hecho clave de la Independencia de Chile – Crónica Digital

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hecho clave de la Independencia de Chile – Crónica Digital

A pesar de que en Chile se celebra la Independencia nacional cada 18 de septiembre, en rigor otro fue el acontecimiento determinante. La Batalla de Maipú, librada el 5 de abril de 1818, fue uno de los hitos más trascendentales de las Revoluciones de la Independencia en América del Sur. Consolidó la libertad de Chile respecto de la metrópoli imperial, y además fue un paso estratégico fundamental para la posterior campaña libertadora hacia el Perú.

A diferencia de la Junta de Gobierno de 1810, creada por la aristocracia criolla para preservar los intereses del rey Fernando VII, los hechos de Maipú representaron la ruptura definitiva del poder colonial. Y tuvo una particularidad significativa: fue una batalla protagonizada por un ejército popular, creado y comandado por un argentino (el General José de San Martín), en el marco de un proyecto de emancipación regional.

Tras la Batalla, se eliminó la amenaza realista sobre Santiago y el centro de Chile, obligando a la presencia realista a replegarse hacia al sur (Valdivia y Chiloé). Fue el hito que permitió la consolidación de la nación chilena independiente en el contexto de una cooperación entre los pueblos de Nuestra América. De hecho, la victoria permitió concentrar los esfuerzos en la formación de la llamada Expedición Libertadora del Perú.

Hoy, el Templo Votivo de Maipú se erige en el lugar de la batalla como un monumento al cumplimiento de la promesa realizada por O’Higgins a la Virgen del Carmen para obtener la victoria. También fue una muestra de “religiosidad popular”, considerando que la Gran Logia de Chile reconoce oficialmente al Libertador como uno de los miembros más ilustres de la masonería chilena.

EN LOS LLANOS DE MAIPU

Tras la sorpresiva derrota de las fuerzas patriotas en la Sorpresa de Cancha Rayada, en marzo de 1818, el ejército realista, comandado por Mariano Osorio, avanzaba hacia Santiago con la intención de restaurar el dominio español. Estaba conformado por expedicionarios del Virreinato del Perú y de España, así como por tropas de la Capitanía General de Chile. Sin embargo, José de San Martín logró reorganizar rápidamente a las tropas libertadoras en los llanos de Maipú, en el sur poniente de la capital.

La batalla comenzó alrededor del mediodía y se extendió por casi seis horas. Fue un combate feroz donde se enfrentaron fuerzas de tamaño similar (unos 5.000 hombres por bando), pero con una ejecución táctica superior por parte del Ejército de los Andes.

Poco antes del mediodía, el ejército patriota rompió fuego con la artillería de Manuel Blanco Encalada. San Martín se dio cuenta de que los realistas tomaban una posición defensiva y decidió iniciar el ataque. Envió las fuerzas atacando el centro y la derecha de los españoles, mientras que Juan Gregorio de Las Heras comandó el ataque por las fuerzas colocadas en un cerro en la zona izquierda realista.

Cuando los ataques patriotas no parecían quebrar las líneas realistas y la batalla estaba en tablas, San Martín decidió enviar los batallones de reserva a la batalla atacando y cargando por todos los flancos y el centro español. En el flanco izquierdo, Las Heras y sus hombres embistieron con un grupo del Regimiento de Granaderos a Caballo, unidad creada en forma especial por San Martín.

Mariano Osorio, creyéndolo todo perdido se retiró con su caballería buscando salvar su vida. ​José Ordóñez nunca se resignó a perder la batalla y organizó maniobras con las que solo se desorganizó más. Quedaron sólo cuatro batallones realistas: Burgos, Arequipa, Concepción e Infante Don Carlos (Real de Lima), rodeados por todas partes. Se resistieron a rendirse o a huir. Pronto, los cada vez más escasos realistas que persistían resistiendo fueron arrollados.

Parte de los realistas que intentaron reagruparse  fueron capturados en el cerro Niebla por Manuel Rodríguez y sus Húsares de la Muerte en la última carga de caballería de la batalla.

Hacia el final de la jornada de lucha, cuando el desenlace de la batalla ya estaba resuelto, Bernardo O’Higgins, quien se encontraba herido tras los eventos de Cancha Rayada, llegó al campo de batalla. Al encontrarse con San Martín, ambos líderes se fundieron en un abrazo histórico. O’Higgins exclamó: “¡Gloria al salvador de Chile!”, a lo que San Martín respondió: “Chile jamás olvidará el nombre del ilustre inválido que el día de hoy se presentó al campo de batalla en ese estado”.

EL EJERCITO POPULAR

El ejército que triunfó en Maipú fue el Ejército de los Andes, que fue organizado por José de San Martín en Cuyo, Argentina, en conjunto con tropas independentistas de Chile, que se reorganizaron luego del desastre de Rancagua. Pasó a la historia como el Ejército Unido Libertador de Chile.

El argentino José de San Martín era General en Jefe de este Ejército, con el mando supremo de las fuerzas, mientras que Bernardo O’Higgins era el General de la División Chilena, pero en la Batalla de Maipú no pudo liderar la confrontación por sus heridas.

