Cómo ser fascista por conveniencia – Al servicio de la verdad

46


Por Álvaro Ramis

Hay trayectorias políticas que no evolucionan: se deslizan. No avanzan ni retroceden; simplemente se adaptan al clima. En Chile, este tipo tiene nombre conocido: el ex concertacionista flexible, una figura que gobernó con la centroizquierda, compartió cafés institucionales con el Partido Comunista, defendió la memoria histórica con voz grave y, sin solución de continuidad —como quien cambia de chaqueta porque refrescó la tarde—, hoy se dispone a cumplir funciones relevantes en un eventual gobierno de José Antonio Kast. Todo sin despeinarse. Todo con una serenidad que inspira respeto profesional.

La clave no está en el cambio de ideas. Eso sería demasiado dramático, casi sincero. La clave está en el cambio de contexto, ese comodín conceptual que permite justificar cualquier desplazamiento sin asumir ninguno. Gobernar con el PC en la Nueva Mayoría fue, en su momento, una necesidad histórica. Gobernar con la extrema derecha lo sería ahora. La coherencia, al parecer, consiste en estar siempre donde la historia necesita un cargo disponible.

Conviene detenerse en los detalles, porque los detalles incomodan. Estas figuras no solo toleraron al Partido Comunista: gobernaron con él. Firmaron programas, defendieron reformas, hablaron de derechos humanos sin comillas. Nadie los forzó. Y, sin embargo, hoy explican con paciencia pedagógica que el verdadero peligro para la democracia era —qué coincidencia— ese mismo socio con el que hasta ayer se sacaban fotos oficiales.

Ahí aparecen, con distintos matices pero una lógica común, Ximena Rincón, Jaime Campos, Carlos Maldonado, Andrés Jouannet. Incluso Ivan Poduje, alguna vez Laguista furibuindo. Cada uno con su biografía, su relato, su tono. Pero todos expertos en una virtud cada vez más apreciada: la plasticidad de convicciones. No hay arrepentimiento ni fervor. Hay algo más sofisticado: profesionalismo. El fascismo, en su versión chilena de conveniencia, no se vive como ideología sino como management. No se cree: se gestiona. No se proclama: se normaliza.

El lenguaje acompaña. Antes hablaban de “transformaciones”; ahora, de “urgencias”. Antes de “coaliciones amplias”; ahora, de “orden”. Las palabras no se abandonan: se jubilan anticipadamente, con una pensión semántica mínima. Todo suena razonable, moderado, casi aburrido. Y ese es precisamente el objetivo.

Estos cuadros no están aquí para radicalizar a Kast —tranquilos—. Están para volverlo gobernable. Para recordarle que el Estado funciona mejor cuando alguien que ya gobernó con la izquierda le explica cómo hacer lo mismo, pero sin la izquierda. Son el puente, el amortiguador, el traductor simultáneo entre la pulsión autoritaria y la respetabilidad republicana.

Hay algo casi admirable en esta elasticidad. Haber gobernado con el Partido Comunista y, pocos años después, colaborar con un proyecto que lo considera una amenaza sistémica exige una gimnasia moral que no se enseña en ninguna facultad. Se aprende con los años, con los cargos, con la convicción íntima de que ningún principio resiste demasiado tiempo fuera del poder.

Álvaro Ramis es Rector de la Universidad de Humanismo Cristiano de Chile.

Santiago de Chile, 30 de enero 2206
Crónica Digital

admin

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *