
Hace 39 años apareció, en la clandestinidad, el primer libro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Se titulaba “Manuel Cabalga de Nuevo” y apareció bajo el sello ad hoc de “Ediciones III Aniversario”, pues el motivo de su publicación fue la conmemoración de los tres años de existencia de la organización, asumiendo el 14 de diciembre de 1983 como la fecha oficial.
El libro arrancaba, a modo de introducción, con “unas palabras de la dirección nacional” del Frente, las que eran firmadas por el “comandante José Miguel”, nombre con el cual Raúl Pellegrin Friedmann se presentaba al medio externo, pues internamente se conocía como “Rodrigo”. Había asumido como jefe del FPMR luego de que reingresó clandestinamente al país en mayo de 1983, tras formar parte de la “Tarea Militar” que el Partido Comunista y la izquierda comenzaron a desarrollar, hace 50 años, en abril de 1976.
Señalaba que el libro era “fruto de meses de labor de nuestros hermanos (forma en la que los rodriguistas se llamaban entre sí) del Departamento de Difusión” del Frente. Agregó que “nos pareció –desde su inicio– importante editar un trabajo referido a los tres años de la vida y de combate del FPMR”.
“No cabe duda que será un valioso aporte para que muchos chilenos, incluso muchos nuevos combatientes, conozcan más acerca del Frente, acerca de sus antecedentes, de sus cortos pero agitados primeros años y, en especial, acerca de sus proyecciones”, afirmó.

Detalló: “Recordamos hoy momentos de tanta repercusión como los numerosos y ya populares apagones, las recuperaciones de armamento, el publicitado secuestro del periodista (Sebastiano) Bertolone (entonces subdirector del diario ‘La Nación’), las tomas de agencias de prensa y radios, en especial la toma de la Radio Minería y la divulgación de nuestras proclamas, los ataques a cuarteles de la CNI, los sabotajes a puentes y líneas férreas en apoyo a las jornadas de paralización, el rescate de nuestro hermano Fernando Larenas ‘Salomón’ de las garras del tirano, el secuestro del cabo (de la policía uniformada, Germán) Obando y la entrega del mensaje a Carabineros, el secuestro del coronel (de Ejército, Mario) Harbele; en fin, tantas acciones y, por supuesto, el memorable 7 de septiembre” de 1986, cuando atentaron contra Augusto Pinochet.
Indicó: “Recordamos también y con especial interés la decisión de iniciar en 1985–86 la proyección territorial de nuestras fuerzas, lo que ha permitido a nuestras unidades, junto a miles de Milicias Rodriguistas, hacer un creciente aporte a la defensa del pueblo ante la represión, en poblaciones, centros de trabajo y estudio”.
Reflexionó que “pensamos en todo esto, en estos años fértiles, y a la vez en tantos jefes y combatientes, anónimos artesanos de esta modesta obra, que la han iniciado por exigencia del pueblo, la han ido moldeando, con reveses y con grandes victorias, y la han ido haciendo cada vez más sólida”.
“¡Cómo olvidar esos primeros pasos, cuando éramos sólo un puñado de combatientes, llenos de ansias de luchas frontalmente contra el régimen criminal!”, exclamó.
Añadió: “Hoy nos admiramos de ver cómo somos muchos más, aunque aún muchos menos de los que debemos ser; contamos con la simpatía del pueblo, nuestras acciones tienen relevancia política creciente, y sobre todo, el Rodriguismo (con negritas en el original) se ha constituido en una fuerza potencial, en un símbolo de la actitud de dignidad patriótica, que se abre a todos los chilenos que no están dispuestos a soportar este régimen ni a arrodillarse ante el dictador”.
A su juicio, “el FPMR, el Rodriguismo, se desarrolla y acrecienta en la perspectiva, pues responde a una necesidad objetiva y es una legítima aspiración del pueblo”.
Pero advirtió: “Conscientes estamos los Rodriguistas de que nuestra labor es sólo un aporte, modesto aún, a la lucha del pueblo, único protagonista de su liberación. Pero lo hacemos con la satisfacción y con la autoridad que nos da el entregarnos sin reservas y con absoluta decisión”. En ese sentido, escribió: “Como muestra, este pequeño libro”.
“Al igual que el pueblo chileno y vinculados indisolublemente a sus luchas, los combatientes del FPMR, estamos hoy llenos de optimismo”, consignó.
No obstante, recordó que “en estos tres años hemos perdido varios de nuestros hermanos, cuya vida fue arrebatada por esté régimen asesino. Hemos dicho que la historia de nuestro Frente, y sin lugar a dudas la historia de la liberación de nuestro país, se escribe también con la sangre de nuestros héroes y mártires, y con la libertad arrebatada –temporalmente– a nuestros compañeros en prisión”.
“No es fácil el camino. Y cada día serán mayores las dificultades que habremos de enfrentar. Pero no habrá fuerza capaz de impedir a este digno pueblo recuperar –más temprano que tarde– la ansiada libertad”, sostuvo.
Concluyó dedicando el libro “a este, nuestro pueblo combatiente (…) Y a nuestros hermanos caídos. A ellos que han muerto para renacer en la victoria”.
El contexto en que fue publicado el libro tiene una fuerte carga histórica. La amplitud de la movilización social y ciudadana, junto con la profundización de las acciones armadas del Frente y sectores de la izquierda, habían terminado por convencer a Estados Unidos de la urgencia de impedir la radicalización de la situación chilena. Para esos efectos, en el mismo momento que “Manuel Cabalga de Nuevo” era distribuido clandestinamente, trabajaba por imponer una salida negociada e intrasistema, lo que terminará consumándose en el curso de los siguientes tres años.
Con ese escenario como telón de fondo, el FPMR experimentó un quiebre, y se escindió un sector autónomo al que adscribió Pellegrin. Luego, cuando todos los vientos soplaban en la dirección de una salida pactada y electoral, redefinieron su estrategia, adoptando lo que definieron como “Guerra Patriótica Nacional” (GPN), al calor de cuya puesta en marcha la dictadura arrebató la vida de “José Miguel” o “Rodrigo”, junto a su compañera Cecilia Magni, la “comandante Tamara”, en octubre de 1988.
El otro sector del Frente perseveró en el camino de la “Rebelión Popular de Masas”, y una de sus últimas operaciones fue la fuga de prisioneros políticos desde la Cárcel Pública en enero de 1990, poco antes que Patricio Aylwin asumiera la Presidencia, cuando se apreciaba que no existía voluntad del nuevo gobierno democrático de liberar a todos aquellos que se mantenían condenados y en prisión por su resistencia a la dictadura.
“Manuel Cabalga de Nuevo” tuvo una segunda edición en 1995, aunque sin la mística del original, por su factura y porque las circunstancias del país (y del rodriguismo) obviamente habían cambiado. El libro ha sido mencionado en diversas investigaciones sobre la prensa y difusión en la clandestinidad, aunque algunas de ellas sitúan erróneamente su aparición en el año 1987.
El Frente alcanzó a publicar un segundo libro: una novela titulada “Nacer en Primavera”. Aún espera una nueva edición, pues ambos son documentos que dan cuenta de un capítulo de importancia de los aciagos años de la dictadura cívico–militar y de la resistencia democrática que se le opuso, y que no pocos desconocen o prefieren olvidar.
Santiago, 28 de diciembre de 2025.
Crónica Digital.