El Ejército Libertador tenía una composición multinacional. Las tropas estaban formadas por oficiales y soldados rioplatenses (argentinos) y chilenos. También tuvo una participación clave el Batallón de Negros Libres, compuesto mayoritariamente por afrodescendientes que buscaban su libertad a través de su participación en la Revolución de la Independencia. En la Batalla de Maipú, los patriotas sufrieron la pérdida de una enorme cantidad de estos hombres, que derramaron su sangre en tierras chilenas por la causa de la libertad.​ Su participación heroica ha sido generalmente ignorada por los relatos oficiales.

Según la doctrina militar de San Martín, los soldados de color servirían mejor en la rama de infantería de entre las tres armas del Ejército de los Andes. Así, terminaron representando las 2/3 partes de su número, ​ estimándose en 2.500 los que cruzaron los Andes a Chile con San Martín. De aquellos soldados negros que iniciaron el cruce de Los Andes únicamente 143 fueron repatriados con vida.

​San Martín pasó años en Mendoza organizando, equipando y entrenando a estas tropas. No solo se trató de instruirlos en combate, sino de crear una logística impresionante para cruzar la Cordillera de los Andes, una de las hazañas militares más grandes de la historia. El Ejército se dividió principalmente en dos gruesas columnas, la primera comandada por el propio San Martín, atravesó la cordillera de los Andes por el paso de Los Patos y la segunda, comandada por el brigadier Juan Gregorio Las Heras, marchó por el paso de Uspallata conduciendo todo el parque y la artillería.

Para San Martín, este ejército no solo debía liberar a Chile. Su estrategia establecía que Chile era la base necesaria para armar una flota y atacar por mar el corazón del poder colonial emplazado en el Virreinato del Perú. Era un proyecto latinoamericano de emancipación.

Tras la victoria en Maipú, este mismo núcleo de tropas, sumado a nuevos reclutas y mayor financiamiento, se transformaría posteriormente en la Expedición Libertadora del Perú.

Un efecto clave de la Batalla de Maipú fue que dañó en forma irreparable la moral de los realistas en la América hispana. La Independencia era irreversible.

EL GUERRILLERO HEROICO

El papel de Manuel Rodríguez Erdoíza fue crucial, aunque su participación en la Batalla de Maipú no implicó una dirección táctica en el campo de batalla. Más bien su figura es esencial para entender cómo se llegó a la victoria de ese 5 de abril de 1818.

Después de la derrota patriota en Cancha Rayada, cundió el pánico en Santiago. Se corrió el fuerte rumor de que San Martín y O’Higgins habían muerto. Mientras muchos, en particular la aristocracia, huían a Valparaíso o Mendoza, Manuel Rodríguez tomó el liderazgo político y militar en la capital. “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”, fue su frase para mantener en pie la resistencia. Fue nombrado Director Supremo interino por aclamación popular, cargo que ejerció por un breve periodo, mientras reorganizaba milicias y mantenía el orden.

Rodríguez fundó entonces el Escuadrón “Húsares de la Muerte”, un cuerpo de caballería de élite, caracterizado por sus uniformes negros con una calavera y dos fémures cruzados en el cuello. Su objetivo era resistir hasta el final la embestida realistas.

Durante la batalla del 5 de abril, los Húsares de la Muerte se mantuvieron en la reserva, resguardando la capital por orden de San Martín. No entraron directamente en combate en el llano de Maipú, una decisión que siempre generó roces entre Rodríguez y el mando oficial.

Aunque Maipú fue el fin, Manuel Rodríguez fue el arquitecto del camino hacia esa victoria. De hecho, José de San Martín le confió la delicada misión de organizar clandestinamente la rebelión en Chile en contra del dominio realista durante la Reconquista (1814–1817). Así, actuó como el principal agente del Ejército de Los Andes en territorio chileno, cruzando la cordillera constantemente para entregar información clave a San Martín sobre el número y posición de los realistas, permitiendo que el Cruce de Los Andes fuera exitoso. Asimismo, fue el promotor de guerrillas y milicias populares, con el montonero José Miguel Neira, las cuales enfrentaban a las tropas realistas de Casimiro Marcó del Pont con ataques sorpresa que lo obligaban a mantenerse disperso.

Entre los años de 1815 y 1817, Manuel Rodríguez llevó el desorden a las tropas realistas y organizó una red de colaboradores que proporcionaban información y se convirtieron, cuando las circunstancias lo requerían, en jefes de guerrillas que aparecían y desaparecían. Pronto la figura de Rodríguez adquirió el relieve y la aureola de la leyenda con sus acciones de enorme riesgo frente a las mismas narices de los realistas. Sus hazañas se multiplicaron en las tertulias de Santiago.

La popularidad de Rodríguez y su espíritu rebelde lo convirtieron en una amenaza política para la Logia Lautarina. Solo semanas después de la gloria en Maipú, en mayo de 1818, fue arrestado y asesinado en Tiltil mientras era trasladado a una prisión en Quillota. Su muerte convirtió a Manuel Rodríguez en el primer gran mártir de la República, representando el ala popular y revolucionaria de la Independencia chilena.

Por Oscar Ortiz Vásquez. El autor es Historiador.

Santiago, 5 de abril de 2026.

Crónica Digital.

 

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