobiernos de América Latina  debemos asegurar que todo el aparato del régimen  abandone el poder y rinda cuentas, coordinar el regreso seguro y expedito de los venezolanos a su país, apoyar la recuperación de su sistema democrático y avanzar en el combate regional efectivo contra el narcotráfico y el crimen  organizado”.

Por Marcel Garcés Muñoz
Periodista
Director de Crónica Digital

Santiago de Chile, 5 de diciembre 2026
Crónica Digital 

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