La indebida alarma del futuro Ministro de Hacienda sobre el déficit fiscal en Chile – Al servicio de la verdad

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La indebida alarma del futuro Ministro de Hacienda sobre el déficit fiscal en Chile – Al servicio de la verdad

Desde la Oficina del Presidente Electo (OPE), el futuro Ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se refirió, con gesto de preocupación, al último balance fiscal del Gobierno de Gabriel Boric, luego que el actual titular, Nicolás Grau, señaló el viernes que el déficit estructural rondará el 3% y, con ello, por tercer año consecutivo se incumplirá la meta fiscal.

Quiroz dijo que “desde el área económica hemos considerado que esta cifra es alarmante, es grave”. Asimismo, sentenció que “2,8 puntos de déficit es preocupante, porque viene a confirmar una cruda realidad, que estamos en una emergencia económica y que lo que está ocurriendo no es normal. No es normal que un país como Chile gaste más de lo que gana en una magnitud de diez mil millones de dólares, cifra que equivale aproximadamente a dos veces el BancoEstado”.

Con todo, indicó que, pese a la gravedad” de estos números, “estamos tranquilos” y “vamos a ir caminando de menos a más para devolverle la certeza y la esperanza a nuestros compatriotas en un futuro mejor”.

EL PANORAMA INTERNACIONAL

En verdad, el déficit fiscal de Chile (-2,8%) es considerablemente más bajo que el promedio de la OCDE, es decir de la mayoría de las potencias mundiales. A cierre del año 2025 y con proyecciones para el inicio de 2026, el déficit fiscal promedio de la OCDE se sitúa en torno al -4,9% del PIB.

Estados Unidos presenta uno de los déficits más altos del bloque, próximo al -7,0% del PIB. No es una situación de emergencia, sino una tendencia. El país del norte gasta masivamente en Medicare, Seguridad Social y Defensa, y hasta ahora no ha tenido voluntad política para subir impuestos o recortar beneficios.

Italia y Francia registran déficits que rondan el -4,5% y -5,0%, respectivamente, luchando por recortar gasto público, lo que ha enfrentado fuertes resistencias internas. El Reino Unido se mantiene en niveles elevados, cerca del -4,3%. Hungría proyecta déficits mantenidos del -5,0% para 2025 y 2026, muy por encima de sus metas iniciales.

Curiosamente, entre los países con mayor superávit se encuentran aquellos con “Estados de Bienestar”. Noruega registra habitualmente superávits superiores al +10%. En Irlanda se han registrado superávits importantes (en torno al +2% o +3%) gracias a la recaudación de impuestos de corporaciones multinacionales. Dinamarca y Suecia suelen mantenerse cerca del equilibrio o con ligeros superávits.

La clave es que esos Estados de Bienestar no son sinónimo de gasto descontrolado, sino que sus robustas políticas sociales van acompañadas de presión fiscal (impuestos) significativa muy alta y una gestión pública extremadamente eficiente. Allí se asume que el “gasto social” (educación, salud, infraestructura) no es un “costo”, sino una inversión.

LA EVOLUCION EN CHILE

El déficit fiscal de Chile (-2,8%) es necesario examinarlo en el marco de un ciclo económico de más largo alcance. En efecto, el peak del déficit fue durante el segundo gobierno del Presidente Sebastián Piñera, que registró nada menos que el déficit más alto desde el retorno a la democracia (7,6% en 2021). La razón fue la necesidad de enfrentar los impactos sociales y sanitarios de la crisis pandémica del COVID–19.

Ello nos muestra que el déficit fiscal no es “malo” por definición; su valoración depende de para qué se use y en qué contexto. En economía, se suele distinguir entre el déficit “malo” (estructural por mala gestión) y el déficit contracíclico. El caso de Chile es ejemplo de manual de este último.

Cuando acontece una catástrofe (como la pandemia), la economía privada se detiene: las empresas dejan de invertir y las personas dejan de consumir. Si el Estado también dejara de gastar en ese momento para no tener déficit, la economía caería en depresión profunda. El Estado actúa como un “gastador de última instancia”. Al tener un déficit del 7,6% en 2021, el gobierno de Piñera inyectó liquidez (vía IFE y bonos) para evitar que el consumo colapsara y que creciera la pobreza.

La razón clave por la cual Chile pudo permitirse ese déficit del 7,6% sin que el país quebrara fue gracias a la responsabilidad de los gobiernos previos (incluyendo Michelle Bachelet I y Ricardo Lagos). Como Chile tenía deuda baja y ahorros en sus fondos soberanos, el mercado internacional prestó dinero a tasas bajas en plena pandemia. El déficit de 2021 fue legítimo y necesario, pero fue viable porque se partió de una posición de solidez.

Cabe agregar que el déficit fiscal en el segundo gobierno de Michelle Bachelet fue 2,8%, al igual que ahora, al término de la administración de Boric. En este último período, hubo un ajuste de magnitud en 2022 (logrando un superávit de 1,1%), pero en los años posteriores volvieron a terreno negativo por una menor recaudación de impuestos. Si esto último es así, tendrán un gran problema para reducir el déficit, los que apuestan a disminuir impuestos a las grandes empresas.

Santiago, 1 de febrero de 2026.

Crónica Digital.

 

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